martes, 3 de noviembre de 2015

CC

Este titular, que ya debí utilizar en algún artículo, se presta a mucho juego. Máxime cuando con la foto el lector podrá inclinarse por Coalición Canaria. Pero no debe ser así necesariamente. Porque ahí tenemos al inefable Casimiro Curbelo. Quien en su dilatada trayectoria ha demostrado enorme sabiduría en el manejo de causas complicadas. Claro que no se quedan atrás los Ciudadanos en Canarias, inmersos en las burbujas de encuestas que navegan por los aires borrascosos actuales, con cambios hacia ese añorado centro ideológico tras una metamorfosis complicada desde la derecha más recalcitrante. Y nos somos ajenos en ambientes cercanos de tales situaciones.
De todas maneras, el que suscribe estas líneas recuerda aquellas primeras prácticas semiclandestinas en calles poco transitadas de urbanizaciones o carreteras secundarias (por no mentar terciarias), previas a la obtención del carné de conducir, cuando mi padre, escuchando los bufidos del coche, te espetaba con ligeros tintes de enfado, rayando el cabreo: Cambia, coño.
Empecemos con los personajes de la fotografía. Doña Ana Oramas, más de tres décadas en política, cara visible de la necesaria renovación, entiende que la presencia de CC en las Cortes será determinante. Ella, que sabe mucho de estancias madrileñas, añora un pasado glorioso de ese tinglado que dice ser nacionalista. Y sueña con obtener dos diputados en la circunscripción de Santa Cruz de Tenerife. Eso dije, sueña. Lo mismo debe levantarse el 21 de diciembre, desayunarse e ir a la oficina del paro. En Las Palmas, después de la rajada de Nueva Canarias, las expectativas están más bajas que el fondo de la Caldera de los Marteles.
Don Francisco Linares, Paco para los amigos, que aporta aires renovados (solo lleva unos veinticinco) y que nos quiere demostrar que es posible compatibilizar el cargo de senador con el de alcalde (Dóniz se frota las manos porque puede ver alcanzada la meta tras casi cuarenta), suelta ante la concurrencia que “no queremos ser oyentes en Madrid, sino ser imprescindibles”. Te has lucido, villero. ¿Para dónde mirabas cuando soltaste la perla? ¿Insinúas, acaso, que Zerolo iba dormir? ¿Y de salir tú, más que improbable como se vislumbra, piensas dar prestigio a una cámara a tiempo muy parcial? ¿O solo vas a ir a los plenos? Y no sigo porque se me agota el espacio con interrogantes. Un consejo. No se rían del electorado. Ni van a ser indispensables ni estamos ante unas elecciones locales donde el voto agradecido funciona en La Orotava casi como el derecho de pernada de no tan pretéritos tiempos. Que no vas a salir. Y si Ana alcanza el acta será de chiripa. Te soy sincero al indicarte que me gustaría que no sacaran ni el reintegro a ver si se les acaba la bobería de creerse necesarios para rotos y descosidos.
Vamos con Casimiro. Otro novato en estas lides. Se nos fue a Las Nieves a seguir llenando estómagos y tras dar a conocer su último descubrimiento, una persona preparada y con conocimiento, dijo: “En cuatro meses la voz de La Gomera se ha escuchado más en el Parlamento que en ocho años representada por otros partidos”. Y se quedó mirando El Teide. Como si fuese otro neófito más.
Yo tenía pensado irme para allá una temporada y solicitar el ingreso en la nueva formación. Como hay una cuchipanda cada dos por tres, lo mismo me ahorro unos euros en comida. Aunque ignoro si cada participante debe aportar algo o todo corre por cuenta del jefe. O del Cabildo. O del Parlamento. Que en cuestión de dietas me pierdo. Cuando estaba en el ayuntamiento de mi pueblo fui en cierta ocasión a Madrid a firmar unos papeles para un crédito y me dieron en Intervención un par de mil pesetas para comer. Como uno estaba más flaco en aquel entonces, no me gasté todo aquel capital y al regreso devolví el sobrante con mayúscula sorpresa del personal que trabajaba en aquella dependencia. Igualito que ahora.
Claro que con estos precedentes, muy difícil tendré el equipararme al ciudadano Casimiro, habitante de una isla menor (expresión que usa él, que no yo) en lo de empezar a sentirnos iguales. Por mucho que viva no voy a lograr el patrimonio del que otros pueden presumir. Y no conseguido con la venta de miel de palma. Dado que estos artículos o comentarios no son pagos (el reconocimiento de mis estimados seguidores aún no cotiza en bolsa), ya me dirán que porvenir me espera incluso viviendo en una isla mayor.
Hasta mañana.