jueves, 23 de abril de 2015

Villerías (1)

La Prensa (diario republicano), 11 de marzo de 1915 (jueves), es decir algo más de cien años. Era su gerente Leoncio Rodríguez. Costaba el ejemplar la friolera de 5 céntimos (de peseta, que no de euro). En sus páginas 1, 2 y 3, un amplísimo despliegue informativo de la Villa de La Orotava. Que me he permitido transcribir. Para que no te esfuerces la vista con las ilustraciones adjuntas. Aquí tienes, pues, el reportaje, crónica o como te apetezca denominarlo. Las valoraciones y comparaciones con el periodismo actual quedan a merced del lector, a la consideración de cada cual. He respetado, obviamente, la ortografía original. No te extrañe, por lo tanto, observar determinadas preposiciones con acento.
NUESTRAS INFORMACIONES
La famosa Villa de la Orotava
La Orotava moderna
Penosa y larga tarea sería enumerar las reformas y variaciones que ha sufrido la hermosa Villa. Su aspecto urbano ha variado mucho en estos últimos tiempos; se ha transformado, se ha modernizado, perdiendo el sello de vetustez que la caracterizaba y hacía evocar épocas históricas de corregidores y alguaciles, de alcaldes mayores y jueces de causas, que en sus empinadas calles y antiguos caserones daban pábulo á la leyenda popular y proporcionaban comidilla á las comadres y mozas de barrio.
Su atrayente situación topográfica en anfiteatro no podrá jamás alterarla el transcurso de los años: pero sus hijos patriotas y sus autoridades dignas y honradas, celosas por la buena administración, que han figurado al frente de la cosa pública, han hecho cambiar los medios de vida, han influido notoriamente en el desenvolvimiento local, llevando á la práctica hermosos proyectos que han encauzado el espíritu popular hacia horizontes de progreso y cultura.
Las plazas y calles, los templos y ermitas, las casas de propiedad particular, los edificios públicos, las fincas rústicas, los caminos vecinales, casi todos los rincones de la Orotava han recibido grandes reformas y transformaciones que la han embellecido y han hecho de esta población una de las más amenas y gratas de Canarias, de vida plácida y tranquila.
Ante los atractivos de su suelo, halagadores y espléndidos, dijo el ilustre viajero Andrés Pedro Ledru: «Si me fuera preciso abandonar la tierra en que he nacido y buscar otra patria sería en las islas Afortunadas, sería en la Orotava á donde iría á terminar mi carrera».
Y nuestro inolvidable paisano don Nicolás Estévanez decía: «EL Valle es un paraíso digno de ser más visitado. Los ingleses, á la verdad, lo visitan, y acabarán por llevárselo á Inglaterra pero hay en España, y aún en Tenerife, quien no se toma el trabajo de ir á verlo».
De la vieja Orotava
Las parrandas
El viejo manuscrito, trazado por un sacerdote, en que se consigna la anécdota que voy á referir, no precisa el año del suceso. Sólo se sabe que fué en el siglo XVIII, en la última época de los alcaldes corregidores.
Era entonces la Villa de la Orotava la segunda población de Tenerife y compartía con La Laguna el honor de ser asiento y residencia de las familias más aristocráticas y afinadas del Archipiélago. Hubo allí siempre una sociedad escogida, ecuánime, temerosa de Dios, solícita del espíritu de clase y como en el presente muy unida y emparentada.
Abajo hallábase el estado llano, las gentes de oficio, los aparceros, «cachorra» en mano, diciendo su merced, siempre que pasara el hidalgo, el caballero, la dama ó  el sacerdote...
Debe manifestarse, por fueros de justicia, que á pesar de las distancias y las cercas, los de arriba y los de abajo se estimaban y convivían en un ambiente de paz porque los unos eran buenos, generalmente, y los otros no carecían de lo necesario para matar el hambre y espantar las penas, entre tragos de vino, cantando y bailando tajarastes, folias y saltonas...
