miércoles, 17 de diciembre de 2014

Todo sobre las compresas

Estaba en La Hucha (hoy me apetece hacer publicidad). Establecimiento situado en el Polígono de La Gañanía y al que casi no llego. Tuve que seguir para La Cruz Santa, bajar hacia La Zamora y subir desde la TF-333 (creo que esa es su denominación cabildera). Me fijaré bien cuando camine por allí. Son, fueron, los inconvenientes de los piches preelectorales. Que surgieron como contrapartida a lo escrito, y no realizado. Pero es que Zapatero (o quizás Oswaldo) lo dejó todo tan mal…
Y me trincó un viejo amigo de los que sabe que me dedico a escribir (vamos, un asiduo del blog) y que se niega a probar los avances tecnológicos, verbigracia, las redes sociales. Venía encendido, por no escribir cabreado. Me espetó que no entendía cómo el equipo de gobierno (popular) de nuestro ayuntamiento, y sobre todo sus cuatro concejalas, podían permitir la burla, el escarnio, la mofa y la afrenta (hay muchos más sinónimos) que había escuchado. Y me retrató la situación con todo lujo de detalles.
Nos fuimos a echar un cortado para que el hombre se tranquilizara. Le expliqué que profundas convicciones me hicieron relegar, años atrás, determinados aspectos al lugar más profundo del baúl de los trastos viejos. También por salud, por qué negarlo. Y que los políticos, por temores más que fundados, hacen caso omiso a comportamientos que rayan la indecencia. Convencidos de que mientras existan payasos y cuatro parientas sin nada que hacer, salvo agarrar el teléfono a las primeras de cambio para sumarse a la fiesta, al carajo (y perdón por la espontaneidad) las perras que se detraen de nuestros impuestos para menesteres de tal porte y calibre.
¿Pero algo habrá que hacer? Permanecer de brazos cruzados ante tanta ignominia va en contra de cualquier principio de participación ciudadana. La que los propios gobernantes reclaman cada vez que nos sermonean. Cierto, le repliqué, mas no hay mal que cien años dure. Con tal de que la mitad de los que dicen no haber votado al PP en las pasadas elecciones, dejen de ser mentirosos, arreglado el asunto. Porque estoy convencido de que quienes los sustituyan no podrán seguir soslayando una realidad que se ha desbordado, pues es tal el mimetismo que…
Hombre, qué es de tu vida, cómo te va. La interrupción se debió a la entrada de un exalumno. Tras el abrazo de rigor, la invitación a sumarse a la amena charla. No, yo también me tuve que echar a un lado, no quieren a nadie que intuyan puedan hacerles sombra. Ya me extrañaba a mí que guardaras prudente silencio. Me dedico a comparar el antes de acceder, de tomar asiento en los agradables sillones del edificio de la Avenida de Canarias, con la insultante campaña de marketing actual. Parece que pretenden paliar los gravísimos incumplimientos del programa electoral con presencias en los medios. Y como estos les doran la píldora. Los jóvenes nos fuimos; solo se agarran al puesto los acomodados. La teta a la que tú aludes con cierta frecuencia y no menos sorna.
Cuánto me alegro, pensaba mientras ellos se consolaban con recíprocos lamentos, de que vayan despertando de los sueños, que hayan quedado al margen las películas bonachonas de Disney, que renieguen incluso de poses forzadas, cantos de sirena y palabras huecas. Ojalá la educación crítica que recibieron les valga para la discriminación (distinción, aclaro por si acaso) de la abundante paja del escaso grano.
¡Ah!, sí, por supuesto, claro que estoy de acuerdo con esos planteamientos que ustedes bien dibujan. Pero yo no puedo, ni quiero, seguir siendo portavoz de nadie. Porque la comodidad y falta de compromiso nos convierte en seres amorfos, sin criterio. Y hay que crear foros de debate, de discusión, de intercambios de pareceres. La riqueza de los pueblos radica en las diferencias, no estriba jamás en las semejanzas. Que ya tenemos suficientes corderos y ovejas. Es menester reivindicarse…
Y nos fuimos. Mientras, quedeme cabizbajo. ¿Será posible que Noelia, Sandra, Blancanieves e Isa no levanten la voz ante espectáculos de tal calibre? ¿Para qué, entonces, las cruzadas en pos de la igualdad, la no violencia, los derechos (y los izquierdos) y no sé cuántas cosas más? ¿O es, acaso, que su misión es siempre la de complementar, la de ser floreros o comparsas de los dictados del jefe? Porque no sentirse vejadas, insultadas, dianas de dardos envenenados lanzados desde lenguas viperinas, no es de recibo (expresión al uso de los dirigentes de turno). Y hacerse la vista gorda ante lo que el compañero me trasladó, y que a buen seguro tuvieron la oportuna referencia (de no ser así, el esperpento sería de órdago), ya rayaría el colmo del dislate más tremebundo. Echaría por tierra múltiples iniciativas surgidas desde la convicción de mujeres comprometidas. Y cuántos esquemas se romperían.
Solo me falta, para cerrar el círculo, que, como medida de refuerzo, anunciaran que la próxima campaña llevara por título “Todo sobre las compresas”. Y a buen entendedor…
¿Que escribo enrevesado? Sí, y me encanta. ¿Conceptismo o culteranismo? Una mezcolanza. ¿Irónico? Magnífico recurso literario. ¿Realista? Mejor, práctico.
Hasta dentro de un ratito.