jueves, 4 de diciembre de 2014

Zerolo

Dijo años ha cierto alcalde andaluz que la justicia era un cachondeo. El susodicho está ahora en la cárcel. Y no fue aquel el motivo por el que ingresó en prisión, sino porque en el ejercicio de sus funciones de gestión municipal no tuvo en cuenta que debía actuar conforme a unas normas y directrices. En fin, que se tomó la política con el mismo rigor que él había aplicado a la encargada de supervisar sus andares jerezanos. Y es que en aquellas tierras, los vinos y los tablaos han provocado sonados espectáculos circenses.
Fue el preámbulo de tal guisa para que ustedes, estimados lectores, sepan que en estos momentos de mi existencia no sé a ciencia cierta cuál de las dos modalidades (justicia o política) es más desbarajuste, desorden o guirigay. Cualquiera se atreve a formular otra vez lo de cachondeo.
A ese individuo (persona perteneciente a una clase o corporación; aunque también cada ser organizado, sea animal o vegetal, respecto de la especie a la que pertenece; y además persona cuyo nombre y condición se ignoran o no se quieren decir) de la foto, y al que Ana y Paulino ríen las gracias, lo han condenado (Tribunal Supremo) por el denominado caso García Cabrera a ocho años de inhabilitación para el desempeño de cargos públicos electos.
Como el aludido perdió la vergüenza en el ejercicio de su frenética actividad (pasarse los reparos del Interventor de Fondos por sus mismísimos ‘mamotretos’ en multitud de ocasiones, y eso cansa, vaya que agota) y no quiso esconderse en la desembocadura del Barranco de San Andrés, decidió que no podía renunciar al sueldo de diciembre (lleva extra adherida). Pensó que lo mismo antes del 31 de diciembre podría concluir la pregunta que viene redactando desde el instante que tomó posesión en el Senado por obra y gracia del Parlamento de Canarias. Para una cámara inútil, qué mejor que un ídem. El nota, ni aparece. Es más, allí haces –es un decir– lo que te sale de tus partes pudendas. Ocupa el sillón menos desgastado de todo el edificio. ¿Que dónde se mete? Lo preguntaré. Ve tú haciendo lo mismo.
Algunos senadores habían solicitado que abandonara su puesto desde ya porque es lo mínimo que puede exigirse de quien ha sido condenado con sentencia firme. Pero en un ejercicio de cinismo tan grande como el demostrado por el que fuera alcalde santacrucero, los servicios jurídicos han desestimado la petición alegando que la inhabilitación se limita a cargos de gobierno municipal. Y que aceptar tal demanda supondría un agravio de difícil reparación. Condecórenlo y háganle un monumento.
No escribo lo que estoy pensando pero me dan ganas enormes de expresar una burrada en la que los principales perjudicados iban a ser los familiares más directos del gandul. Al que yo le estoy pagando para que se rasque vete a saber dónde o en qué lugar de la capital nacional. No ha sido capaz de agarrar un bolígrafo para garabatear una cuartilla y todavía va a salir como un héroe del palacio de la Plaza de la Marina. Ha sido él el que voluntariamente ha tomado la decisión de marcharse. Todo un titán.
Pero vuelvo con los servicios jurídicos. Nuestro hombre es inhábil (incapaz) para ejercer de concejal o alcalde. Pero de ahí para arriba puede ser cualquier cosa. Incluso legislador. Manda cataplines. Es como si a mí me condenaran por robar una bicicleta. Y el fallo estipulara que de aquí en adelante, de ciclismo nada de nada. Lo que no me impediría, en lógica consecuencia y aplicando idéntico paralelismo, seguir sisando motos, coches o avionetas. Manda aquello otra vez.
Es que se te queda una cara de idiota de no te menees. El condenado puede saltarse la ley a la torera –y alguna más le queda– pero el hecho no le impide seguir escalando peldaños en la mamandurria pública hasta alcanzar la cota más alta del escalafón, aquella desde la que se elaboran las normas por las que debemos regirnos. Nosotros, claro.
Ellos valen para todo, para un roto y para un descosido. Se puede ser ministro de Sanidad con el único requisito de haber ido alguna vez a comprar una aspirina a la farmacia de la esquina. Y para alcanzar el privilegiado puesto de senador basta con ser un gandul redomado. Como Miguelito, el ausente. Seguro que los dirigentes de CC le debieron poner muchas multas. ¿Y dónde estaba mientras tanto? Lo mismo la solución nos viene en la siguiente entrega.
¿Ironía? ¿Sarcasmo? Y más aún, porque tú te lo tienes bien merecido:
Ay, Zerolín, Zerolín,
nuestro ilustre senador,
no nos causes más dolor
con andares de pillín.
No te rompas el magín
con tantos días de curro,
si trabajas como un burro
de ronchas te llenarás
y al final acabarás
igual de frito que un churro.
Te deseo suerte inmensa en este próximo sorteo navideño de la lotería. Bueno, y en el del niño. Perdón por si va con mayúscula, pero es que hoy estoy bastante disminuido.