jueves, 29 de octubre de 2015

Inmersos

Aunque vaya del Imserso, el titular está bien: Inmersos. Porque la situación actual lo requiere. Y van en este año unas buenas cuantas. Me refiero, obviamente, a convocatorias electorales. Resta la traca final el próximo 20 de diciembre. Ha sido el marrón, perdón, el turrón con que Rajoy pretende despedirse de los suyos. De los otros ya lo hizo mucho tiempo atrás.
Leo que el Gobierno se moviliza para salvar los viajes de un millón de jubilados. Ya saben que esta temporada el concurso de adjudicación de las plazas que se ponen en liza ha sido de lo más entretenido, a la par que chapucero. Pero discrepo del planteamiento periodístico. Al Partido Popular, de no haber elecciones de por medio, bien poco se le habría importado que los viejos se quedaran en casa. Y así contribuían a la recuperación de un país que navega viento en popa y a toda vela.
Sostiene el informador que se ha hecho todo lo posible ante este litigio entre Mundo Senior y Mundiplan para calmarnos los nervios, al tiempo que disminuir la tensión con los hoteleros que ven peligrar negocios y puestos de trabajo. Me creo lo segundo, pero no tanto lo primero.
Mi actual escepticismo me indica no tenerlo tan claro. La tropa del gallego no está preocupada por nosotros. Diría que más bien por ellos. Un caladero tan importante de votos bien merece un respetito. Y como los pensionistas ya estamos más para allá que para acá, pensarán los dirigentes que hemos perdido el tino hasta el punto de agarrar su papeleta y depositarla en la raja que tú sabes. Un error lo comete cualquiera.
En Canarias ya somos 293.819. Imagina que nos pusiéramos de acuerdo y nos decantáramos todos por el mismo partido. Si el PSOE fue el más votado en las pasadas autonómicas del mes de mayo con 180.000 votos, me dirás si no constituimos un mercado apetecible. Máxime cuando el mundo de la comunicación se empeña en retratarnos como viejos bailongos que no sabemos hacer otra cosa que rehabilitar la artrosis con movimientos sexis. No niego que sea la ilusión de bastantes, pero no olvidemos que el tejido neuronal, gracias a los avances de la medicina, no se hallan tan deteriorados como para convertirnos en autómatas. Oh, fíjate tú que muchos manejamos ordenadores y todo. Y accedemos a Internet cual avezados navegantes.
Mariano sabe que se la juega. Si gana (cruz perro maldito, que me equivoque), será su éxito personal. Si pierde y no puede continuar en La Moncloa, será devorado por los mismos que hasta ahora le han hecho carantoñas. Ha sido capaz en estos últimos días de no abusar tanto del discurso en el papel. Hombre, chuletas sigue llevando. Y con letra más clarita que la suya. Lo malo es que no se baja del burro y sigue empeñado en vender éxitos que solo él ve. Bueno, y los que deben seguir al pie de la letra el manual. Pero salió del plasma. Algo es algo.
Estamos en una situación inmejorable. El paro se ha reducido hasta cifras equiparables a cualquier país de la vanguardia europea. La caja de la Seguridad Social rebosa y el Fondo de Pensiones alcanzará para llegar al año 3528 sin mayores agobios. Los contratos de trabajo han permitido que cualquier obrero disfrute de dos meses de vacaciones con retribuciones que jamás se han conocido en la nación. Nadie ya lo pasa mal ni se ha quedado en el camino. Cualquier enfermedad grave es tratada al día siguiente de su diagnóstico en todos los hospitales públicos, sin excepción alguna. Por fin se ha cumplido el aforismo de Alfonso Guerra: A este país no lo conoce ni la madre que lo parió.
Tanto ha cambiado la película que el organismo de loterías está realmente preocupado por el notable descenso en las ventas. Normal, para qué ilusionarse con el Gordo si con el confort alcanzado vivimos en completo desahogo. A este paso, El Gato Negro se convertirá en un despacho de pan, que de eso seguimos comiendo hasta que alguno suelte el bulo de que produce cualquier enfermedad maligna.
Yo lo tengo decidido. Esta vez no voy a votar por el Partido Popular. Y espero que este año el mes de la castaña sea diciembre. Ojalá que aquellos cuyo DNI señala que se hallan en edad de viajar con el Imserso, pero que aún sueñan y se fabrican sus utopías, sean capaces de discernir con la cabeza y dejen el corazón para cuestiones de otra índole. Que la racionalidad impere en su ámbito natural. Y como cada vez somos más, y duramos más (como las pilas), va la sentencia final: Compañeros, el futuro es nuestro.
E inmersos en la niebla y en las lloviznas, sin avisos ni alertas, de ustedes atentamente, un servidor. Eso, para servirles. Hasta mañana.