miércoles, 12 de agosto de 2015

M&M

Pido disculpas a Marco y María (o María y Marco) por no ser demasiado original a la hora de elegir un título para este modesto comentario (como todos) de hoy miércoles. Que pudo ser también Los Manolos. Porque nuestro dúo sabe cantar. Y bien. Siempre temas de su mayor y mejor conveniencia. En las fiestas del pueblo ya se está comentando si serán estrellas estelares con el consabido Amigos para siempre.
–¿Qué pasa, Jose, por dónde andas ahora?
En los círculos reducidos, y esta llamada telefónica lo era por razones más obvias que las ruinas de la Casona de La Gorvorana, quería que se le tratara con el primer nombre de pila. Sin tilde, llana, como la vida misma. Lo entendía más familiar, más de andar por casa.
–Hombre, Chiqui, aquí en Punta Cana, dando una vuelta con Wert. Ya sabes que se acaba de volver a casar y para celebrar lo bien que nos viene el divorcio de puertas adentro, le dije a Martinón si podía cambiar la invitación anual de Playa Blanca…
–Ños, tío, te envidio, de mayor quiero ser como tú.
–Sí, compruebo que estás haciendo méritos. Ya me llegó la entrevista. Estoy orgulloso de tus respuestas. Cada vez te me pareces más. Menos mal que se me ocurrió quitarme el bigote.
A Manolo, el segundo (por ahora), no le gustaba lo más mínimo que lo llamaran así. Pensaba que lo trataban de una manera demasiado infantil. Y estimaba que eso cercenaba su ascenso. Él quería subir la escalera directamente por tramos, de meseta a meseta, nada de peldaño a peldaño como le habían aconsejado en el seno de su familia.
–Oye, que me dijo Carlos después de leer la última encuesta del CIS…
–Joder, cómo la cocinamos, quedó mejor que la doble con vistas al mar en la que descanso ahora mismo.
–Te decía que Alonso me sugirió si no era posible aceptar una enmienda por colar otros 15 millones con lo que nos aproximaríamos al 10%.
–Glu, glu, glu…
–¿Cómo?
–Perdona, Chiqui, es que me atraganté con el banana mama, que me empalaga bastante. Claro, acostumbrado al daiquiri de toda la vida. Estoy pensando que el próximo verano podríamos venir juntos. El Wert este está practicando francés como un loco y tuve que aconsejarle que lo hiciera con su mujer. Yo, para la intimidad, prefiero el sueco.
–¿Cómo?
–¿Qué me preguntaste? ¡Ah!, sí, el incremento presupuestario del anillo…
–Sí, porque, y perdona que te interrumpa…
–No te preocupes lo más mínimo, para eso estamos. Plas, jódete, cabrón.
–¿Cómo?
–Un mosquito, coño, que me traía frito, pero ese no vuelve a ser padre ‘más nunca’.
–¿Qué piensas, entonces, Jose? Mira que esto es una llamada internacional y te estoy llamando con el móvil del ayuntamiento.
–Ahora mismo contacto con Pastor. Lo malo es que a Montoro se le siga ocurriendo bajar el IRPF.
–Haz todo lo posible. Si logro alcanzar los 30 millones, la vicepresidencia del Cabildo no me la quita nadie.
–Qué orgulloso estoy de ti, Chiqui…
–Llámame Manolo, Jose.
–Nosotros somos aves de más altos vuelos, como los cóndores que otean el horizonte en las cumbres de Los Andes. Hasta poético me siento en la suite.
–Pues sí, qué quieres que te diga. Este ambiente pueblerino ya no me hace tilín. Cada día se acrecientan los deseos de abrirme al mundo… y saber lo que es al fin la libertad…
–Con esa voz, con esa afinación, con ese tono sosegado y sostenido…
–Me sonrojas, Jose.
–Dejémonos de pollabobadas y… Vale, haré lo que pueda. Yo creo que se la podemos meter a Mariano sin que se dé cuenta. Le daremos la vuelta a la tortilla con el ahorro de Gorona… Dalo por hecho.
–Una última cosa, Jose. Y corto por si la oposición investiga el gasto telefónico. ¿Y si el año que viene nos vamos a cazar antílopes en el delta del Okavango? Que aquí no hay ni conejos.
–Pues lo mismo Grumasa piensa abrir algún hotel en Botsuana. Indagaré. Bueno, Chiqui, perdón, Manolo, me pongo a ello.
–Gracias, Jose, sabes que aquí tienes un puntal.
–Ja, ja, como la publicidad de San Isidro: Eres un puntal. Dale a me gusta.
Cualquier parecido con la realidad NO es pura coincidencia. Hasta mañana.