martes, 8 de septiembre de 2015

Listón alto

Soy de la opinión de que siempre debe ponerse así. Máxime en política. Faceta en la que la ejemplaridad debería ser bandera. Yo la he comparado en reiteradas ocasiones con el Magisterio (con mayúscula). Porque un verdadero maestro es el espejo en el que se miran sus alumnos.
La aparición en la escena pública de los denominados partidos o formaciones emergentes ha desatado múltiples comentarios. Y han sabido canalizar el descontento de la población con aquellas consignas que los ciudadanos necesitaban (querían) escuchar. El éxito obtenido en anteriores, pero recientes, convocatorias electorales se basa, fundamentalmente, en mensajes de coherencia, ética, compromiso. Algo que aplaudimos sin reserva.
Lo malo es que cuando se trata de llevar a la práctica esas incuestionables lecciones programáticas, comienza una carrera de obstáculos. Ya se sabe que del dicho al hecho va largo trecho. Y si tu capítulo de buenas intenciones es maximalista, sabes que te expones, porque te vigilan con lupa, a un escrupuloso control. De tal manera que si te desvías lo más mínimo, no habrá conmiseración posible.
A unos meses apenas de que impolutos aspirantes dejaran de serlo al acceder a puestos de extremada responsabilidad, vienen ocurriendo episodios que hacen tambalear esa magnífica teoría. A la casta, a la vieja política se le criticaba el enchufismo. Esa peculiar forma de contentar a los allegados con puestos en un entramado de amiguetes y familiares.
Hace escaso tiempo la alcaldesa de Madrid (cercana a Podemos cuando a la cúpula le interesa y distante en caso de que Carmena entienda que puede haber aprovechamiento por los Iglesias, Echeniques y Errejones) nombró coordinador general de alcaldía a un sobrino político (casado con una sobrina, entiéndase el calificativo), al señor Luis Cueto.
Pues bien, parece que la señora jueza, ahora en funciones más ejecutivas, siente debilidad por dicho nombre (Luis), ya que acaba de proponer al padre de la portavoz del ayuntamiento, Rita Maestre, como subdirector general de Atención al Contribuyente en la Agencia Tributaria madrileña.
No dudo de las altísimas capacidades de ambos (son funcionarios) para desempeñar las respectivas ocupaciones. Pero no me basta la explicación de que no se incrementa la plantilla con la creación de un cargo ad hoc. Porque en un consistorio en el que desarrollan su labor miles de personas, seguro que habrá otro con mayor cúmulo de méritos. Y al final uno se queda con lo de que el peso familiar ha sido el que más ha puntuado en la designación. Lo que no se diferencia de la explicación que daban los tradicionales ante hechos semejantes. Por lo que, en lógica consecuencia, fallan los cimientos argumentales. Y aflora lo del todos venden lo mismo.
Pude escuchar las explicaciones de Echenique a este respecto y no fui capaz de hallar razones convincentes. No diferían gran cosa de las que me podía señalar Aguirre. Y si PP y PSOE tardaron décadas para conseguir ese galardón de casta, a los nuevos e inmaculados parece que les ha bastado con unas semanas.
He observado en estos días que desde círculos cercanos a estos movimientos aquí en Canarias, se propone eliminar los certámenes de belleza. Se alega, entre otras consideraciones, anacronismo, incongruencia, respeto, dignidad… No ven a uno de sus alcaldes o concejales colocando la banda a la Miss o al Mister. ¿Seguro? ¿Han mirado bien y han repasado toda la casuística? ¡Ay!, qué fácil se vislumbra todo desde la borda del estanque.
Como hemos escrito de moral, conducta, comportamiento, en suma, procederes, no entiendo que una parlamentaria canaria, que dispone de una pensión de viudedad de 19.099,42, cobre por su actividad política 62.668,92. Ya sé que es compatible, pero que no se me ponga en una foto al lado de una señora que lo pasa muy mal. No ha mucho, no. Predique con el ejemplo y déjele unos miles de euros en vez de sacar tajada de situaciones de ignominia.
Si me permiten, y si no lo escribo igual, dos puntualizaciones, relacionadas con la actualidad, para concluir:
No entiendo los vuelos de reconocimiento para bombardear o los bombardeos humanitarios. Que parecen ser posibles soluciones a esta grave crisis del conflicto sirio.
Como teníamos poco entretenimiento con el síndrome postvacacional de los adultos, acabo de leer que la crisis de adaptación escolar que sufren los menores los conduce a un estado de nervios y ansiedad.
Lo que es no tener nada que hacer.
Hasta la próxima.