viernes, 9 de enero de 2015

Lectura rápida

Leo que ha sido la permisividad del Senado lo que ha imposibilitado que se investigue los viajes de Monago. Y yo sostengo, rotundamente, que no. Porque si las propias cámaras (la inútil y la más inútil) establecen en sus respectivos reglamentos que la caja está abierta para cualquier tipo de garbeos sin necesidad de justificación alguna, de tontos sería que ahora dieran marcha atrás y se dedicaran a exigir lo que no está escrito.
Para que situaciones como la del presidente extremeño (y vete a saber cuántas más que se conocerán, o no) hay que darle un buen centrifugado a la Constitución. Operación en la que el primer paso debe ser, ineluctablemente, la supresión inmediata del Senado, que ni es órgano de representación territorial ni nada por el estilo. Única y exclusivamente un echadero de elefantes, casi todos viejos y con retorcidos colmillos (salvo las excepciones de los jóvenes, pero elefantes asimismo), en el que se vegeta durante todo el mes, se cobra fuerte pastón al final y se juega miserablemente con gastos superfluos, de dudosa explicación y que constituyen una tentación para el ser humano, goloso por naturaleza. Así, cuando todos seamos iguales, a excepción de honrosas excepciones que el propio cargo demanda, cuando se acaben aforamientos y privilegios, estaremos en condiciones de iniciar la nueva andadura. Mientras, nada que rascar.
En varios digitales de La Gomera se reproduce la queja de un vecino de aquella isla que lleva esperando varios meses a que la Oficina de Atención al Espectador de la Televisión Canaria le responda algo ante una carta que remitió al Ente. Que espere sentado, porque de pie se va a cansar. Sé que no es esta la mejor manera de comentar un asunto de tanta trascendencia, pero el juguete de Paulino, que dirige un pelele (gracioso, para más señas, formado en la universidad de la vida), no puede perder un segundo en cuestiones tan nimias.
Aquellos que siguen los artículos de Pepillo y Juanillo saben de mi batalla al respecto. Que solo pretende que un medio de comunicación sostenido con fondos públicos sea digno de un pueblo que demanda mucho más que amigos de Benavente, montadas y chollos, amén de payasos domingueros. Y no salvo el resto, meras copias de otras programaciones peninsulares, cuando no refritos de años idos. Pero como no se puede pedir más de sí a quien da más de no, estimado amigo gomero, habrá que buscar una vía alternativa. Pero no aguardes a que la mentada Oficina de (des)Atención te dirija la misiva de respuesta.
Por este pueblo algo sabemos de estas alegrías en la utilización de la arcas públicas. Y con motivo de un amplísimo informe que publica la formación Sí se puede en el que cuenta los avatares de lo que no debe ser un cuarto (lo siento, no llega a un medio) de comunicación de estos lares norteños, me vinieron a la memoria las reiteradas concomitancias con otro (sin más). Pero más se me revuelven las tripas cuando observo las fotos en las que grupos de personas muestran su rechazo al vil atentado acaecido en Francia. Lo hacen (algunas) en defensa de la libertad de expresión. Cuánto cinismo.
No es necesario estar continuamente invocando el derecho que el artículo 20 de la Constitución recoge. Porque quien más lo esgrime es aquel que cada vez que abre la boca, su lengua entra en flagrante colisión con los no menos reconocidos derechos al honor, a la intimidad y a la propia imagen. Sentencias del  Tribunal Constitucional han tenido que armonizar los conflictos surgidos cuando bocazas sin código deontológico alguno (¿sabrán lo que es?) escupen soflamas pasándose límites de veracidad, por ejemplo, por la grúa del muelle portuense. Puede (lo más seguro) que estos choques ocurren con aquellos que se han convertido en periodistas (vaya profesión con más intrusismo) por mor de un cursillo acelerado de vituperios y consignas más fundamentalistas que la de los yihadistas. Los unos y los otros, bajo las mismas consignas del radicalismo más abyecto, dictadas al amparo de un catecismo ultramontano y unos dioses ciegos e idiotas. Para estos casos no se le ha caído la venda a la justicia. Y como los fiscales han cambiado sus papeles y ahora se dedican a defender apellidos ilustres. Y como los delitos de difícil encuadre (perdón por el desconocimiento de los términos precisos, pero ustedes me entienden a la perfección) se tornan en meras faltas, juicio rápido y una multa de hacer reír al condenado. Y como me estoy acelerando, lo voy a dejar aquí y mascaré el cabreo a la espera de consultar con mis abogados. Por si acaso.
Hasta la próxima.