jueves, 16 de julio de 2015

TLP y conejos

Ayer, antes del diario repaso a la prensa digital, me correspondió una breve sesión de informativos televisivos mañaneros. Me llamó la atención el amplio despliegue en torno a la Tenerife Lan Party (TLP), evento (jolines con el palabro) que alcanza su décima edición y se celebra en el recinto ferial santacrucero. Ahí se dan cita varios miles de jóvenes cuya adicción al mundo de la alta tecnología informática es directamente proporcional al número de horas que se pegan bastantes en una cola para encontrar un buen lugar donde depositar sus posaderas durante las muchas horas que estarán con la vista fija en la pantalla. Embobados, que diría alguno de mis antepasados.
Parece que el acceso a Internet a una velocidad de 30 gigas fue atractivo irresistible para muchos de los que padecen afición desmedida. Veintisiete horas esperando a que abran las puertas solo es comparable con la no menos excesiva dependencia al baile de unos enanos palmeros. El placer de conectarte y viajar a mayor velocidad que ese artilugio que acaba de pasar por Plutón, provoca unos orgasmos de tal gusto que se justifican todas las corridas, perdón, las carreras para ocupar una plaza preferente.
Como no podía ser menos, la reportera de la tele autonómica, tras contarnos muchas alabanzas acerca del compañerismo, apego, afecto, lazos de unión y fraternidad y dieciocho mil lindezas más, hizo tres preguntas a uno de los participantes. Sus respuestas, un trío de monosílabos: sí, sí, no. Lo que demuestra bien a las claras la altísima formación lingüística que se logra en este tipo de encuentros. Que es la cita obligada donde se refuerzan los sagrados conceptos de amistad adquiridos en esas longuísimas sesiones ante una segunda caja tonta y donde se alcanza el necesario dominio idiomático con el que compartir experiencias. Insisto: sí, sí, no. Como cualquier futbolista o comentarista deportivo (en la tele precitada hay más de un ejemplar) que usa con desmedida frecuencia la coletilla “Sí, bueno…”. Estamos alcanzando unos niveles tan elevados de comunicación que cualquier día de estos nos olvidamos de cómo se abre la boca para articular unos sonidos mínimamente inteligibles.
Y cuando todo concluya resta un difícil periodo de adaptación a la vida cotidiana: la depresión post TLP. Como si no estuvieran treinta horas, o más, al día enganchados, conectados, dependientes. Nos estamos convirtiendo en unos apéndices de esas pequeñas máquinas que, por lo visto, nos lo dan todo hecho. Y yo sin móvil. Mira que soy raro.
Y a estas alturas ustedes se habrán preguntado lo de los conejos del titular. Te juro que no guarda relación con el acontecimiento esbozado en las líneas precedentes. Ni con el que debió sacarse de los pedales el ciclista Froome para sus exhibiciones pirenaicas. Aunque sí hay un nexo de unión entre teleperos (participantes en la TLP) y una supuesta proliferación de los mamíferos lagomorfos: el Cabildo de Tenerife.
Dicha institución, según los cazadores (bueno, del que dice ser su representante), se ha empeñado en acabar con las dianas de sus escopetas. Y de nada valen los informes que argumentan la peligrosidad (para la biodiversidad, por emular la geodiversidad del amigo Javier Dóniz) de su propagación, avalados por estudios y tratados. Sostienen que los elaborados por la Universidad de La Laguna carecen de todo rigor científico y basan sus afirmaciones en otro confeccionado por la Universidad de Lérida. Llego a la conclusión de que los ilerdenses saben mucho más de esta especie que nosotros. Como ignoro en cuál de las dos zonas se reproducen más los gazapos, debo mantener suma prudencia en el tema. Me imagino que el asunto deberá ser resuelto por el señor alcalde mi pueblo, experto cazador (no solo de votos), y profundo conocedor del bicho. En cierta mitin les escuché recitar la fábula de Iriarte y quedeme asombrado. Qué declamación: “Por entre unas matas, seguido de perros, no diré corría, volaba un conejo”.
Pues sí, galgos o podencos, en ello estamos. Nos enfrascamos en discusiones baladíes y al final nos trincan con las manos en los bolsillos mientras ejercitamos el órgano muscular situado en la cavidad de la boca.
Hasta mañana. Ya viernes. Y no olviden que hoy celebramos la onomástica de uno de los nombres más comunes entre la población femenina: Carmen. Vale, y más de un Carmelo. Quedan todos felicitados.