lunes, 12 de enero de 2015

Sesudos analistas

Comienza otra semana de enero y quedará menos de la odiosa cuesta. Aunque fisgoneando por esos mundos y viendo la cantidad de regalos que Reyes, Pajes y Noel-Claus-Nicolás y resto del gremio han tenido a bien endosarnos a las tarjetas del poco crédito, no acabo de comprender ciertas quejas. A no ser que los ‘tranques’ comerciales sigan existiendo.
Por el pueblo, vamos. Que ya es bastante. Con una desaforada campaña de marketing por parte del grupo comandado por Manolo. Y la que nos queda hasta el 24 de mayo. Lo mismo nos vale la colocación de un ceda el paso en cualquier esquina, a un cumpleaños, una abuela pachucha o la decoración navideña de una casa en La Montaña. Todo vale para la promoción. Contabilizamos, asimismo, la apertura de dos comercios en Toscal-Longuera, zona de donde procede alguno (guion a; o @, que es más chachi piruli) de los retratados, pero se obvia cuántos han echado el cierre a lo largo del pasado año. Porque si la felicidad fuera tal y como nos la pintan, lo mismo no estaríamos en el nivel de paro escandaloso en el que nos movemos. Allá cada cual. Yo no voté por Rajoy. Y de ahí para abajo…
Si ampliamos nuestro campo de acción (de sana crítica), nos percatamos de las alegrías por el hecho de que el juez Castro haya rechazado el recurso de las abogados de la Infanta. No me parece bien. Ni en este sentido ni en el contrario. Si abogamos por la independencia de los poderes del Estado (en especial, el judicial), lo mejor sería que dejásemos trabajar al personal con toda la tranquilidad que los temas requieren. Las injerencias en terrenos resbaladizos no suelen conducir a buen puerto.
Los comentarios habidos recientemente acerca de dos hechos (la masacre en Francia y las declaraciones de Clavijo) me han llamado poderosamente la atención. Porque si un ignorante como yo se descuelga en cualquier red social con glosas de menos base que la punta de un alfiler, nada que objetar porque mis recursos son más escasos que el petróleo extraído por Repsol en aguas cercanas. Pero si los que se jactan de ser periodistas, no cumplen mínimamente con aquello que en su propio discurso reprocha, aviados vamos.
De tal suerte (o desgracia), un dirigente político realiza unas declaraciones a un medio de comunicación, e, inmediatamente, nos tropezamos (en Facebook, verbigracia) el enlace pertinente, junto a comentarios como “hay que ser payaso”, “chiquito nivel” y un etcétera más o menos largo. Si sientes curiosidad, pinchas en el susodicho y te empapas de todo el contenido, te das cuenta, como casi siempre, de que el quedarse con el titular y a partir de ahí, sin más análisis ni profundidad, soltar exquisiteces a mansalva, constituye un pecado que quienes se dicen periodistas no deben cometer. Y como sigo con mi particular manía de querer estar informado, y para ello es menester beber en cuanta fuente tengas a tu alcance, percibo (y persigo) que los sesudos analistas que deambulan (y me ciño a esta ínsula) por las teles locales que aún emiten por estas ondas cercanas, y saben y conocen de todo lo habido y lo que está por descubrir, no se recatan un fisco en abrir debates bajo premisas de dudosa veracidad. Y que casi siempre intentan alcanzar el objetivo de quedar bien ante la opinión pública. Porque en instante de indudable cabreo informativo es tremendamente fácil escribir lo que la gente quiere leer. Siempre en un único fotograma, porque la película (vale cortometraje) puede despertar alguna conciencia dormida.
Pocos, muy raros, son los periodistas (en el momento actual y tal y como anda el patio) que realizan su trabajo con total libertad. Bueno, perdón, sí conozco a uno. Y no soporto el que alguno, para más escarnio, lanza una pulla y se esconda bajo el consabido si yo contara o no suelto más porque no puedo. Como les gusta, igual terminología utilizo: eso no es de recibo. Además, si se deben, lo tienen fácil. Informen, y punto. Pueden, incluso, adentrarse en los campos de otros géneros, como la crónica y el reportaje, pero aparquen el comentario. Y si por un casual lo hacen, deben ser conscientes de los peligros de verse en boca de, máxime cuando Internet se propaga a demasiada velocidad. Eso sí, con la ventaja de que tiende al olvido casi igual de rápido que cuando aparece.
Pero, un consejo, intenten jugar limpio. A lo peor es que la noticia, aséptica, sin aditamentos, no vende. Y cuando el lector no es tonto (creo que jamás lo es pues el que lee lleva mucho camino adelantado) se da cuenta de pequeños (o grandes) detalles. Una muestra con las declaraciones de Clavijo ante el juez del caso Corredor (no entro en detalles porque te sé conocedor del asunto):
Canarias7: Ningún cambio en la situación procesal de Clavijo. Amén de culpar a la secretaria judicial de la prórroga de las tan cuestionadas escuchas telefónicas.
CanariasAhora: De imputado a imputadísimo (y emputadísimo). Entró con cuatro y salió con ocho.
Otro (mejor que no lo conozcan): Siete imputaciones.
Diario de Avisos: Se mantienen las imputaciones.
El Día: Clavijo ha despejado las dudas.
Con estos panoramas, y como la gente está hasta las narices de todo y de todos, llegan los oportunistas, que no son de izquierdas ni de derechas (¿otra UCD?), y la van a armar. Acuérdate y apunta la fecha. Y por si fuéramos pocos, en esto llega Román, alojado de manera permanente en el Mencey porque Bravo de Laguna le cerró la carretera, y suelta: Nosotros también podemos. Dejó la puerta abierta y le está entrando una corriente que a este paso se le va a cambar la boca.
Bueno, sesudos analistas, sé de una tele local que busca apoyos. Aprovechen. Venden de todo, como las ventas de antes. Y, al menos, tiene otra conexión, vía La Corona, con varios micros. Retribuyen bien. Sobre todo en especias.