miércoles, 18 de marzo de 2015

MD

Cada mañana me levanto con la mejor de las intenciones. Pienso escribir para el día siguiente en este blog la entrada que te va a sorprender para siempre jamás. La que te va a dejar marcado de por vida. La que me consagrará definitivamente y me hará adquirir fama y grandeza infinitas. Dejo la cuestión crematística para otro momento.
Pero me echo a perder enseguida. Me lavo la cara, me desayuno y me pongo a repasar lo que los digitales me ofrecen. E incumplo reiteradamente las promesas de no abordar tanto comentario político y dedicar mi escaso tiempo libre a los asuntos más livianos o ligeros que la vida te ofrece. Con la vana idea de alcanzar el 0%, el desnatado total, vitalínea o activia de Danone.
Me enveneno a las primeras de cambio y a pesar de mentirme diciendo que no voy a leer más prensa, no es que vuelva a caer, qué va, voy mucho más allá y me meto unos leñazos. Así estoy, hecho un asco. Pero no puedo con mi condición, tú. Y me encochino al intuir que me quieren seguir engañando. Sé que hemos adelantado bastante, pero me temo que aún no es suficiente. Y no me gusta que los convecinos (expresión al uso del amigo Bruno) se crean que todo el monte es orégano. Me pongo a teclear en el convencimiento de que si sesenta seguidores de Pepillo y Juanillo son capaces de transmitir mis pensamientos a dos ejemplares por cabeza, ya son ciento ochenta las mentes despiertas que transitan por el pueblo. ¿Adoctrinar? No seas mal pensado. Que consigan discernir en libertad, simplemente. Lo malo es que no nos gusta leer demasiado. Somos capaces de perder el tiempo en buscar los restos de Cervantes antes de recomendar la lectura del Quijote. Claro que pueden estar algunos huesos del ilustre en todo el montículo hallado. Tan azarosa era la vida de los escritores en aquel entonces que nada me extraña que sus polvos estén demasiado dispersos. Que se lo pregunten a Lope. Con dobles.
MD no es Mundo Deportivo, ni Doctor en Medicina, ni MiniDisk. MD es muy deficiente. Que fue el título del tercer disco del grupo Platero y tú (ya que de escritores va la cosa), allá por la década de los noventa. Pero era, además, la calificación que dábamos a los alumnos que… Bueno, lo de alumnos les quedaba más ancho que el tres cuartos que te enfundabas en el cuartel en las frías noches de guardia.
Ahora que caigo –chacho, no me daba (de) cuenta– ¿y por qué no las iniciales de un político tripitido? Te confieso que no me gustan las luminarias, tipo Mazinger Z, que pusieron en Los Barros. Demasiado modernismo para un pueblo rural como el nuestro. Que no, no voy deslavazado. Todo encaja.
Pues nuestro hombre se va hasta el Sur de la isla (tengo amigos por aquellas bandas que me confiesan que no lo ven con buenos ojos) y sostiene que Arona es un referente importante para la isla. Y Los Silos. E Icod.
Puerto de la Cruz es un caso aparte. Es la ciudad turística más importante de España. Venida a menos por culpa de los otros. Es necesario que sea rescatada por una persona sensata, preparada y dedicada al pueblo, un hombre de futuro. Y con el tufillo calentito de cámaras y micros hubo terrible olvido. Tengo el mejor programa, sentenció el piropeado.
Tuvo que ser la alcaldesa portuense, Sandra Rodríguez, de CC ella, la que pusiera unos gramos de sensatez en la loca algarabía de un PP algo desnortado. Cuyo jefe insular se halla embarcado en una travesía que se me antoja peligrosa. Lo mismo le queda ancha. Con la equiparación a Cáritas que ayer nos brindara la Agencia Tributaria (muy independiente, como es público y notorio), van repartiendo tantos parabienes que ya los barcos hacen cola para el atraque. En medio de uno de los tantos orgasmos preelectorales estaba el mandamás (máxime cuando sus voceros manejan encuestas –se compran en el carrito de los chuches– que nos señalan que no hace falta ir a votar), cuando recibe la llamada de uno de sus escuderos para indicarle que se les había pasado por alto una cuestión que podría ser de cierta enjundia: Que formaban parte del equipo de gobierno. Y que en Madrid, lugar donde se desbloquean asuntos pendientes, con mayoría absoluta. ¿Se habrán percatado del desliz?
Pues sí, amigos míos, en Puerto de la Cruz ocurren cosas tan extrañas como que la alcaldesa (CC) deba defender el trabajo de sus socios (PP) ante las intromisiones de un aspirante escalador que no duda en prometer lo que lleva proyectado desde ha bastante y que, de repente, con una llamada telefónica y una posterior firma dejaría el camino expedito. Nada que nos extrañe por estos lares cuando en otros pactos gubernamentales la culpa era siempre de Oswaldo.
Por ello me rebelo y no comprendo cómo los realejeros (ahora se entiende el campo de batalla a toda la isla) pueden dejarse embaucar con tanta facilidad. Como si las agresivas campañas de fachada fueran el alegato a una gestión que no se ha destacado por nada del otro jueves. Porque a un ayuntamiento se le presupone la capacidad de mantener servicios. Lo malo (bueno para ellos) es que se pinta un paso de peatones, y fotos, me gusta, iconos laudatorios y qué guapos salieron. Ponemos cuatro bombillas, ni te cuento. Suma y sigue. Todo por simples actuaciones del quehacer diario de cualquier institución pública. Cuya obligación es realizarlo, y punto.
¿Patrimonio? Tenemos un catálogo. ¿Baños públicos? Estamos redactando los proyectos. ¿Hipódromo? ¿Cómo? ¿Sendero de la costa, bajadas a la Playa de Los Roques y cagaderos de perros? Eso es del Cabildo. ¿Destrozos de los rebaños de cabras en parajes protegidos? Las estamos enseñando a leer para que comprendan el bando que hemos dictado…
Hoy miércoles me toca la décima número 77. Cuando yo sea mayor y tenga tantos cargos como Antonio Alarcó (por no mencionar al empresario Manolo Domínguez), me trazaré el reto de inventar dos cada día. Sonetos no, lo que son artes mayores requiere otras capacidades. Los magos de La Gorvorana circulamos con luz de cruce.
Y te juro que no sé de qué voy a escribir mañana. Buscaré en la página de Mundo Senior y se encuentro un viaje, lo mismo me largo. Y lo haría sin dejar nada programado. Para que algunos políticos me echen en falta.