miércoles, 11 de marzo de 2015

Es mi opinión, oiga

El reloj se ha puesto en marcha. El primer test ya va servido. Las elecciones andaluzas marcarán la temperatura de bastantes formaciones políticas. Porque en mayo, a la vuelta de la esquina, otras convocatorias nos concitan. Son miles de ayuntamientos, amén de varias comunidades autónomas, los encargados de ajustar balanzas. En momentos que se antojan complicados y en los que la diversidad, cuando no dispersión del voto, será la pauta a tener en cuenta. Por lo que se avecinan unas maniobras de pactos bastantes interesantes. Y en este país no estamos demasiado acostumbrados a que las alianzas permanezcan inalterables. Somos muy dados a los vaivenes. Cuando debería ser lo contrario por aquello de que cuatro ojos ven más que dos.
Si en Andalucía, y todas las encuestas señalan esa dirección, el PSOE obtiene unos buenos resultados (ganar lo sería, indudablemente), me van a permitir sus cuadros dirigentes que desde esta humilde ventana les remita un consejo. Estoy convencido de que alguno de los que se alongan a Pepillo y Juanillo hará llegar la misiva a los que vivan más lejos. Como ahora no hace falta sobre ni sello, sino que las vías de la Internet funcionan a velocidad de vértigo, si lo entienden conveniente, al ratito podría estar en su poder la opinión de quien ha sido testigo directo de un descenso en picado tan veloz como suicida. Pero si todavía no consideran que es hora de levantar cabeza, por favor, apaguen el ordenador o artilugio al que se hallen ahora mismo enganchados. No es la primera vez que escucho “mira tú el bobo este”.
Aunque piensen que voy de farol, yo también hago mis sondeos. A mi manera y con mis raquíticos medios, pero me funcionan. Llevo unos días contactando con amigos (por lo general viejos compañeros de mil fatigas) para conocer cómo se desenvuelven las agrupaciones locales del partido. Y lo que me señalan no es para echar voladores. Los índices de afiliación son tan escasos que han debido recurrir a la táctica de los porcentajes para cualquier información relacionada con votaciones o similares. Viste mucho más el manifestar que el candidato ha sido elegido por un 90% de los votos emitidos, que acudir a la triste realidad de reconocer que nueve, de los diez presentes, levantaron la mano cuando se les requirió al respecto.
Y con esos mimbres no se va a lugar alguno. Mejor, sí, pero no llegarán muy lejos. En aquellos pueblos en los que se ha contado con un candidato solvente, con gancho, con las ideas claras, que ha sabido acompañarse de un equipo en el que prima el trabajo por y para los vecinos, que ha sido capaz de suplir las carencias orgánicas con amplias dosis de resignación y amor a una de las labores más gratificantes de la humanidad (servir a los demás), ha podido el PSOE mantener el tipo. En el resto, languidece de manera harto peligrosa.
Me podrán tachar muchos de que este planteamiento viene a confirmar el hecho de que en torno al poder se crea una maraña de intereses y que cuando este se pierde cada cual busca el calor en otros cobijos. No lo niego, pero no es la generalidad. Son las excepciones. Sí, no sonrías, pícaro, pues aunque un servidor, en esos instantes de bajona, haya podido escribir lo contrario, la mayoría de los que ostentan cargos públicos son gente honrada y que trabajan desinteresadamente. Sé que en estos tiempos convulsos y de flagrantes casos de corrupción es complicado sostener esta hipótesis. Pero, si insistes, recurro al manido ejemplo de la avenida con cien luminarias en la que solo una está fundida.
La agrupación socialista tinerfeña (y la canaria, para ampliar el círculo) ni está, ni se la conoce, ni se la espera. Muchos comentaristas aluden al concepto de perfil bajo. Pero es que en este particular, ni perfil tienen. Es un ente muerto. Y transmiten una alegría a las sedes locales, a los que se baten el cobre en los municipios en condiciones lamentables, que así les va. Agrupaciones que tuvieron cientos de afiliados (lo que, indefectiblemente, se traduce en iniciativas, en participación, en votos; y para transformar la sociedad, la aspiración de gobernar no solo es lícita sino necesaria) no abren sus puertas para que al menos les entre aire. Y se las ven y se las desean para pagar el recibo de la luz, el del agua y el del teléfono.
Por ello, insisto y reitero, que las revoluciones comiencen por las bases. Y al que no quiera echar una mano, al apoltronado que con figurar cree haber aportado, al acomodaticio, que busque puerta. Es preciso involucrarse y meterse en el pellejo del que lo pasa mal. Para tal menester hay que olvidarse de redes sociales, de colgar mariconadas y fotos del bien quedar y acudir a la raíz de los problemas. Sumergirse en esos mares del paro, del desarraigo, de la pobreza. Vivir codo con codo en asociaciones, colectivos, organizaciones. Y huir como perro escaldado de los que mueven un florero y se sacan la foto que lucirá en Facebook al segundo siguiente con cientos de me gusta y comentarios laudatorios.
No es, no puede ser, labor de una agrupación. Porque la incardinación social, los avances tecnológicos (que coadyuven, pero que no sean el fin), la disminución de las distancias y otras variables hacen imposible el aislamiento. No puede emprender esta cruzada la agrupación socialista villera, mero ejemplo, sin tomar en consideración a las que los límites geográficos no ponen cortapisas. Es necesario que haya unidad de criterios. Coordinación, formación (¿dónde la han escondido?), en suma, coherencia.
El principal problema, bajo mi punto de vista (es mi opinión, oiga), viene de la ubicación de los dirigentes orgánicos insulares y autonómicos en puestos relevantes de instituciones públicas, bien remunerados y que contribuyen a un mayor distanciamiento con los que solo valen para pegar carteles (y a buen entendedor…), cuando no a una incomunicación permanente. Se han encerrado en su particular burbuja, han creado un mundo paralelo, se han entronizado tanto, se han endiosado hasta el extremo de vivir una realidad que existe, única y exclusivamente, en su ámbito personal. Que si es pecado en un político, en un socialista es… No es. Esos no lo son.
Bajen a la tierra. Aparquen el parapente y caminen como el más común de los mortales. Vivan, mejor, convivan. Pateen. Caigan. Sufran. Levántense. Laven, barran, planchen. Compartan. Sean socialistas. Actúen como tales. Hagan ver al pueblo que ustedes no son más. Tampoco menos. Practiquen ese sagrado concepto de la igualdad.
No hay más secreto: trabajo, trabajo y trabajo. Adórnenlo siempre con enormes puñados de ejemplaridad. Un socialista es un espejo allá por donde vaya. Transparencia. Bolsillos de cristal, que sostenía Tierno. ¿Es difícil? Dedícate a otra cosa.
Que por los accesos de las sedes entren brotes primaverales. Y salgan resquemores, odios y rencillas. Que el PSOE deje de ser el enemigo del PSOE. Como di un paso a un lado y me retiré a mis cuarteles de invierno, acepten el humilde pero sentido consejo. Los momentos difíciles requieren decisiones valientes. Ahora bien, si se creen autosuficientes y mejores que yo (y otros muchos cuantos), que les vaya bonito. Y tan amigos. Aunque quizás no compañeros.
Hasta la próxima.
Apostilla: La sociedad no se iguala con todas y todos, unos y unas, alcaldes y alcaldas, y otras guindas lingüísticas (la @ no lo es). Hechos, no dichos.