lunes, 28 de septiembre de 2015

El rabogato

No, lo siento, el análisis de las elecciones catalanas (plebiscito) es, debe ser, tarea de analistas de mayor porte, de esos que salen por la tele y lo dominan todo. También existen en mi tierra, es decir, en mi norte, como no podía ser menos. Que portentos hay de aquí a La Victoria, incluso más lejos.
Tampoco me voy a detener en una destacada información de El Periódico: “La policía mata a un hombre en silla de ruedas que quería suicidarse”. Porque solo se me ocurre manifestar: ¡Vaya ayuda!
Vamos con el asunto de hoy: el rabogato (Pennisetum setaceum). Planta que se ha adueñado de extensos territorios en esta isla (creo que en La Palma también está haciendo de las suyas; ya entró por La Caldera como Pedro por su casa), como acabará por hacerlo la ardilla en Maxorata, y en cuyas labores de extinción no se están luciendo los técnicos medioambientales que pululan por los organismos oficiales.
Hace unas semanas comentaba algo al respecto en una red social, pues me tropecé, en una de los pateos diarios, con unos operarios en la zona de La Higuerita haciendo todo lo contrario a lo que la propia normativa gubernamental establece.
Así que me fui al Boletín Oficial de Canarias y, en su número 120 del año 2014 (aquí te dejo el enlace por si quieres profundizar en el tema: http://sede.gobcan.es/boc/boc-a-2014-120-2753.pdf), hallé, entre otros aspectos, lo siguiente:
Eliminación del rabogato
Primero se eliminan las partes florales de la planta, siendo esta la acción más delicada del control. Se intentará realizar la actuación en un periodo donde la floración no sea máxima ni el viento excesivo ya que la intención fundamental de este primer paso es evitar a toda costa la dispersión de las semillas del rabogato.
La mejor forma es reunir cuidadosamente las espigas de la planta, embolsarla [sic] superiormente cerrando la bolsa por la parte inferior y luego cortar los fascículos. Cuando esto no es posible por el tamaño del ejemplar, se cortan las espigas cuidadosamente con tijera y se introducen en bolsas evitando la dispersión de las semillas. Para evitar esta dispersión, el ejemplar con el que se trabaja puede cubrirse lateralmente con una pantalla plástica semicilíndrica como las usadas en la aplicación de herbicidas.
Se intentarán recuperar las semillas que pudieran haber caído al suelo. Esta acción, mejora significativamente el éxito de la actuación y el esfuerzo de actuaciones posteriores de mantenimiento o erradicación de la especie.
Una vez eliminada [sic] las espigas y sus semillas se procede a desenterrar la planta manualmente o usando azada, recogiendo todos los fragmentos de raíces que se adviertan. Las raíces también deben ser embolsadas.
Prácticas desaconsejables
El uso del fuego es totalmente desaconsejable ya que la especie es pirófita y sus restos y propágulos rebrotan tras la quema de manera vigorosa, facilitando aún más su propagación en el territorio.
No se utilizará maquinaría [sic] o herramientas mecánicas tipo desbrozadoras o sopladores, etc. en la eliminación o el control de Pennisetum setaceum.
Las actuaciones sobre el rabogato no deben realizarse de forma localizada y puntual, si no [sic] continuada en el tiempo de manera que pueda controlarse el rebrote de la especie.
Mil excusas por la extensión del texto reproducido, pero entendía que era menester. Y si tú lees la Orden al completo te llevarás más sorpresas. Lo que viene a demostrar que las normas se inventan para incumplirse.
La elegante desbrozadora que manejaban los trabajadores del servicio de mantenimiento de carreteras del Cabildo los días que ‘limpiaron’ el tramo por el que los amigos del colesterol caminamos desde El Castillo a La Vera, en unas tardes en que la ventolera soplaba de lo lindo, sin recoger restos algunos (es más, barrían con la ‘sopladora’, o como demonios se llame), mandaba al traste toda recomendación. Esperemos unos meses apenas y tendremos la oportunidad de poder disfrutar de ingentes cantidades de plantas ornamentales. Tan frondosas como las que lucen en el solar anexo al HUC.
En unas huertas abandonadas que existen en la zona citada, compruebo que han utilizado el método del fuego. Otra de las prácticas desaconsejables, según has podido captar antes. Aquello se va a poner como una alfombra.
Resumimos: Nos atiborramos de leyes, decretos y órdenes. Son tantas las que atesoramos que, a veces, se nos olvidan y las repetimos para justificar sueldos parlamentarios. Luego, a la hora de ponerlas en práctica, de hacer realidad aquello que un día de tiempos pasados nos iluminó el camino del buen hacer, nos percatamos de que carecemos de los medios adecuados. Y recurrimos al recurso de casi siempre: chapuzas al mejor estilo. Aspecto en el que somos verdaderos especialistas.
Hasta mañana. Y otros mes que se aproxima a su final. Y el Imserso sin aclararse. Esto es un sinvivir.