miércoles, 30 de septiembre de 2015

Lamentos

No es agradable finalizar el mes de septiembre con este titular, pero es que me obligan, oiga, me obligan. Puesto que desde 1987, año que motu proprio abandoné la política “activa” y me dediqué a la pasiva (que te crees tú eso), tengo la impresión de que los políticos son cada vez más torpes. O lo mismo no es una impresión sino una triste realidad. Puede que la masiva presencia de medios de comunicación y la obsesión por acaparar pantallas, planas y espacios radiofónicos, haya conducido al marasmo actual. Si añadimos la presencia virtual que Internet nos brinda, estamos abonando generosas cantidades de euros para que los cargos públicos luzcan palmito.
Nos despertamos ayer con el canto lastimero de Manuel Domínguez, mi alcalde. Tuvo que ir temprano a la capital y se vio sumergido en la vorágine. Cayó dentro de la cola casi sin darse cuenta. Y recurrió al face para revelar tamaña desazón. Lo mismo cometió una infracción al soltar las manos del volante y desviar su atención siquiera por unos segundos.
Tenía una cita a las siete y media de la mañana. No descubrió si debía ir al médico o si el motivo de la convocatoria era para atender labores por las que cobra o por las que figura. Porque un servidor ya se está calentando. Y perdone por ser tan expresivo. Pero voy a formar una plataforma de realejeros para negarnos a pagarle ni un céntimo más por ejercer de presidente insular de su partido. O por consejero insular a la espera de las próximas elecciones generales y que caiga la breva. Estoy casi hasta los mismísimos, Manolo. Y lo peor es que un día de estos, Adolfo va a explotar también.
La cola, sin duda alguna, es culpa de los otros. Del Cabildo y del Gobierno, hasta que el pacto cambie. En ese instante, la pena será cargada por los hombros de la fuerza política descabalgada. Que se supone el PSOE, claro. Este es su cuarto mandato en el Consistorio de la Villa de Viera. En ese tiempo usted no debió trasladarse a Santa Cruz. Porque ni vio nada ni escuchó nada. Ni siquiera cuando su partido formaba pareja con Coalición Canaria en estas ínsulas periféricas. Mientras, usted no se percató de las sajadas presupuestarias que sus jefes madrileños infligían al convenio de carreteras. Usted ha estado ciego hasta que ayer por la mañana despertó en medio de tanto vehículo atascado.
No me jodas más, alcalde, y ponte a trabajar. Tú eres tan culpable como el que más. Aquí no se salva nadie. Unos por acción y otros por omisión. El uno por el otro y la casa sin barrer. Los alcaldes del Norte parecen haber sufrido una transformación total de manera repentina. Y llevan la tira viendo, y permitiendo, el desaguisado. Si tuvieran un mínimo de decoro y dignidad, se callarían la boca. Porque ya está bien de tanta sandez.
Hace dos días, el presidente del Cabildo, ese que va a Madrid con una consejera popular (¿por qué?) a desatascar la lata del gofio, recurre, asimismo, a los artículos de opinión. Entre hablares, decires y escritos, cada vez obstruimos más el conflicto de tráfico. Y lo cito porque usted, como tiene la sensación de ser más partícipe del gobierno que de la oposición (¿se acuerda de la entrevista, no?) deberá comulgar, en consecuencia, con las múltiples variantes que le dio al verbo DEBER (que no HACER): debemos promover, debemos ser conscientes, debemos hacer, debemos terminar, debemos trabajar, deben consensuarse… Sí, todas en el mismo comentario.
Y creo que debo dejarlo ya. Porque dar pábulo a tanta inoperancia, no merita la pena, que decía la abuela. Vamos con el segundo lloro:
Al tener conocimiento de los nombramientos de anteayer en el Consejo de Gobierno de Canarias (tres viceconsejeros), no sé si estoy metiendo la pata en estas entradas de mi blog. Si esta es la renovación, manido argumento de cualquier político que se precie (Patricia Hernández entre ellos y ellas), deberé guardar prudente silencio no sea que un día de estos me sorprendan con una llamada al móvil y me ofrezcan algún complemento a la pensión.
Tendría que estar felicitando Rafael Yanes, amigo desde la lejana década de los setenta del siglo pasado cuando concluimos estudios de Magisterio. Pero conoce a la perfección que no me caracteriza la falsedad. Y como lo vi contento con su jubilación en la comida de la promoción el pasado mes de junio, me llevé una sorpresa. Bueno, a medias. Y yo me entiendo.
Como José Francisco Armas entra igualmente en el lote, se me ocurre solicitarle a Inocencio que no siembre más mangas en La Galana. Y ten la maleta preparada (la mía ya está) porque más tarde o más temprano se van a acordar de nosotros. Ya que las agrupaciones locales entraron por el aro en la designación de candidatos para Congreso y Senado, hasta más joven me siento. Y como gozo de la ventaja de estar poco desgastado, ya me veo de nuevo en el Comité Regional, trampolín para escalones de superior rango.
Y el tercer lamento:
Ayer inauguró Rajoy otro tramo de los trenes de alta velocidad. Y fue durante buen trecho en la cabina del AVE. ¿A quién se le ocurrió dejarlo pasar? Si es un cenizo, se lo carga todo. Además, está prohibido, puede distraer al conductor con sus platos y vasos. Menos mal que el operario se puso en sus trece cuando le pidió tocar unos botones. Eso, menos mal
Bueno, amigos, mañana estaremos ya en octubre. A ver si encontramos contenidos más alegres. Tendré que hablar con el tocayo Farráis para que me enseñe otras ópticas.