miércoles, 25 de marzo de 2015

Hoy, luto

Ayer, próximo a las once (expresión favorita de mi madre), iba hacia Puerto de la Cruz acompañando a mi mujer a la sesión diaria de rehabilitación en el Centro Médico Tucán (hago publicidad a uno de mis alumnos de la quinta del 74 que ahora es gerente de dicho establecimiento). La radio del coche, conectada, como siempre. Y antes de llegar, el mazazo del accidente aéreo en los Alpes franceses.
Camino una hora por la zona de La Paz y llevo conmigo un pequeño receptor con el que sigo informado. Para no aburrirte con el relato detallado, te diré que hubo raciones extras, hasta que me fui a acostar, de prensa, medios audiovisuales convencionales y también reiterados asomos a las redes sociales. Menos mal que no tengo móvil, me dije; y me alegré.
Tal fue la indigestión que sigo enfermo. De rabia, de dolor y de pena. También de duelo. Tristeza infinita por las víctimas, por sus familias, por un entorno que se volvió negro en un santiamén.
Cólera por la parafernalia. Y a ese tipo de periodismo que practican algunos, mi rechazo más absoluto. Porque no es información, verbigracia, correr en el aeropuerto detrás de un afligido hermano, padre, sobrino, primo… para preguntarle ¿qué? Buitres, alimañas, sabandijas… ¿Más ejemplos? ¿Solucionamos algo?
Como los que recurren al chiste fácil (cuánta osadía, desfachatez, imbecilidad, insolencia, desvergüenza…) del catalán. O el bufete que se promociona con la desgracia para anunciar testamentos, herencias y la madre…
No, hoy no quiero escribir, no me apetece hacerlo porque sé que puedo meter la pata. Pero, y ya lo he manifestado en más de una ocasión, me pregunto si ha valido la pena estar quemando pestañas en las clases durante casi cuatro décadas a la vista de lo que se guisa. De los estudios de Ciencias de la Información, mejor me callo.
Hoy, luto. Lo siento. Mañana, quizás me encuentre más aliviado.