jueves, 17 de septiembre de 2015

Vallamos pues por partes

Ni me he vuelto loco ni intento llamar la atención para que se incrementen las visitas al blog. El título en cuestión forma parte del escrito del juez Enrique López en el que argumenta su negativa a abstenerse en el denominado caso Gürtel. Aquellos que lo recusan se basan en su nombramiento como vocal del Consejo General del Poder Judicial y como Magistrado del Tribunal Constitucional a propuesta del Partido Popular. Formación a la que siempre le ha agradecido públicamente tales consideraciones. Vamos, que simpatiza con las huestes de Mariano. Pero aquí lo de amistad o enemistad manifiesta, a mí plin.
No me extraña lo más mínimo que al susodicho se le trabuquen los dedos en el teclado, porque no hemos de olvidar que fue cazado conduciendo una moto, sin casco y con unas copas de más. Ni vio el semáforo rojo que tenía delante.
Tampoco debe extrañarnos el alto dominio ortográfico que se cuece en las instancias judiciales. Recuerden que fue pillada el acta manuscrita de la sentencia, cuando un jurado popular declaró no culpable a Francisco Camps, con unos elegantísimos faborable y a deliberado. Y con esa manera de deliberar, a nadie extrañó que el señor sonrisas se carcajeara de todos nosotros sin devolver un regalo.
Este pasado martes se reunió la ejecutiva regional de PSC-PSOE. En las fotos que se han publicado nos tropezamos con el senador Julio Cruz. En alguna de ellas, bien entretenido con su móvil. Me imagino que el nuevo, el que debieron entregarle en Madrid. Y te preguntarás: ¿Y qué? Y yo: ¿Cómo que y qué? ¿Tan escaso tiempo en la capital y ya aprendió a escaquearse? ¿Qué hace en Canarias un martes por la tarde?
La actividad parlamentaria se reduce, como mucho, a hacer acto de presencia (a fichar) los martes, miércoles y jueves. Los lunes, por ejemplo, se reúnen las comisiones ejecutivas nacionales de todos los partidos. Y como diputados y senadores forman parte de tales órganos, los imbéciles (inclúyete, que ya yo lo hice) les estamos pagando por dedicarse a menesteres que deberían realizar sin tener que interrumpir al trabajo, es un decir, por el que cobran un generoso sueldo. Así que don Julio nos está demostrando el valor exacto de una cámara inútil. Y aprendió rápido. Bueno, ya él iba con un bagaje experimental bien surtido.
Por eso, don José Vicente, no me venga con cantos de sirena en la intención de renovar el Senado. Pero, y esto me duele más, es que jóvenes (doña Olivia o don Jonay) se suban al carro de los despropósitos, cuando lo que deberían hacer, para darle credibilidad a la organización, es una propuesta de reforma constitucional en la que se contemple su disolución. Que es el sentir generalizado de una sociedad que la sigue pasando canutas, mientras se despilfarran dineros para no hacer nada. Sí, esta cámara no aporta un miligramo a esta democracia tan necesitada de valores; no vale un céntimo. Y esas aspiraciones vienen a confirmar su utilización como refugio, como salvavidas (políticas). De perdedores, normalmente, en otros ámbitos.
La tenía, y quiero seguir haciéndolo, en mucha estima, aun sin conocerla de nada, doña Olivia. Pero nos queda el amargo sabor de que al no haber funcionado el pacto en Arico (y CC exigiendo a los herreños, cuánto cinismo), se intenta volar más alto para olvidar sinsabores, traiciones y demás. Que no, no discuto su valía (ni la de nadie), pero luche en su pueblo para ganarse el favor de sus habitantes y arrasar en las próximas. Este intento de desembarco en una institución cada vez más puesta en solfa, solo desvirtúa su trayectoria. Se lo dice un viejo que viene contemplando atónito el pasacatre socialista desde aquel lejano 1987 en que decidió volver a las aulas desde una posición bastante cómoda. O atractiva, al menos.
Repulsa generalizada por el ataque vandálico al coche del portuense Marco González. Se lo rayaron y le rajaron las cuatro ruedas. Eso parece. Consecuencia, quizás, del encono surgido en una noble ciudad, abierta, cosmopolita y tolerante. De los lodos de un costado del Barranco San Felipe, los barros que se extienden por la geografía municipal hasta más allá del de Martiánez. En las redes sociales, un sinfín de adhesiones. Como no podía ser menos. Echo en falta una. Muy significativa. De alguien que fue condenado por hacer lo mismo. Y que perdió con el ahora portavoz en el ayuntamiento en la disputa por la nominación. Y que aspira a dar notable brinco a tierras peninsulares. También como joven sobradamente preparado y con la intención de realizar profunda transformación del Senado. Qué apetecible se ha vuelto.
Anteayer todos combatimos el Toro de la Vega. Se esgrimieron muchísimas lanzas. Dardos por doquier. Aquellos, los más, que abominan del macabro espectáculo, con amplísima profusión de fotografías y vídeos. Retratos del asesino leonés e imágenes de las matanzas de humanos por los astados maltratados. La legítima defensa de unos animales enfurecidos que cornean a diestro y siniestro. Acabemos con este circo. Pero con más circo. Morbo a la enésima.
Facebook se plantea poner un ‘No me gusta’ para los comentarios de los usuarios. Lo entiendo necesario en determinados pasajes. Como somos un país raro, me temo que vamos a tener más enemigos que amigos. Y veremos cómo de las controversias surgirán más memeces que sentencias dignas de crédito.
Por todo lo expuesto, les juro solemnemente que el titular de este comentario iba a ser ‘Un país de contrastes’. Aunque puede que el señor magistrado me ayude a un par de lecturas más, por lo que le quedo sumamente agradecido. Y me pongo a su deposición, por si necesita otro corrector.
Hasta mañana.