La pintoresca villa, tendida en el regazo del Valle, en anfiteatro, como si cada habitante se hubiese preocupado de que el vecino no le quitara la vista del fastuoso panorama; la de los jardines perpetuamente florecidos; la de las vías blasonadas por que cruza el agua recién surgida de los abismos del volcán, ebria de libertad; la que arriba, en la cumbre, tiene el espectáculo de la nieve á las veces con reflejos de bronce florentino, y abajo el mar, la rompiente, la espuma, una velero, un trasatlántico... la silueta entre nubes de la isla de la Palma donde nació Tanausú y duerme la leyenda de una raza....
La egregia villa, decimos, debe ser la cuna de las folias, de nuestro canto popular, mitad suspiro, mitad beso, donde añora errante el genio del pueblo aborigen y trova amores, transida de emoción, el alma isleña...
Sea de ello lo que fuere –y perdónesenos la digresión– lo cierto es que al decir del cura, la gente joven de la Orotava sentía antes, como ahora, vivísima pasión por las folias. ¡Ah, las parrandas, sobre todo los sábados por la noche, con guitarra y acompañamiento de «tiple» después que terminaban los bailes y dormía el vecindario!..
Por les tiempos á que me vengo refiriendo era alcalde corregidor de la Orotava un aristócrata ordenancista, severo, de quien se decía que ni en la cama dejara el bastón de mando y el espadín. Era pequeño, mal encarado, bizco, muy pulcro en el vestir, solterón y fanáticamente religioso. Un domingo, á la salida de misa, los alguaciles pregonaron un bando, á tambor batiente, prohibiendo las parrandas nocturnas; De las 8 de la noche en adelante, ni días de labor ni feriados, era lícito turbar la paz del vecindario con músicas ó cantos, sin especial permiso del señor alcalde corregidor...
Ni que decir tiene que la juventud de Orotava quedó consternada. Durante aquel día y la semana siguiente no se habló de otra cosa, pero nadie se atrevió) ¡pobre del que tal osara!, á contravenir el bando. Silenciosas, tristes, las calles de la villa tuvieron que conformarse con el canto del agua de las acequias y el grito sostenido de los serenos anunciando las horas y el estado del tiempo...
En la Villa-arriba, en determinado figón que el manuscrito no precisa, se reunieron una noche con grandes misterios los más afamados parrandistas decididos á trazar un plan para concluir con el bando. ¡No faltaba más! Si era menester, ahí estaba América; la expatriación, cualquier cosa, antes que renunciar á las parrandas...
Y fué así.
En cierta calleja más empinada que la Cuesta de la Amargura, donde solo había un farolejo de aceite alumbrando al Cristo del Gran Poder, aledaña al muro de un jardín, había una casita de dos pisos. Vivía allí una señora cuarentona, de exuberantes formas, que había sido guapa y ahora era pretensiosa, á quien el corregidor hacía frecuentes visitas por razones de parentesco.
Los parrandistas estaban en la historia y más de una vez le habían cogido «el güiro» al corregidor, cuando á las altas horas de la noche, después de retirar toda vigilancia de aquellos contornos, penetraba envuelto en la capa, sin el sombrero de picos, ni la hevilla en los zapatos, previas tres toses, por la puerta de la casita aledaña á los muros del jardín...
El corregidor, en amores, como en todo, era metódico. Así, pues, el plan pudo precisarse, fijando día y hora...
Pausadamente sonaron las 12 y apareció el cuerpo menudillo y ágil del señor corregidor. Cuatro de los parrandistas estaban en la azotea: dos en la tapia, casi laminados ocultos en una sinuosidad de la pared; los demás guardando las bocacalles...
