martes, 21 de julio de 2015

Marcha atrás

Cuando la velocidad de las acciones partidarias se incrementa ante la inminente convocatoria electoral de las denominadas generales, es paradójico comprobar cómo funciona de bien la marcha atrás. Está tan sincronizada que no se escucha un chasquido de la caja al maniobrar con la palanca de cambios.
Corresponde hacer balance y echar una visual, aunque muy por arriba, al programa de las pasadas por si la metedura de pata llegó a tal extremo que nos puedan echar en cara algún que otro sonado incumplimiento.
Lo que más me llama la atención es la rapidez con la que los dirigentes de Podemos están cambiando de opinión. Ya lo esbozamos en el comentario de ayer (Vaivenes), pero se requiere ahondar en determinadas cuestiones. Y la señora Carmena, alcaldesa madrileña, de la que Pablo Iglesias se quiere aprovechar hasta límites insospechados por mucho que ella sostenga que no son lo mismo (ideológica y políticamente), se ha metido en tal embrollo con su “Versión Original” que intenta suavizar la avalancha de críticas con ligeros barnices en la polémica web. Ya no quiere el enfrentamiento directo con los medios de comunicación al uso y evita que se citen periodistas, no sea que la lluvia de reproches pueda con la contaminación de la capital. Qué necesidad, me cuestiono.
Pero en Canarias no vamos a quedarnos a la zaga. Y hacemos méritos para encadenar errores y sumergirnos en la vorágine del despropósito. Aludí, hace unos días, al diputado Paco Déniz, cuyos artículos (que antes bien leía pues los consideraba bien destilados) ya no me brindan credibilidad por sus declaraciones televisivas. Me da la impresión de que lo suyo es más de expresión escrita. Al menos hay más tiempo para rebobinar. Se les viene abajo el tinglado artificial montado ex profeso contra la casta. Los despilfarros puestos en solfa por los viajes incontrolados a cargo de las arcas públicas parecen que ahora no lo son tanto. Y la confesión en la entrevista realizada por Pepe Moreno de lo fácil que es llegar al mostrador de Binter y enseñar el ‘pase especial’ (incluso para viajes privados), da buena nota de que una vez alcanzada la poltrona las diferencias, antes abismales, se acortan en un santiamén. Del dicho al hecho, claro. De la teoría a la práctica. Del férreo control (cuando eres mero espectador) al embarque fácil en comodidades y privilegios. Qué pena. Han dejado la guitarra y las canciones protesta para cambiarse a ritmos acompasados. En bien poco, el polvorete de Benavente.
Lo de Mariano Rajoy es diferente. Este sí que la tiene bien engrasada. La mete sin pasar por punto muerto. Y es capaz de sostener un aserto y su contrario en el mismo párrafo. Debe ser porque no entiende su letra.
No ha mucho se comprometió a enviar una carta a los mayores de 50 años para informarles de una simulación acerca de cuál sería su pensión, a qué edad podrían jubilarse y los periodos de cotización que debían acreditar. Pero, estimado amigo, los mordiscos a la caja que iba a ser intocable, la espléndida actualización anual del 0,25%, los sesgos que podríamos transmitir los que ya formamos parte de las clases pasivas y otras cuestiones de menor porte (elecciones en noviembre, la coyuntura catalana…), han aconsejado otra prudente marcha atrás. Este año no habrá carta. Se remitirá cuando se pueda, es decir, cuando toque. Que ocho millones de votos constituyen un vivero excepcional.
¿Quién les habrá soplado que los jubilados somos ignorantes redomados y que todavía actuamos bajo el miedo amenazador de un derecho adquirido con bastantes décadas de curro? Me parece que lejos quedan los tiempos, afortunadamente, del disputado voto del señor Cayo (Miguel Delibes). Y de otros caciques (Luis Rodríguez Figueroa) de ingratos recuerdos.
Lo que no perdonamos los de cierta edad (ustedes están más viejos que nosotros) es que nos tilden de inútiles. Yo mismo, sin ir más lejos, no he querido promocionarme, que si no estuviera ahora mismo colocado en cualquier gabinete. De prensa, de protocolo o de agricultura. Ustedes ignoran.
Hasta la próxima.