martes, 23 de diciembre de 2014

El día después

Tal y como estaba previsto, no me tocó un euro en el sorteo de ayer. Y ni me recuperé (se supone que lo gastado, que no invertido), ni lo importante es la salud, ni toda esa sarta de tópicos con los que cada año nos consolamos. Y mejor fue así, porque si llego a pescar un reintegro, la ambición –mejor, El Niño– se lo hubiese chascado el próximo cinco de enero. Ponle el cuño.
Desde hace más de una década mis aventuras en la lotería navideña se limitan al convenio que establecimos cuatro maestros (éramos tan jóvenes que aún dábamos clase en el IES Mencey Bencomo –creo que se llama así, uf, esta memoria– y ahora las tres cuartas partes del conjunto se halla en estado jubiloso) para aminorar gastos. Cada uno compra un décimo y si por un casual sale alguno en la pedrea, nos zampamos el premio en una comida. Y barriguita llena, ya se sabe.
Ese que tienes en la ilustración es el que adquirí en la administración número 66 (El Torero) de Torremolinos a finales del mes de noviembre. Con el que pretendía dar la estocada definitiva. Y de camino al resto de la tropa (Pancho, Ángel y Lali). Comprobarás que no se diferencia demasiado del que obtuvo El Gordo (13437). Lo malo es que el baile de los dígitos que lo conforman ha posibilitado que el resultado final sea el de quedarte mirando pa´l palomo.
Mi padre trabajó de canalero en la finca de Hernández Suárez en La Gorvorana. Con Eliseo (en la de Los Molleros) y Pepe Oliva (en la de los hermanos de La Cruz). Pasó el tiempo y el dueño de la finca lo premió ascendiéndolo a capataz (encargado) general. Tenía el empresario grancanario otras propiedades en diversas zonas de Puerto de la Cruz y La Orotava, amén de la citada y la elevación de aguas de Gordejuela. Como debía ir cada día a ‘recorrer’ (de ahí que se le conoció en el oficio como el ‘recorredor’) las muchas fanegadas de plátanos, le compraron una moto, una Derbi, 125cc, tres velocidades y matrícula TF-13137. ¿Te fijaste bien en el número? Hombre, al menos un par de billetes hubiese dado.
Todavía hoy seguiremos escuchando las cantinelas de siempre. Los no agraciados gozaremos de una salud de hierro y si existe alguna jaqueca nos callaremos como tusos. Y aquellos que se llevaron un pellizco actuarán en función del acumulado: y eso que era un número feo; y si me queda algo, un viaje; estuvo muy repartido, lo que me alegra un montón; y el archiconocido para tapar agujeros. Por lo que uno colige que las viviendas y propiedades no deben estar en muy buenas condiciones, en las que las paredes parecen auténticos coladores o quesos de Gruyère.
Tengo mis serias dudas de la suerte en la gasolinera de Granadilla. Porque esas coincidencias solo habían tenido lugar en políticos muy significativos. Por cercano, recuerden a Zerolo. Que debió copiar a un tal Carlos Fabra. Son los nacidos con estrella. El resto –tú y yo, por ejemplo– estrellado.
Por el pueblo, parece ser que vinieron tres décimos de la capital y una familia estuvo celebrándolo por la Avenida de los Remedios. Me alegro por ellos. Siempre se dice, ¿no? Espero que los gobernantes no concluyan que es una consecuencia de la Noche Mágica. De la que pude contemplar gran despliegue fotográfico con numerosa concurrencia. Asistentes a las actuaciones que se expandieron por la zona abierta de Realejo Alto. Por la tarde había estado en cierto establecimiento y no me mostró el dueño demasiada alegría. Es más, me espetó que ese incremento de visitantes no se traduce en un notorio aumento de las ventas. Es decir, la gente se queda en la calle, se divierte con los espectáculos pero muy poco más. Y los de la calle Doctor González ni siquiera amplían su horario. No atisbé foto alguna del interior de un comercio. Al menos uno.
Como hoy tocaba hablar de la lotería, no quisiera volver con aspectos tratados el día anterior. Pero no acabo de compartir las alegrías de la recuperación que nos pretenden vender desde las filas populares. No estamos aquí en Los Realejos como para echar voladores. Aunque dado nuestro carácter foguetero, seguimos disparando. Y muchísimo las cámaras fotográficas. Si cada instantánea se hubiese traducido en un puesto de trabajo, no solo habríamos alcanzado el pleno empleo, sino que estuviésemos absorbiendo mano de obra de los pueblos colindantes. O de otros regidos por la misma formación política.
Hasta mañana. Y la Nochebuena ya está ahí.