miércoles, 4 de marzo de 2015

Mírenme a los ojos

Este pasado lunes, después de la hora del Ángelus, venía escuchando el Tajaraste en la SER, conducido en esta ocasión por el portuense Pedro Rodríguez. Me dirigía al cajero de la oficina de CajaCanarias (La Caixa) en La Vera, porque en algo hay que invertir esa espléndida pensión a la que me he hecho acreedor por méritos propios. Sin el complemento que se le consolida a otros maestros concejales, consejeros, diputados o, incluso, presidentes, pero no soy demasiado ambicioso. ¡Ah!, ya saben que el médico de cabecera me prohibió, hace bastante tiempo, escuchar la radio municipal. Aunque siga llevándose un pellizco de mis impuestos para cotilleos, chanchullos y otras menudencias varias con la aquiescencia de los (ir)responsables de turno. Deben estar inmersos en el zafarrancho preelectoral.
Cayó la casualidad de que a la altura de San Juan de la Rambla (había salido de Icod) entrevistaron al presidente insular del Partido Popular. Uno de los temas tratados en la misma fue el de la comparecencia del alcalde de Arafo para anunciar la baja de todo su equipo de gobierno. Al tiempo del abandono de las filas del PP, la intención de presentarse a las próximas elecciones de la mano de otra formación política. Nada que deba sorprendernos, pues el goteo y los trasvases siempre se constituyen en moneda de cambio unos meses antes de cada cita con las urnas. Y siempre bajo el paraguas de las explicaciones más peregrinas que te puedas imaginar. En la creencia, por supuesto, de que los electores somos tontos de nacimiento y que acudimos como borregos a la llamada, sin tener en cuenta consideración alguna.
El señor Domínguez, tras un ejercicio de autocomplacencia tal que solo faltó una etiqueta con el añadido de qué guapo soy, arremetió contra el que fue su amigo del alma (¿te suena?), el señor Lemes, poniéndolo a caer de un burro, amén de reprocharle (a buena hora) sus deslealtades pretéritas con el cuasi perpetuo Domingo Calzadilla.
Me engañó a pesar de lo bien que nos llevábamos. Hace un año le dije que me contara sus intenciones mirándome a los ojos. Y como me prometió lealtad absoluta, le creí. Ahora me apuñala por la espalda… Casi apago la radio del coche. A punto estuve de soltar una lagrimita. Los viejitos nos volvemos sentimentales en grado sumo.
“Mírenme a los ojos y créanme”, sentenció compungido Aznar para que le apoyáramos en su campaña contra el arsenal de armas de destrucción masiva del malvado Sadam Huseim. ¿Se acuerdan, no? Como no me gusta interrumpir, y dado que Pedro insistía en lo que él entendía fundamento de la entrevista, reflexioné cuando iniciaba la maniobra de aproximación a la rotonda realejera del Alteza (que me paguen la publicidad) y díjeme: Chacho, todo se pega. Aplican el manual hasta las últimas consecuencias. A pesar de que ello pueda suponer el escupir hacia lo alto, verbigracia, promesas y más promesas. Fin de esta cita.
Cumplido el objetivo de no dejar acumular demasiado capital en la entidad bancaria, no sea que me inspeccionen, y ya en casa, vuelvo a tropezarme con la foto de presentación del cartel de la Semana Santa. Alcalde, concejala y párroco de La Concepción posaron junto al mismo. Como ya ha corrido mucha tinta con el adoctrinamiento, vía BOE, que el Ministerio de Educación nos ha servido en copón de plata (el origen divino del universo; ni caos, ni azar, ni teorías de Hawking), me pregunto qué pinta un ayuntamiento (lo del Estado aconfesional sí está recogido en la Constitución, a pesar de Rouco y otros) ‘promocionando’ una solemnidad religiosa. A no ser que esté considerando este particular como una fiesta más. Lo que explicaría la presencia de la concejala del ramo. Y de ser así, que cada cual haga la valoración pertinente, entonces sobraría el cura. Y nos darían la razón a los que consideramos cuánta falsedad se mueve en torno a procesiones y golpes de pecho. Porque exteriorizar lo que debería quedar en la más estricta intimidad de cada cual, solo conduce a justificar los planteamientos de los escépticos. Nada que objetar, por supuesto, a los recogimientos propios de la época en lugares comunes de veraneo. Las ceremonias no deben llevar adheridas etiquetas de ningún tipo. Si los miembros de la corporación quieren participar en los actos litúrgicos, háganlo, pero dejen la medalla y la credencial del cargo en casa. Me recuerda este asunto el de los defensores acérrimos de la enseñanza pública (en público) que matriculan a sus hijos en la privada, sea o no  bajo el barniz de los conciertos (en privado). Entre los que hay bastantes docentes y más políticos. Fin de otra cita.
Por la tarde, ya muy tarde y para llenarme la cachimba, la controversia de una escultura a la lucha canaria que se pretende ubicar en Araya de Candelaria. Y es el grupo municipal de CC el que se opone a la iniciativa. Ver para creer. Los autóctonos y los defensores de la raza guanche van en contra de sus propios valores, de sus raíces, del deporte nacional por antonomasia, el de la nobleza, el de la limpieza en la mirada, el de tender la mano al adversario que no enemigo… Ya está, no procede. La disputa de los aspirantes (ayer mismo estuvo el helicóptero rondando por mi pueblo; lo mismo Paulino ordenó que se me vigilara por cuestionar sus intenciones) requiere deportes de mayor riesgo: boxeo, esgrima, lucha libre… Oye, cómo que aspirantes. Sí, uno a presidente y el otro a maestro de escuela.
Fin de todas las citas. Hasta mañana.