viernes, 12 de diciembre de 2014

Convivencia de Higa

Este pasado domingo me fui hasta La Perdoma. Si te digo la verdad, hacía algún tiempo que no me acercaba al núcleo villero de los buenos vinos. Según los entendidos, que uno se echa un vaso de cuando en vez y punto y aparte. Me habían invitado a otra Convivencia de la Agrupación Folclórica de Higa. Según los cálculos, deben ir unas treinta y cuatro. Porque este próximo 14 de febrero, ahí a la vuelta de la esquina, el grupo cumple sus primeros 35 años. Y al decir del alcalde, también presente en la comida, es ya el cuarto colectivo más antiguo de La Villa.
No, a la misa previa no acudí. Saben que mi religión no me permite demasiados excesos litúrgicos y uno prefiere curarse en salud. Aunque haya hecho sus pinitos en confeccionar letras para las que se conocen como ‘canarias’. Y más de una copla se escucha aún en algunas fiestas y celebraciones populares. Así que acudí directamente a El Balcón de Higa, pues habían decidido saltarse por una vez la norma de hacerlo en su local de La Marzagana. Menos tuvieron que fregar al final, seguro.
Allí pasamos unas cuantas horas en grata compañía. Amén de componentes y familiares y en los que uno puede comprobar (en carne propia, que se dice) que donde hubo siempre queda, saludamos a Juan Pedro (Estudios de Grabación Acentejo), Manolo Pérez Rodríguez (hombre polifacético, amante y profundo conocedor del mundo del folclore y, desde siempre, excelente amigo de Higa), Isaac Valencia (lo conocemos, ¿no?), Francisco Linares y Eduardo Rodríguez en representación de la corporación orotavense…
El dilema vendrá cuando alguien no mentado me eche los trastos a la cabeza por la omisión. Pero vaya en mi descargo que saludé a todo el que pude. Y el que se escondió, no importa, que se vea reflejado en cualquier frase del presente post y zanjado el particular.
Benito, el presidente, y uno de los pocos fundadores que siguen al pie del cañón, se empeñó en retratarse con los cuatro galardonados con la Cachimba de Plata allí presentes. Amén de las palabras de rigor (más cortas en esta ocasión porque a Isaac no le tocó), los buenos deseos y el ánimo por seguir adelante, con la cantera de la Escuela asegurada, fueron nota dominante en esta jornada. Que bautizaron como Convivencia en aquellos primeros años de la década de los ochenta, muestra inequívoca de unos nuevos modos en los que los movimientos asociativos hacían acto de presencia en todos los sectores (y que en este Pago el salesiano don Víctor promocionó como nadie).
Hablamos largo y tendido hasta las tantas. Bueno, ya la noche era compañera de viaje cuando en el exterior dábamos los últimos paliques. Y comentamos, no podía ser de otra manera, acerca de los altibajos que los grupos folclóricos, unos de los tantos perjudicados por la crisis, padecen. Y de lo tremendamente difícil que es permanecer en un mundo de complicaciones. Porque ya no es que las comisiones de fiestas hayan dado las espalda, sino que cuando acuden a reclamar una actuación poco menos que pretenden que la gratuidad sea norma de obligado cumplimiento. Y los organismos públicos, que deberían mostrarse como los auténticos valedores de los quehaceres culturales, también han usado las tijeras amparados en la canción maldita de los recortes. Que constituyen la excusa perfecta y el escudo salvador de las avalanchas críticas, mientras que el capítulo presupuestario que engloba sueldos de políticos liberados y cargos de libre designación no ha sufrido (bajo ninguna formación) la más mínima poda, y que podría significar (en todos los ayuntamientos, cabildos y demás) un buen motivo para predicar con el ejemplo. Debe ser que ya uno se quedó anticuado en el modo de hacer política. O en cómo uno entiende que se deberían gestionar los recursos públicos estableciendo una línea de prioridades.
Como sigue siendo la utopía leitmotiv de mi existencia (a los que osamos plasmar por escrito nuestro pareceres, nos tildan de demagogos cuando cuestionamos ciertos procederes), el deseo de que Higa cumpla muchos más ‘febreros’, enamorados (día 14) de lo que hacen y dando a conocer el trabajo silencioso, fruto de muchas horas en la soledad del antiguo secadero, allá por donde vayan. Bien saben que pueden contar con mi humilde aportación, aunque el regreso se antoje complicado. Otras circunstancias vitales me tienen entretenido. Y el aparato –pobrecito– lleva tantos años abandonado y sin una mano que le acaricie sus cuerdas… Quita, quita, que lloramos.
Felicidades a la Asociación Cultural A. F. de Higa por esa labor sostenida durante tres décadas y media. Inmensa suerte en ese futuro y ojalá, superada esta fase de receso económico, puedan venir mejores tiempos de bonanza y tranquilidad. Y que yo pueda ser testigo para poder compartir ratos como el vivido este 7 de diciembre próximo pasado. Ánimo y adelante.
Nota: Pongan 2015 en la foto que ilustra este comentario y los mejores parabienes para todos ustedes.