lunes, 26 de octubre de 2015

Sobrados

Estuve la pasada semana en El Hierro y la prueba de tal gira la pueden observar ustedes a través de las diferentes fotografías que vengo colgando en Facebook. Allá me alojé en los Apartamentos Los Verodes (La Frontera), lugar que recomiendo por si tienes pensado darte un salto a la Isla del Meridiano. Y no creas que alertas, alarmas y otros avisos varios impidieron darme mis buenos garbeos, cámara en ristre. Amén de algunas idas y venidas por el sendero del litoral entre La Maceta y Las Puntas. Aprovecho para lanzar el pertinente aviso al organismo competente, creo que el cabildo (espabílese, doña Belén), para que le dé un lavado de cara, ya que las tablas pueden causar algún tropiezo indebido. ¡Ah!, no dejes de ir a comer a Casa Pucho, también en Tigaday.
Ni aun estando de vacaciones, dejan de sorprenderme los políticos profesionales. Van de sobrados. Saben de mi teoría al respecto y que no es otra que la de intuir su pensamiento acerca de los que acudimos a las urnas: creen que somos tontos de remate. Sin percatarse de que, en justa contrapartida, somos, asimismo, acreedores al beneficio de la duda: no ser menos (tontos) que ellos. Como mínimo, iguales.
Carlos Alonso es presidente del cabildo tinerfeño. Leo por ahí que es el futuro de CC. Lo que no entiendo cuando antes militaba en el PP. Por lo que, a mi modesto entender, considero casi parte del pasado. Pero en política, veinte años no es nada.
Francisco Linares es alcalde de La Orotava. Y por tal hecho, representante en no sé cuántas administraciones más. También ostenta la responsabilidad cultural de La Villa. Amén de varios cargos orgánicos en el seno de su formación política. El que vale, vale. El que no, pa´maestro de escuela.
Tanto el uno como el otro, con el aplauso unánime de la tropa, piensan que son capaces de mucho más. El primero irá de escudero de doña Ana Oramas y ocupará el segundo lugar en la candidatura al Congreso de los Diputados. El de Los Cuartos será candidato al Senado. Una actitud vitalista y unas sobradas aptitudes les permitirán compatibilizar múltiples cargos. De tal manera que, como mi alcalde realejero, estarán del tingo al tango de manera permanente con lo que el desprestigio galopante de las instituciones seguirá de culo y sin frenos, haciendo que los contribuyentes estimemos que estar en Madrid de martes a jueves para levantar la mano y a cambio percibir generoso sueldo, es asunto de juzgado de guardia. No, yo solo voy a cobrar un sueldo, alega Paco. Chiquita jeta.
Manuel Domínguez tiene asignado el sueldo más alto que la ley estipula en su condición de alcalde de Los Realejos, mi pueblo. Pero apenas lo vemos por esta otra Villa norteña. Que yo sepa no ha renunciado a los privilegios inherentes al cargo. Como siempre argumentó que posee un altísimo porcentaje de rendimiento y unas capacidades fuera de lo común, se marchó con el incondicional Ledesma a la Cofradía de Pescadores portuense y lanzó increíble órdago a la institución insular: deleguen en mí todo asunto relacionado con el futuro puerto deportivo, comercial y pesquero de La Ranilla porque soy el único que lo puede llevar a buen fin. Así, con esa modestia que caracteriza su gestión.
Los dirigentes de la entidad citada, otrora tan reacios a que se politizara su quehacer y sus instalaciones, reservaron espacio y mesa para que los consejeros populares (Lope se sentó entre el público, no sé si por su reciente imputación o porque no ve claro la posición de dos marineros de tierra adentro que se inmiscuyen en terrenos resbaladizos) lucieran palmito y señalaran al otrora compañero Alonso el camino de vuelta al redil.
Van sobrados, sí. Lo que demuestra mi teoría de que los organismos públicos funcionan solos, a pesar de los políticos. Síntoma inequívoco de que el funcionariado cumple. Y los figurines ya bastante tienen con darse tono.
Patéticas posturas de gentes cuya desmedida ambición no hace sino generar desconfianza. Estamos hartos de dobletes. Algo, o mucho, no funciona en este país cuando se pueden compaginar cargos tan dispares y a la par tan distantes. Mil ochocientos kilómetros no es moco de pavo. La política requiere otra altura de miras. No la choteen más.
Al paso que vamos y comprobando cómo camina la perrita, nada me asombraría que el amigo Manolo se subiera al carro de la novelería y apareciese en la candidatura popular a una de las dos cámaras madrileñas. En cuyo caso le preguntaría a los miles de realejeros que le votaron en mayo próximo pasado (bien sabe él que con el mío no contó) si en su papeleta estaba escrito que podía disponer a su antojo de cuanto cambalache creyese menester.
No, políticos, politiquillos y politicastros, así no. Dedícate en cuerpo y alma (por si los creyentes me lo reprochan) a una actividad. Y jáctate de presumir la dedicación exclusiva durante treinta o más horas al día. Pero no nos tomen el pelo de manera tan descarada. Incluida Nueva Canarias, tan dada a dar lecciones de moralidad y buenas costumbres. Con un señor Quevedo, compañero hasta hace dos minutos de la señora Oramas, que parece la caja del turrón.
Cuantas más demostraciones hagan de su enorme capacidad, mayores muestras de mediocridad están poniendo sobre la mesa. Pero la culpa no solo es de ustedes. Los que estamos al otro lado del cristal debemos quitarnos la venda para decir basta. Y restregar el rostro de tanto carota con los mismos trapos sucios con los que ellos friegan el suelo de nuestros derechos.
¿Sobrados, capaces y aptos? Seguro que no. ¿Ineptos? Rotundamente, sí. Nosotros. ¿Y ustedes? También.