lunes, 13 de julio de 2015

Matones

Un matón es un hombre jactancioso y pendenciero, que procura intimidar a los demás. Se dice de quien se jacta, y también de las actitudes, acciones y dichos con que lo hace. Dicho de una persona: Alabarse excesiva y presuntuosamente, con fundamento o sin él y aun de acciones criminales o vergonzosas.
Como has podido deducir, el párrafo anterior es copiado literalmente del diccionario. Un libro (algo así como una guía telefónica, pero con más detalles) que nos da cuenta de las voces de una lengua. Lo malo es que algunos creen que la lengua es solo otra cosa. Y que sirve solo para otra cosa: para disparar.
De uno de ellos (me refiero a los diccionarios, que no a los lenguaraces y jamás lingüistas), enfocado hacia el sector estudiantil) copio: “Si no se encara a él, desde un principio, con rigor y seguridad, corre el riego, peligroso riesgo, de un conocimiento por aproximación, a tentones, sin diana certera, lo que sin duda alguna, es minusvalía notoria”.
Cuando uno crece, cree sabérselo todo. Más en unas profesiones que en otras. Y ese fue tema de conversación en estos últimos días en algunos de los ámbitos en los que me he movido. Porque hay individuos que se dotan de armas que ellos entienden invencibles. Y se apoderan de valías que ni poseen ni que jamás podrán alcanzar. Pero la vida, su vida, se compone de un complicado bagaje de complejos (Conjuntos de ideas, emociones y tendencias generalmente reprimidas y asociadas a experiencias del sujeto, que perturban su comportamiento.) que intentan ser combatidos con reacciones bien dispares. En ejemplos bien concretos, el remordimiento de avatares familiares les ha podido hasta tal extremo que han desembocado en auténticos casos de paranoia, dignos de profundos estudios psiquiátricos.
Estos individuos, debido a la presión de sus propias obsesiones, alcanzan cotas tan aberrantes que se dotan de mecanismos de persuasión con los que combatir su manifiesta inferioridad. Y atisban en la extorsión (Amenaza de pública difamación o daño semejante que se hace contra alguien, a fin de obtener de él dinero u otro provecho. Presión que, mediante amenazas, se ejerce sobre alguien para obligarle a obrar en determinado sentido.) el artilugio con el que intimidar a sus enemigos. Y buscan concretar sus dianas en aquellos que su perversa mente intuya puedan ser cortapisas a un quehacer siniestro y retorcido.
Pasadas las elecciones municipales y conformados los respectivos ayuntamientos, ha comenzado la caza indiscriminada. El derecho constitucional a la información (se olvidan de lo de veraz) y a expresar libremente pensamientos, ideas y opiniones es interpretado de manera tan sui géneris como arpía. Que se convierte en mío pero jamás en tuyo. Que me permite calificarte de la forma más ignominiosa (innoble, infame, vil) posible y que descarta la reciprocidad por principios (de matón, claro). O me das o te doy. O entras por aquí o te doy por allí. En todos los sentidos. También en el más procaz.
Suelen rodearse estos sujetos de comparsas. Porque deben dar cuenta ante la ‘opinión pública’ de una superioridad que les viene conferida por el uso de sustancias de dudoso proceder. Vamos, de la inhalación de gofio en polvo, mero ejemplo. Pero esos aditamentos deberán ser suministrados por los que han entrado por el aro. Y son, en suma, los que alimentan la rueda de fuego. A este paso, los consistorios van a tener que especificar una nueva partida presupuestaria: la del déjame tranquilo que yo te mantengo.
Por la ciudad portuense se vuelve a recordar cierto episodio en el que se vio involucrado un padre amargado por las actitudes y comportamientos de su torcido vástago. Los viejos del lugar sostienen que, desgraciadamente, lo volvería a hacer en la actualidad más reciente. Lo malo es que la obcecación puede más que el escaso bagaje de memoria existente en las deterioradas neuronas. Son el producto de las alucinaciones esbozadas antes.
Puede que en otra ocasión comentemos, siquiera brevemente, aconteceres de pactos, alianzas, gobiernos. ¿Los de El Penitente? Igualmente. Así como poder repasar la preparación requerida para ostentar cargos públicos. Y de cómo unos ignorantes tildan de analfabetos a otros. De cómo el contagio hace extrañas parejas de baile. De cómo políticos altamente cualificados y capaces se prestan a juegos peligrosos. Incluso, por qué no, nos sumergiremos en el Louvre para analizar la denominada Victoria alada de Samotracia a este paso a dos milímetros de la Matanza de Srebrenica…
Cuídate, Manolo. Los sanfermines siempre llegan el 7 de julio. Y San Martín (el de los cerdos, sí), allá por noviembre. ¿Lo público? Presta atención a los cotos y a los desdobles.
Hasta mañana. Y a perdonar la tardanza de hoy lunes.