jueves, 18 de diciembre de 2014

Unas minucias

Vaya bobería con el sueldo de Rajoy. Si uno debe cobrar en función de la valía, nada debe extrañarnos que haya altos cargos que lo superen. ¿O piensan, acaso, que para declarar que si no se hace una cosa se hará la otra hacen falta estudios superiores? Les digo la verdad, o lo que pienso: Hasta mucho me parece. ¿Se vuelve a presentar? Le deseo toda la mala suerte del mundo. La misma que a los gobernantes realejeros, que tienen el pueblo hecho un asquito. Y a los comerciantes de un contento subido. Ayer por la mañana subí a la Cruz Santa. Anteayer estuve en La Hucha. La semana pasada me caí en un hoyo de Los Barros. Oye, ¿no se inundarán las plantas de la mediana cuando vuelva a dar una buena? Hasta Adolfo está preocupado porque ya no salió en la foto de la calle de San Vicente. Y noto que alguna de las cuatro concejales está como a disgusto. Deben ser manías.
Paulino ni acata ni comparte. Acusa al TSJC de primar descaradamente los intereses de Repsol. Es una pena que no hayan prorrogado a este hombre y lo condenen a un puesto sin relevancia en el Palacio del Senado madrileño. O quizás Spínola lo nombre Comisionado para la supervisión de la Ley de Transparencia antes de que sea tarde. Yo lo ubicaría como tertuliano de honor en la tele más vista en Canarias.
Puede que allí se tropiece con otro entendido y profundo conocedor de la realidad de estas islas y que todavía suelta los asuntos “a grosso modo”. Y presumen de ser excelentes periodistas, mejores comunicadores y otros epítetos de mayor porte. Váiganse a freír chuchangas. Es que el latinajo grosso modo significa, literalmente, de manera burda. Debe ser por eso que le encasquetan la preposición, para reforzar.
He tenido la oportunidad de ver, en vivo y en directo, y en un par de ocasiones (dos años diferentes), el Belén de Arena de Las Canteras y me quedé asombrado. Qué maravilla. Y las propinas, para una buena causa. Otro aliciente para darse un garbeo por aquel entorno capitalino.
Leía estos días pasados, y relacionado con el afer del juez Ruz, un artículo de un reputado político de estas ínsulas, ahora de vacaciones por Europa, en el que me chocó la utilización del vocablo ‘completamiento’. Y me ocurrió lo que a tantos, seguro que a ti también te ha pasado, cuando una falta de ortografía te da tremenda patada en las pupilas. Y que tal circunstancia nos acontezca a nosotros, que somos unos pueblerinos y que Viera ya nos queda lejano para que nos imparta lecciones, sería algo normal para tan escasos bagajes neuronales. Pero aquellos que disponen de más medios, incluyan secretaria, ya podrían echar mano, de cuando en vez, del diccionario.
El convite de la coronación de Felipe VI costó 60.000 euros. Es la consecuencia de una lectura rápida en la web por la que el PP pretende redimir pecados mortales. Yo, de verdad, no me he escandalizado. Es más, hasta poco me parece. Eso, que es la mitad de mi pensión mensual, me lo gasté hace unos días en un regalo a los hijos de unos buenos amigos. ¿Cómo no iba nuestro flamante monarca a mostrarse igual de generoso con el pequeño Nicolás? Por favor, un respetito.
Ana Mato volvió al Congreso dos semanas después de su cese como Ministra de Sanidad. Algún diario malintencionado se preguntaba que para qué. Por Dios y la Virgen Santa, cómo osan jugar con las cosas de comer. Doña Anita tiene unos consumos. Y debe mantener, por ejemplo, el garaje de su casa. Lugar milagroso en el que aparecen coches de procedencia desconocida. Y si todavía fueran de gama media, vale; pero todo un Jaguar no es moco de pavo. Darle de comer al bicho bien merece el esfuerzo de acudir por San Jerónimo a dejarse ver. No sea que cualquier intrépido reportero le cuestione el salario. O que sus ausencias impliquen la anulación de la cartilla de la Seguridad Social.
El Cabildo de La Gomera adquirió recientemente una autobomba contra los incendios. En el contrato, firmado por Casimiro Curbelo, no se especifica, ni siquiera en la denominada letra menuda, a qué clase de fuegos está destinada. Porque en aquella isla saltan chispas con tanta frecuencia, que lo mismo van a tener que comprar alguna más.
Bueno, mañana volveremos con unas coplas irreverentes, pero navideñas. Y el que yo no juegue a la lotería, no significa que les retire mis deseos de enorme suerte.