lunes, 20 de julio de 2015

Vaivenes

No entiendo la postura de Podemos con respecto al Senado. En sus primeras intenciones programáticas figuraba el suprimir esta cámara. Pero ahora ya ocupan dos escaños. Y se hallan en la etapa de configurar candidaturas para las generales entre las que se encontrarán aspirantes al cementerio de elefantes. Alegan que necesitan una representación amplia para ‘cambiarlo’ desde dentro. Es decir, nos surge una nueva idea y ya sí vale pero dándole unos remiendos. Lo mismo lo convertimos en un hotel rural. Sus huéspedes pasarán a ser jóvenes parejas de cachorros. Para arregostarlos (primera voz autóctona) desde chiquitos. Con lo malo que es de quitar. Y con lo bueno de disfrutar. Y lo más importante: Hay que mantener abierto el negocio.
Excesivos vaivenes en esta formación política que tantas expectativas despertó. Y que atrajo a muchos incautos ante los cantos de sirena. Entiendo que los golosos sueldos de los cargos públicos han podido más que toda una ristra teórica de buenas intenciones. De nada me sirve el que sostengan que solo cobran el triple del salario mínimo. Lo perciben íntegramente. Lo que hagan después (los supuestos repartos que alegan) con él, depende de las directrices estatutarias. Porque se han convertido en un partido al uso. Y son tanta casta como el resto. Desde luego, mucho más que lo que podamos ser tú, estimado lector, y yo, iluso escribidor.
Ya dejé esbozado hace unos días mi parecer acerca de esta institución. Y les confieso que llevo varias convocatorias poniendo dentro del sobre lo primero que se me ocurra. No entro en detalles para que los miembros de la mesa donde ejerzo este derecho no me etiqueten en los momentos del escrutinio.
Hace tiempo ya me llevé la primera desilusión cuando atisbé al amigo Juan Borges en la plancha de Izquierda Unida. Díjeme que ‘más nunca’. En ello estoy. Así que no es necesario cuando repartan los votos, o los envíen por correo, que se molesten lo más mínimo. Del Congreso de los Diputados, todos los que quieran, pero de estos otros, ni uno. Ya me encargo yo de preparar mi ‘papeleta’. Puede que lleve poesía adherida.
Afloran desmedidas incongruencias y las ilusiones se van al traste. Son tantas las situaciones de marcha atrás habidas en estas nuevas hornadas, que me temo estén cercenando su propia razón de ser. Han sido tantos los que se han subido al carro que puede estar perdiendo aceite en cantidades industriales. O si es una lancha, que haga aguas por bastantes boquetes.
Estoy redactando estas líneas el viernes por la tarde. La reunión familiar la hemos aplazado al domingo. Y lo hago para entretenerme en algo porque Internet lleva silenciada (mutismo absoluto) una buena purriada (segunda voz autóctona) de horas. Llamé al 1004 y me contestó la ‘máquina’ que existe una anomalía en la red pero que los técnicos están en ello. En esta zona se tupe con frecuencia la tubería de la comunicación. Años atrás ya tuvieron que ponerme un cable nuevo (qué ilusión) porque el original se lo habían comido los ratones. Tendré que hablar con Manolo a ver si en algún plan de barrios podemos llevar a cabo unos arreglos. Aunque, pensándolo mejor, creo que por razones bastante obvias no le podré indicar eso de podemos, no sea que me suelte el discurso de Mariano.
Ya es de noche y me voy a acostar o a ver la tele un fisco. Sigo desconectado del mundo. Y qué estará pensando el mundo de mí.
Ya es sábado. Mediodía. He efectuado dos llamadas al guarismo de las averías de Movistar. El artilugio mecánico me sigue dando idéntico mensaje: “Su número está afectado por una incidencia técnica. Cuando esté resuelta, ya le avisaremos”. Fin del mensaje. Tuve tiempo en esta mañana de pasarle un trapo al coche (no me digas que no has oído esta expresión). El mío suele estar tan sucio (el coche) que cuando le enseño el trapo (cacho de tela reciclado para labores de limpieza), se arranca solo, pone la primera  y queda al acecho por si me acerco demasiado. Está tan acostumbrado a mojarse cuando llueve, que si me ve con un cubo, agüita. Eso, agüita.
¿En qué estábamos? ¡Ah!, sí, en los vaivenes de Pablo. Ya desconfié cuando inició los renuncios a la ideología y de ahí en adelante, de culo y sin frenos. Como dice Calero en un anuncio publicitario: “A mí no me engañe, que yo tengo mi tino”. Lícito, y sano, es cambiar de opinión. Pero convertir el hecho en hábito para adaptarse a las circunstancias de cada momento, malo. Para ello ya está Rajoy. Con uno para probar nos basta. Les está ocurriendo, y antes de tocar los resortes del poder, lo que a la Syriza griega. Cuántos movimientos pendulares, cuántas oscilaciones.
¡Por fin! Las lucecitas del ADSL e Internet de mi ConectaBOX 1000B (qué anticuado estoy, y con Windows XP de sistema operativo) se han encendido. Son las 17 horas del sábado 18 de julio (jolines, vaya día). Más de 24 horas a secas. Solo había pasado apenas unos minutos, otra máquina (esta vez desde el 1002) me comunica que ya se resolvió la incidencia que me afectaba. No me dio la opción de darle las gracias. ¿Quién me paga el sufrimiento? ¿Acaso no saben que yo no tengo móvil para paliar estos aislamientos?
Hasta la próxima. ¡Ah!, dejo de poner fotos. Siempre fallan al enlazarlas con Facebook. Texto a secas. A leer.