miércoles, 18 de febrero de 2015

Muelle deportivo y pesquero (1)

Pasado el terremoto habido en la explanada del muelle al minuto siguiente de haber emitido su veredicto el jurado del Concurso de Murgas del Norte, y dado que las sentencias se acatan aunque no se compartan, nada mejor que cambiar de tema y comenzar a retomar el asunto del proyecto del futuro puerto del Puerto. Aspecto que no guarda relación directa con el carnaval, pero en el que mucha mascarita intenta meter baza porque las elecciones se aproximan a pasos agigantados y hay que rascar de donde sea.
Todos nos convertimos en ingenieros y, aun a sabiendas de que no hay un euro en los organismos públicos (salvo los consignados en el capítulo I) y los que celosamente atesora mi ayuntamiento para el piche del Plan de Barrios (amén de los posibles préstamos al Cabildo), nos lanzamos a la loca carrera (consigna emitida desde unos cuartos –u octavos– de comunicación, privado y público, respectivamente) de solicitar para las peñas isleñas el Rotterdam de esta parte del Atlántico.
Mi alcalde, por ejemplo, se suma al desmedido afán crucerístico y nada me extrañaría que llamara a José Vicente para rescatar aquella idea de convertir la Bahía de Los Roques en plataforma intercontinental. Nada me sorprende. En campaña (ya es de sesión continua) todo parece estar permitido. Y algunos siguen convencidos de que la culminación de este proyecto (década de los treinta del presente siglo al paso que vamos) va a ser la panacea que saque a Puerto de la Cruz del profundo hoyo (el 18). Ilusos.
Un enlace con La Palma (y por qué no de Garachico que está más cerca), seis mil turistas alongados a las quince cubiertas del Oasis of the Seas y lanzando una sonora exclamación ante el inmenso panorama de un Valle… Chacho, parece que los estoy viendo como siguen bañándose en las piscinas climatizadas, jugando en el mini-golf. Mejor, bajen de la nube, arreglen las calles, limpien las basuras, dejen los paseos expeditos, acondicionen los senderos, solucionen el alcantarillado, disipen los olores de la depuradora, concluyan las obras del Botánico…
Estas veleidades son idénticas a las ventas promocionales de las ferias de turismo. Verbigracia, Fitur. Cada pueblo se lanza a la aventura de vender sus excelencias. Como si la isla fuera tan grande como para permitir encerrarlos en una parcelita limitada por altas paredes muy difíciles de traspasar. Este afán de mirarse el ombligo nos ha conducido a este mal vivir. Y el interés protagonista de Manolo Domínguez me recuerda al que desde siempre alardeó Isaac Valencia. Todos queremos al Puerto, pero nadie ha movido un dedo para salvarla.
Lo más triste es que estas situaciones deberían corresponderse con unas arcas públicas bien dotadas. La falta de infraestructuras significará que no ha habido inversión. Pero es todo lo contrario. La visión de los gobernantes ha debido llevarse a cabo con otros ojos. Porque harto conocido es el escenario que se retrata en la caja de caudales de El Penitente, con más telarañas que las de cualquier cómic.
Así que, para matar el rato y no amargarme con tanto iluminado, me dediqué a husmear para que ante esa inminente realidad me halle debidamente familiarizado con los buques que nos van a visitar cada semana (que se joda Santa Cruz, con mis excusas). Y obvio, por archiconocidos, los ‘huevos fritos’ de la naviera interinsular que rescataremos de Los Cristianos (que se jodan también, con mis excusas nuevamente).
Puede que este artículo se haya pergeñado con motivo de una conversa en La Guancha (cumpleaños de mi nieta) habida con un capitán de otra compañía que opera por estos lares. Y uno, siempre con la oreja atenta, procura aprender de aquí y de allá. No, no lo tomen como una ironía. Ni me tilden de trapasero. Intento ser siempre muy escrupuloso cuando me siento ante el teclado.
Y vamos con lo que en principio tenía pensado:
“Las ventajas que ofrece viajar en un barco de cruceros ha permitido que en los últimos años este tipo de turismo haya experimentado un gran crecimiento en todo el mundo. La posibilidad de visitar varios destinos mientras se viaja en un medio de transporte repleto de comodidades constituye el gran atractivo de este tipo de buques considerados auténticas ciudades flotantes”. (Blog Fieras de la ingeniería)
¿Leíste bien, no? Un medio de transporte repleto de comodidades. Son más los que no se bajan que los que sí lo hacen. Porque allí tienen de todo. Cuidado, no digo yo que vaya a ser malo que vengan estos hoteles que navegan repletos de turistas. Faltaría más. Pero no puede haber cuarenta y tantos chiringuitos en Canarias. Cada uno con un grupo folclórico cantando unos estribillos de isa y repartiendo una flor a las damas y un puro a los caballeros. Y en los días de panza de burro, una churrería (con chocolate) a pie de escalerilla. Seamos serios. Mejor, zapatero a tus zapatos.
(Seguiremos mañana)