viernes, 16 de enero de 2015

Mercar

Lo titulo así porque hace bien poco utilicé lo de mercadeo político. Y por ahí van los tiros. Piensan los que ostentan cargos públicos –y lo hacen adecuado pues ellos no se equivocan jamás– que al resto de mortales no le importa, ni le duele, el dinero que Hacienda nos detrae. Cuando escucho, o leo, a una consejera autonómica que el Estado nos debe más de 2.400 millones de euros por el llamado déficit sanitario, hago cruces (a pesar de mi ateísmo convicto y confeso) ante tamaña cantidad de billetes. Si le sumamos –esa canción se escucha igualmente– los otros miles de millones que se supone nos han birlado en los campos educativos, servicios sociales y otras menudencias (todo escrito con incierta sorna), sería tal el montante de fajos que a los canarios nos vendría de perillas el que hicieran el reparto, directamente, entre todos los que habitamos estos ocho peñascos y que cada cual hiciera con esos varios miles lo que mejor creyese oportuno. O mejor, dejarse de zarandajas con el IRPF, no descontarnos nada en nuestras nóminas o pensiones y que cada uno de nosotros adecentara el trozo de vía pública que abarcara la fachada de su casa. Incluyan la limpieza, faltaría más. Y lo mismo nos iría mucho mejor. Por ejemplo: un servidor ya hubiese colocado una placa nueva con el nombre de mi calle.
Ahí tenemos el (mal)ejemplo catalán. La ineptitud de sus dirigentes se salda con una convocatoria adelantada de elecciones. Si la finalidad es conseguir su tan anhelada independencia, lógico sería pensar que ese ingente gasto de la maquinaria electoral fuese abonado por sus mismísimas ilustrísimas (qué feo me quedó), a saber, Mas y Junqueras. Y si pasan por un bache (aparte del político, el económico) que soliciten un préstamo a la familia Pujol. Porque maldita gracia que me hace el que con mis impuestos deba colaborar a su santa causa. Máxime cuando ni siquiera soy aficionado al Barça. Y legislar que las veleidades de pactos y componendas sean asumidas por los autores de los desaguisados, deberá ser expediente de largo recorrido. No, bobos no son. Lo de todos es de ellos, pero lo de ellos no es de todos. Ya me están llenado la cachimba. ¿Quieres ir tú solito? Pues arranca. Eso sí, a partir del primer paso, no me pidas que te dé la mano. Si presumen de ser la economía más potente y la que mayores capitales aporta, olvídenme, no existo, no estoy. Toi condío.
Quien mejor se merece este titular, quien se ha hecho dignísimo acreedor a vocablos de tal porte, es nuestro number one a la hora del pasa pa´dentro, nuestro singular Román Rodríguez. Personaje que debería estar echando una mano en las urgencias de los hospitales, pero que ha decidido superar las estancias de los que en su día fueron compañeros de viaje. Y con dos muestras bastan: Rivero y Castro, o Antonio y Paulino, que tanto (se) montan en sus respectivas cabalgaduras. Al paso (ligero) que va el aldeano, solo le queda tentar a Nacho para ir al cincuenta por ciento. En los asuntos económicos, claro. Estoy esperando el enésimo arranque de Olarte. Dado que el Ríos junior se mandó a mudar y algunos otros náufragos buscan acomodo, la embajada de grancanarios intentan lanzar un bote al PNC, al que todos recurren cuando el nacionalismo hace aguas. Máxime ahora que Juan Manuel (ha sufrido un desaire, declara) se veía en Madrid escribiendo novelas en el Senado y un atraque a noray cambiado ha posibilitado el desembarco de Mari Mar (le viene el nombre que ni pintado) para que en estos pocos meses supere el listón dejado por el trabajador nato (Zerolo). El que lo ha visto claro es un lagunero que desde siempre se destacó  por su persecución a CC y que desde que perdió su batalla socialista, ahora se desvive por intentarlo de nuevo en su ya triple (o cuádruple, ya perdí la cuenta) salto mortal al consistorio de la Ciudad de los Adelantados (tengo mis dudas). Santiago, en este enésimo brinco de la coherencia personificada ha considerado positivamente la oferta de NC y está dispuesto a inmolarse en la Mesa Mota. Se conforma con quitarle un concejal al PSOE y con ello se considerará satisfecho. Y José Miguel tragará saliva, tragará saliva, tragará saliva hasta que se licúe por dentro. Que por fuera ya lo está. O siempre lo ha estado.
Y acabo en una zona del barrio en el que he pasado la mayor parte de mi vida. Porque nací en La Gorvorana y allí me crié. Vi cómo la fisonomía del lugar cambiaba de una manera radical hasta convertirse en Toscal-Longuera. Pero quedan los reductos de siempre. Y uno es La Ladera. Donde sigo teniendo excelentes amigos. Que han visto que Manolo, y su grupo popular, le ha pegado una transformación impresionante a sus estrechas calles. No sé si a propuesta de algún concejal o de cualquier afiliado o simpatizante. A partir de ahora, dos elegantes rayas amarillas (menos mal que no les sobraba pintura azul) avisarán a propios y extraños de que allí no se puede aparcar. Apenas cabe un coche, pero ni los perros se atreverán a descansar un fisco a la puertas de sus casas.
Se me quedan en el tintero perlas como una foto que anuncia “La carrera de la mujer” (Lucha contra el cáncer) con el triple de hombres retratados, una concejal de educación que escribe la segunda persona del singular del pretérito perfecto simple con una ‘ese’ final que te tumba pa´tras…
Seguiremos mercando, o trajinando, para la próxima semana. Sean felices.