A la primera tos el corregidor fué levantado en vilo con un lazo escurridizo, sujeto por la mitad del cuerpo y mientras tanto le arrebataban el pito que usara para avisar á los alguaciles. Un tirón más y quedó á mitad del frontis, como un pelele, echando ternos y fulminando amenazas.
–Nada te salvará, le gritaron, nos perteneces y si gritas te estrellaremos, hipócrita. Ríndete, capitula y nada te pasará.
Súbitamente se abrió una ventana baja y la voz de la cuarentona intentó gritar ¡so...! Una mano irreverente, brutal, la quitó el carmín de los labios.
La irreverencia se convirtió en escarnio.
Al fin el corregidor, el hombre inflexible, dijo:
–¿Qué queréis; qué gentes sois; qué justifica esta rufianería?
–Que derogues el bando de las parrandas; que permitas cantar y tocar las folias. Porque de lo contrario muerto ahora, si insistes en la orden; ó difamados y vilipendiados públicamente mañana tú y tu parienta, si la reproduces... Elije, á elegir...
–Otorgado. Derogo el bando.
–¿Palabra de caballero ó de corregidor?
–De caballero.
–Bien –dijo una voz– pues advierte que caballeros y algunos parientes tuyos somos nosotros también. Nada se sabrá si cumples. ¡Libertad de amor para todos!...
Desde entonces no han tenido más interrupción las parrandas y las folías recobraron su definitivo imperio en todas las poblaciones isleñas.
B. Pérez Armas. Marzo 10-1915
Datos informativos
Censo de población
La Villa de la Orotava cuenta en la actualidad con una población de 11 mil 242 habitantes, según el censo oficial de 1910, habiendo aumentado 2.041 con relación al de 1900.
Se halla distribuida en los 2.025 edificios con que cuenta el término municipal, que ha sufrido también un aumento de 264 en ese mismo lapso de diez años.
Igualmente debemos hacer constar la notoria disminución de los analfabetos, que cada día irá siendo mayor, debido al interés que las autoridades se toman por el fomento de la enseñanza, en primer lugar, en el Colegio de San Isidro, que con su clase nocturna para adultos va redimiendo á muchos trabajadores de la ignorancia.
Lo que ha progresado la Villa
En los últimos 30 años la Orotava ha progresado notablemente. Recordamos entre otras las siguientes mejoras:
La construcción de la plaza de Franchy Alfaro, en el terreno sinuoso y escarpado, que se llamaba llano de San Sebastián.
La del palacio municipal, en el derruido exconvento de monjas Claras.
La de la Hijuela del Jardín botánico, en el extenso vertedero de basuras en que se había convertido una parte de dicho exconvento.
La instalación del alumbrado eléctrico.
Las reformas hechas en el teatro.
La formación de la plaza de «Casañas», en un sitio que ocupaban las ruinas de un antiguo edificio incendiado, frente á la parroquia matriz.
La construcción de aceras en muchas calles que carecían de ellas.
Las reformas de los empedrados de las calles Verde (en su nueva prolongación), Calvario, Carrera, Pescote, Nicolás de Ponte y otras.
La nueva carretera del «Pinito» donde se encuentra el paseo de «Domínguez Alfonso», bordeado de numerosas araucarias y otros árboles.
La reforma de la plaza de la Constitución.
La construcción de la nueva plaza de Alfonso XIII.
Además se ha desarrollado mucho su comercio, antes muy limitado; se ha dado impulso á la agricultura; se hizo la Exposición provincial de horticultura, que se celebró el año 1888.
