martes, 29 de septiembre de 2015

Tejiade

Desolador panorama el de ayer lunes. Tras la ojeada diaria a la prensa digital, y tras el acopio informativo de la noche anterior, parecía que era Cataluña el epicentro de todos los movimientos convulsos. Quizás de las dos cataluñas: la del tira y la del afloja. Y ya está.
En la madrugada del domingo al lunes, a eso de las tres y cuarto, de desperté. Aproveché la ocasión para subir a la azotea. El eclipse se hallaba casi a punto de nieve. La superluna (yo la vi del mismo tamaño que siempre), eso sí, se mostraba rojiza. Pero nada más allá de lo que la naturaleza dicta. O los medios se encargan de magnificar los acontecimientos normales o yo me estoy poniendo viejo. Dejémoslo al cincuenta por ciento. Las modernidades señalan que hay que pedir un deseo. Como con las estrellas fugaces. A este paso, tendremos que hacerlo, igualmente, cuando aparezca un ratón en casa, o una cucaracha. O haga caso el ayuntamiento a las demandas de la Asociación de Vecinos Cañaveral, única del municipio que la observo reivindicativa.
Sí, triste, mucho, el amplísimo despliegue habido para con unas elecciones a un parlamento autonómico. Que derivó en derroteros tan extraños que al final ni los unos ni los otros proclamaron qué hacer con las necesidades del pueblo catalán. Incluyendo a Messi, claro. Y ya está, otra vez.
Así que me refugié en mi Gomera querida. Isla que no se queda al margen de los avatares políticos. Muy al contrario. El actual alcalde de La Villa, perteneciente al partido de Casimiro (ASG), y antes consejero del PSOE en el Cabildo Insular, debió olvidar todo lo acontecido años atrás y sale en defensa del deprimido núcleo de Tejiade y de cómo no hay derecho a que sus habitantes (van por las fiestas y algún día a la semana a atender a los animales) no dispongan de alumbrado eléctrico en pleno siglo XXI.
Me causa tremenda gracia cuando un cargo público cambia de chaqueta. Corre tupido velo al acontecer pretérito y pretende hacernos ver que él es nuevo como la formación política recién creada. Muchas veces a su imagen y semejanza. Dejan de ser partícipes de errores habidos en el pasado y renacen, cual ave fénix, cantando alegremente el famoso estribillo de aquí no ha pasado nada.
Porque he leído su carta, o artículo de opinión, que los digitales de aquella isla reproducen, y brinco sobre una pata sola. Como las cabras de Tejiade. Esta apariciones de vírgenes inmaculadas me da que en política constituyen una farsa en toda regla. Que nada tiene que ver con la luna descrita unos párrafos atrás. Y el señor nuevo alcalde no debe ser ajeno a cómo los enfrentamientos de su eterno jefe (por mucho lifting y barniz de juventud impoluta) y el anterior presidente de la corporación municipal, provocaron extrañas combinaciones explosivas. De las que este núcleo citado, normalmente deshabitado, no fue ajeno.
A veces, las palabras se las lleva el viento. Otras, el mismo aire que se las llevó las devuelve. Con Tejiade, quizá pase lo mismo. Promesas de electrificación, proyectos y denuncias ante la opinión pública. Todo lo que sea solucionar un problema, es y debe ser motivo de atención por parte de un cargo público. Ahora bien, manipular o tergiversar forman parte del vocabulario que más de uno debería desterrar de la política.
No creo que con estas frases, tan inconexas como divagadoras, se llegue a feliz término, se solucione el problema, motivo de atención del cargo público, como bien alude. Porque no me queda demasiado claro que no esté usted cayendo en la trampa de tergiversar asimismo. Y mucho, tal vez.
Se han encontrado con pocos datos y escasa información. Entonces, ¿hay o no proyecto? Porque me deja en treinta y tantos con lo del proyecto actualizado para conseguir un coste real. “Debemos trabajar de manera coordinada Cabildo y Ayuntamiento con el objeto de solucionar una situación que jamás debió producirse”. Magnífico, pero, y perdone que insista, ¿dónde estaba usted los cuatro años anteriores? ¿O se va a escudar en que como llevaba otra competencia no se enteró de nada? Que suele ser recurso manido.
“Los vecinos no se merecen la demagogia de parvulario que algunos siembran”. Pues predique con el ejemplo y no caiga en más de lo mismo. No alegue ignorancia, salvo que Casimiro sea muy suyo y se calle como un tuso. Algo por lo que no se caracteriza, precisamente. Qué frágil memoria en los avatares madrileños del senador Curbelo y la creación de la plataforma sustitutoria, de la que su propia familia fue parte muy activa.
Además, permítame, en mi calidad de docente, que le corrija de plano. Si por algo se define un alumno, y máxime de esa etapa de párvulo, es por su firmes convicciones en lo que manifiesta. Es la edad de menos demagogia en toda su existencia. Esa flaqueza comienza algo más tarde. Y se agudiza, a los hechos me remito, cuando al individuo se adhieren etiquetas externas. Como la de cargo público, por ejemplo. Si en Tejiade hubiese habido un buen vivero de votos, ya tendría electricidad desde ha bastante. Asfaltados a ninguna parte, aparentemente, son buena muestra de otras andanzas gomeras. Algo de lo que tampoco puede esgrimir falta de conocimiento.
¡Oh!, yo pasaba por allí. Qué lince, qué olfato. Yo soy yo, y mis circunstancias, ustedes, a propagar mis excelencias con dobletes, dobles y medios, con o sin soda. Pobre Tejiade, muy a tu pesar te siguen utilizando.