viernes, 19 de diciembre de 2014

Coplas irreverentes

Se aproxima la Navidad y me apetece rescatar unas coplillas, escritas en diferentes épocas, y que ven este periodo de PAZ y AMOR (generalmente más falso que una moneda de cinco euros) de otra manera, más distendida, más amena. Puede que alguna de las estrofas te haga esbozar una sonrisa. Con ello quedaré debidamente recompensado.
Las primeras se incluyen en el Villancico Navidad viajera, grabado por Higa, y que efectúa un recorrido por todas las islas. Este pasaje, obviamente, se corresponde con la isla de El Hierro.

En El Lajial un camello
sufrió muy grave accidente,
¡ay, señor!, pa´qué fue aquello,
todo llenito de gente.

Del partigazo, Melchor
se raspó toda la panza,
se oyó el grito de dolor
en Roque de la Bonanza.

A El Golfo no llegaremos,
dijo Baltasar, cabreado,
si no nos espabilamos
el Niño se habrá marchado.

Sigan ustedes peleando
que yo me voy por la orilla:
Gaspar se fue caminando
derechito para Orchilla.

Viendo el camino de baches:
yo creo que aquí no es,
no vislumbro los bimbaches
ni su árbol Garoé.

Este segundo, que titulé Viaje accidentado, nos narra, asimismo, el periplo de los Reyes Magos, pero con unos cuantos incidentes en el trayecto

Los Reyes Magos salieron
del Oriente bien lejano,
por un atajo cogieron
para llegar más temprano.

En una penca torcida
un camello se pinchó,
Melchor se bajó enseguida
y una bronca al pobre echó.

Baltasar que lo miraba,
aquel rollo no entendía,
la cabeza se rascaba
y su paje sonreía.

Superado ese mal trance,
prosiguieron el camino,
pero de nuevo un percance
por poco cambia el destino.

El mapa perdió Gaspar
y del susto se enfermó,
para poderse curar
un brebaje se bebió.

En la tienda de campaña
los mosquitos se colaron,
y con mucha rabia y saña
la barriga le picaron.

Baltasar que nada siente,
en una esquina roncaba,
Melchor, al día siguiente,
del pobre se vacilaba.

Con sufrimientos y penas
por las nieves avanzaron,
los camellos con cadenas
en Belén se presentaron.

A la mula en el pesebre
se le engrifa hasta la piel,
por creer que tiene fiebre
se manda toda la miel.

Un pastor llamado Mario,
que de animales sabía,
acudió al veterinario
por encargo de María.

Melchor va hacia la cunita
con su guitarra a tocar,
Gaspar cantó la polkita
y una isa Baltasar.

Los Reyes se han retirado
y el Niño vuelve a dormir,
como el final ha llegado
nos vamos a despedir.


Y el último, que en su día dediqué –ahora también, faltaría más– a Rosi Toste, en aquel entonces (2004) en Viajes Tabona y miembro de esa gran familia de fogueteros de este pueblo. Lleva por título: Bentor y los Reyes Magos.

Los Reyes Magos vinieron
este año por El Lance,
y con la niebla no vieron
al que sufrió grave trance.

Descansaban los camellos
y los Reyes dormitaban;
de repente unos destellos
todo el Valle iluminaban.

Eran los Toste probando
grandes fuegos de artificio;
hacia el cielo van trepando,
más altos que un edificio.

Ya Melchor se despertó
con aquella luz intensa,
y de pronto columbró
una mole muy inmensa.

Que en una extraña postura
parecía amenazar;
el Mago pidió cordura:
¡No te vayas a lanzar!

Bentor mira sorprendido
aquellos tres personajes;
suelta tremendo chillido,
que asusta a los buenos pajes.

Se dispone nuevamente,
por él creerse invadido,
a defender a su gente:
¡Antes muerto que rendido!

Detén tu acción al momento,
dice tranquilo Gaspar;
y le arroja cierto ungüento,
que lo hace cavilar.

El guanche baja despacio
del enorme pedestal,
pero se muestra reacio
porque se encuentra fatal.

La cabeza le da vueltas
y le acongoja el pasado;
Baltasar que se da cuenta,
va y se arrima a su costado.

Le propone a aquel valiente
que olvide momentos malos,
y que si acaso consiente
aceptar unos regalos.

Nada entiende el pobrecito,
pero pronto va aprendiendo,
y en muy escaso ratito
poco a poco va pidiendo.

Para no pasar más frío:
¡Una chamarra de cuero!
No quiero ser menos, tío,
que cualquier icolaltero.

Y como cansado estoy
de mandarme zurriagazos,
pa´ La Corona me voy
que quiero darme un gustazo.

Bajaré en un parapente,
que la edad ya no perdona,
y agarraré cualquier puente
para viajar con Tabona.

Estoy harto, Magos míos,
siempre soy yo el retratado,
si ven mi sitio vacío:
de garbeo... ¡y encantado!
Lo dicho: FELIZ NAVIDAD.