jueves, 8 de enero de 2015

Pan para cuatro

Después te lo explico. Por ahora, pedir excusas por mi desaparición en el día de ayer, pero Los Reyes, y sus derivados, me impidieron acudir a la cita. Donde sí la tenía era en Tucán (Centro Médico) para una resonancia magnética de la zona lumbar de la columna. Y es que llevo una temporada con la cintura “jodida”. Y el traumatólogo quiere tener elementos de juicio para el correspondiente dictamen. Aunque ya me adelantó que casi con total seguridad se trata de una de las denominadas enfermedades del alma. Sí, del alma…naque. Que se producen en esa edad en la que ya uno no se halla para presumir demasiado. Por lo tanto, y como primer paso, vendo una guataca que me regaló mi hijo en el último cumpleaños. Yo creo que debí soñar que estaba cogiendo papas y me derrengué todo.
Dicho lo cual, o escrito lo pertinente, entremos en el meollo:
¿Lo del titular? En honor al juez (Pamparacuatro, titular del Juzgado de Instrucción número 1 de La Laguna) que instruye el caso Corredor, en el que imputa, entre otros, a Fernando Clavijo, alcalde de aquella ciudad y aspirante de CC a la presidencia del Gobierno de Canarias. Tras dictar un auto hace unas semanas, basado, fundamentalmente, es unas escuchas telefónicas, nos sorprende este pasado lunes con una providencia en la que pone de manifiesto que la prolongación de las mismas (escuchas) se habían ejecutado sin autorización judicial. Con lo que, y uno es lego total, se acabó el caso.
Vamos a ver si ponemos las cosas en orden. Este juez heredó este asunto. Y uno intuye que ni siquiera se leyó la parte del sumario ya instruido. Con lo que el asunto tiene miga. O manda aquello. La policía, de otra parte, parece que tampoco se preocupó en averiguar si el trabajo de intervenir teléfonos tenía el oportuno salvoconducto. En suma, de locos. Porque uno podrá alegar falta de medios, pero ello no es óbice para que alcancemos estas chapuzas. Y lo que es peor, hasta miedo me da coger el aparato. Telefónico, claro. Porque estas arbitrariedades desde las instancias que deben velar por el cumplimiento de la ley y de los preceptos constitucionales, dan al traste con elevados principios democráticos. ¿Quién resarce de los perjuicios ocasionados? ¿Cómo se lava el honor del que se haya visto involucrado en tejemanejes de tal porte? ¿A qué extremos han llegado las instancias judiciales como para obviar hasta elementos tan fundamentales? Y nos quejamos poniendo el grito en el cielo cuando los encargados de establecer el orden en los desaguisados, que suponemos celosos funcionarios y no estrellas de cine, son apartados de sus cometidos por conceptos que dan grima en uno de los tres poderes en los que se sustenta el Estado de Derecho, como puede ser la prevaricación. Es intolerable. Lo malo es que el corporativismo tiende a tapar huecos y poner parches por lo que puede ocurrir mañana. Eso acontece en cualquier otra profesión y solo existen dos salidas: o dimisión inmediata por negligencia o de patitas en la calle. Pero da la impresión de que la justicia no quiere quedarse a la zaga de la política. Y discurren por caminos altamente peligrosos.
De locos. Y es tema que se debe arreglar cuanto antes. Porque si la sensación de desconfianza se acrecienta, entraremos en un terreno asaz peligroso, resbaladizo. Puede que tanto como el que está viviendo el entrenador del Barça. Luis Enrique pensó que Messi era uno más de la plantilla. Craso error. Y a pesar de que el argentino ya se cansó de Cataluña (no sé si por las derivas independentistas), sigue pesando, y de qué manera, en las arcas azulgranas. El desenlace no se va a producir cuando el astro recale en un club inglés, sino mucho antes. Y el que tomará las de Villadiego ya tiene las cartas asignadas. Marcadas, mejor.
¿Eran cuatro, no? Falta, entonces, uno. No va a ser Rivero, cuyo discurso victimista sigue subiendo enteros. Tampoco el niño Ríos que lo mismo cae en brazos de Román, que ficha más que Zubizarreta. Mucho menos el otro Niño, el Torres, que leo que no lo es tanto. No, voy a comer un fisco. Porque ese cuarto soy yo. Que he hecho mis promesas para este 2015 y las pienso cumplir a rajatabla. Unas, confesables; otras, no tanto. Puedo adelantarte al menos estas: No pienso dejar programada la entrada en el blog (la que lees, por ejemplo), sino que la redactaré por la tarde-noche y la colgaré a la hora que me levante. Que no es fija. Así que te toca estar atento. Iré abandonando, poco a poco, Facebook (no me he comprado el móvil, así que sigo sin disponer de whatsapp). No discuto que sea práctico, pero nos ha vuelto cómodos. Y lectores de titulares. Como te salga el cartelito de “Ver más”, te fastidiaste. Hay que profundizar en los temas y no quedarnos en la superficialidad. Voy a escribir, asimismo, una décima por día. Al final de año, como no es bisiesto, deberé acumular 365. No pienso darlas a conocer, al público, hasta que finalice la serie. Se titularán 1, 2, 3, 4… Y así. ¿Qué día es hoy? ¿Ocho? Pues ya sabes que cuando tengas la oportunidad de echarle una visión, tienes que asociarla al 8 de enero. Y la 35, verbigracia, será la del 4 de febrero. Por último, hacerle caso al médico: reposo y nada de excesos.
Hasta mañana.