lunes, 25 de mayo de 2015

Mancomunidades

Valga como nota aclaratoria que este artículo se redactó antes de conocerse los resultados de los respectivos escrutinios en las elecciones de ayer domingo. Así que cuando leas estas líneas, a buen seguro, estarás meridianamente contento porque todos, sin excepción, habrán ganado. Incluso aquellos que decidieron no acudir a las urnas. La comprensión lectora que se estila en la actualidad no es, ni comparación, aquella que realizábamos años atrás cuando las respuestas debían ser más o menos uniformes. Y al final, una pincelada.
Abordaremos ahora una temporada en que los políticos desertarán de las redes sociales y resto de medios de comunicación y se dedicarán a trabajar con mucho tesón para llevar adelante todos los proyectos que nos prometieron en estas dos últimas semanas. Como ya hemos puesto el punto y final a ese ogro de la crisis, se acometerán las obras pendientes y se rematarán los flecos que aún cuelgan. Todo ello con el ánimo de no concentrar las inversiones, piches incluidos, en los meses anteriores a la próxima campaña.
Siempre he sostenido que el unificar servicios debe ser tarea prioritaria. Y aunque se lleva a cabo en varios lugares de esta isla (de las otras también), es probable que se puede ir mejorando en ese aspecto que se me antoja fundamental. En esta Valle no hemos tenido suerte con las mancomunidades. Todo se reduce siempre a mera palabrería. Como si con apoyar el puerto del Puerto fuese ya suficiente. Al que, por cierto, siguen algunos empeñados en que atraquen grandes cruceros, mientras, verbigracia, la estación de guaguas constituye una vergüenza internacional.
Y como al Puerto bajé, sugiero a la corporación que se ponga de acuerdo con Kiessling para el inmediato arreglo de la calle Tegueste en Punta Brava. Ya que posee en la misma zona un importante edificio, y ya va siendo hora de que los portuenses se ‘cobren’ el que se modificara en su momento el planeamiento urbanístico para que el trazado de la Avenida Francisco Afonso Carrillo no ‘tocara’ las instalaciones de Loro Parque, por su propio interés (que se escucha en los aeropuertos), seguro que algo aporta.
Para evitar la polémica suscitada en la posibilidad de suprimir ayuntamientos (y Canarias no ha quedado al margen de la discusión), entiendo que una mejor salida es plantear la creación de las citadas mancomunidades. O potenciar las ya existentes dotándolas de mayores competencias.
Soy consciente de que razones históricas, de tradición o de cualquier otra índole son factores que alimentan la controversia. Pero que existan en el país 2699 ayuntamientos (un tercio de los 8122 en toda España) con menos de 250 habitantes, exige un examen riguroso, concienzudo y serio de la problemática situación.
Se nos llena la boca discutiendo acerca de planes de ahorro (no siempre predicados con el ejemplo de los cargos públicos) y al unísono (salvo las excepciones de rigor) desechamos múltiples posibilidades. Me recuerda, salvando las distancias, las avalanchas en las ferias de turismo (queda aún mucha tela que cortar a pesar de las restricciones), donde cada pueblo vende sus encantos a unos potenciales clientes como si la Villa de La Orotava estuviera a unos dos millones de leguas de Puerto de la Cruz, o como si Los Realejos dispusiera de fronteras valladas para que los visitantes no se acercaran a darse un garbeo por el casco antiguo de San Juan de la Rambla. Deberá ser, ojalá solo sea eso, la apatía y desgana que se contempla en el movimiento asociativo.
Me temo que no. Seguimos empeñados en creer que nuestro ombligo es mucho más bello que el del vecino. Y así nos va. ¿Se imaginan ustedes el potencial que tendría el ente que algunos denominamos Valle de Taoro? Pero pueden los chiringuitos. La profesionalización de la política implica que lo primero es la asignación generosa a ese apartado del capítulo I de los presupuestos municipales que engloba los sueldos y asignaciones de alcaldes, concejales y el extenso abanico de acompañantes.
Y termino con una aclaración a un ‘amigo’ de una red social (Facebook). Aquí, porque el blog es más mucho más serio que tanta ‘bobería’ que se cita con ligereza en otros foros que se prestan a lo chabacano y chanchullero. Jesús ostentó un cargo en el mandato 1983-1987 en el ayuntamiento de Los Realejos. Y siendo el máximo responsable de la Corporación tuvo que ordenar el cierre de una carpintería ilegal. Hubo denuncias vecinales e informes policiales. Pero aunque no las hubiera habido, allí no estaba permitido tal uso y nada más que hablar.
Treinta años después, alguien que sintoniza sin recato ni disimulo con otros políticos más ‘populares’ de hoy mismo, no solo me lo reprocha públicamente, sino que me acusa, en un ejercicio muy deficiente de la comprensión lectora aludida al inicio del presente, de haber expedido cheques de favoritismo. Dos consideraciones:
a) Que yo sepa en tres décadas los juzgados no se han suprimido sino incrementado su número de manera exponencial.
b) Ojalá hubiese habido dinero para sufrir tales tentaciones. Vaya por el ayuntamiento y pregunte si tienen archivadas las declaraciones de bienes de los que fuimos representantes públicos en aquellos primeros años de la democracia.
Pero no les voy a aburrir con la historia de los que, según ópticas modernas que rechazo de plano, hicimos el “gilipollas” en nuestro fugaz paso consistorial. Lecciones de moral y ética, las justas. No se halla en condiciones para ello.
Bueno, lo mismo mañana escribimos del gobierno. Hasta entonces.