Industrias
Las principales son: la de fabricación de harinas para la cual existen diez molinos movidos por fuerza hidráulica; las de pan de D. Ubaldo Martínez Pimienta y Sres. Dorta y González; las de vinos de D. Estanislao Lugo García y Sres. de Zárate; la de bebidas gaseosas de D. Domingo Padrón Morales; la de chocolates de D. Antonio Armas Suárez, El Teide, de reciente instalación y montada con maquinaria moderna y de productos exquisitos; la de cal de don Miguel S. Betancor; las de carpintería y ebanistería de don Diego Alvarez Casanova, D. Juan Hernández Bethencourt y D. José Martín; las de imprenta de D. Antonio Lugo y Massieu, D. Antonio Herreros González, don Juan Dorta y J. del Castillo; la de sastrería de don Miguel Herreros González; las de calzado de don Santiago Díaz é hijo, y don Isidoro Díaz; y las empresas de automóviles y coches de alquiler de don Rosendo Villavicencio y doña María Buenafuente.
Comercio
Los principales comercios son: los de tejidos de don Casiano García Feo, don Carlos González Carrillo, don Antonio Pérez, señora viuda de don Antonio B. Perera, don Antonio Herreros González y don Francisco Peña Santos; los de comestibles de don José Gutiérrez Bartlet, don Domingo Padrón Morales, don Domingo Pérez Estévez, don Angel Reyes Pérez, don Claudio Rodríguez Luis, don Clemente Méndez Machado, don Balbino Pérez Estévez y doña Agustina Pérez viuda de Brito; los de quincalla y bisutería de don Fernando Stauffer y don Ismael X. de la Guardia; los de papel y objetos de escritorio de, don Adolfo Herreros González, don Francisco Miranda Perdigón y don Manuel Vivas Rodríguez; los de sombreros de don Adolfo López, don Juan Rivero y don Salvador Oliva; y el de obras de ferretería y cerrajería de don Félix Reyes Martín.
Sociedad eléctrica de Orotava
En estos últimos meses, debido á la actividad é inteligencia del nuevo director-gerente, don Rafael Ballesteros, han recibido notable impulso los trabajos de esta importante compañía, y en la actualidad tiene en curso varios proyectos que mejorarán grandemente los servicios que suministra.
Entre estos proyectos, y como más dignos de notarse, mencionaremos la reforma general de la red que tiene establecida en el Puerto de la Cruz, para alumbrado á particulares, sometido ya, hace algunos meses, á la aprobación del Ayuntamiento de aquel pueblo; reforma, también general, de la red de esta Villa, que será reconstruida para suministro de corriente destinada á industrias y para suministro de fluido diurno; ampliación de la red general hasta los inmediatos pueblos del Realejo Alto y Bajo, Pagos de La Perdoma y Cruz Santa y caseríos próximos, y por último de la potencia de la Central generadora hasta 300 caballos para lo cual se adquirirán dos modernos grupos hidro-eléctricos de los tipos más perfeccionados.
La labor realizada por esta empresa en 1914 es verdaderamente plausible. Se han verificado importantes trabajos de aislamiento y seguridad en la línea de alta tensión, y se han mejorado todos los servicios, habiéndose inaugurado una nueva línea que alumbra el importante barrio de «El Rincón». En el mismo año 1914 se ha llevado á cabo una nueva contratación entre la entidad de que venimos ocupándonos y el «Heredamiento de aguas de la Orotava», que asegura á aquella, durante 20 años más, el uso del salto de agua de que es propietario el Heredamiento.
Es de hacer notar que la eléctrica está constituida exclusivamente por capitales del país.
Dicha sociedad es la que desde el año de 1894, y por iniciativa de don Ricardo Ruiz Aguilar, ha venido suministrando el alumbrado público y privado de la Orotava, segunda población de Canarias que estableció ese adelanto, por haber sido la primera Santa Cruz de la Palma.
Hoteles
El «Suizo», de doña Enriqueta Humberset; el «Victoria», de don Eulogio Méndez; el del «Norte», de don Francisco Alvarez y Alvarez, y el restaurant «El Ciprés», de don Adolfo Stichle.
Cafés
El «Victoria», de don Rafael Pí; «La Tertulia», de don Nazario García; el «Central», de don José Santos, y el «Automóvil», de don Rosendo Villavicencio.
(Continuaremos mañana)