martes, 10 de noviembre de 2015

Jonay

Vuelve Ángel Jonay Rodríguez López a la carga. Me condenaron por una falta que no cometí, declara al periodista que lo entrevista. Pues échele usted la culpa de lo que pasa a los jueces que dictaron las sentencias o a su abogado defensor. Fui apoyado mayoritariamente por las agrupaciones locales. Y se lanzan a las redes defensores y detractores para dar buena muestra de la coherencia de un partido que pretende gobernar. De una formación que vendió la lavadora ha demasiado y se dedica a ir a los lavaderos públicos a destapar vergüenzas y airear intimidades.
No es nueva la canción, no. Parece que tres décadas después de aquellos años gloriosos de la década de los ochenta, el enfermo empeora. Las agrupaciones, y a los hechos me remito, tan escasas de militancia como de ideas, elevan candidaturas que incumplen los códigos éticos (por lo visto los impuse yo que llevo en paro desde que abandoné el ayuntamiento de mi pueblo) y los miembros de los comités encargados de supervisar estaban viendo un partido de fútbol al tiempo que debían analizar concienzudamente. Con estos mimbres y con tales actitudes se explica que Rajoy, único presidenciable que desconoce la que significa renovación, mantenga el tipo tras cuatro años de flagrantes incumplimientos.
Una televisión local –qué avispado estás, Pepe– y este invento de las redes sociales me han dado pie a otra aparición en “mi” medio para la enésima llamada a la cordura. Cuando uno forma parte de la plantilla de un equipo de fútbol, no puede dar la pataleta de turno cada vez que el entrenador lo cambia o no lo alinea. Y estar en el censo de un partido político se ha convertido, por tantos y tantos ejemplos a citar, en un reiterado vaivén y trasiego. O escalo peldaños y ocupo lugar destacado, y remunerado, o me voy. Pero no se marchan para casa. No, directamente al medio de comunicación más cercano o a la formación que le prometa lo que el otro le negó.
Como ya juego con la ventaja de mi “hemeroteca” particular (archivo del blog), me remonto al 24 de mayo de 2010, a un artículo titulado ‘Concejal rayador’. Del que rescato:
Quisiste jugar a lo que no debiste. Quisiste emular a quien te puso en solfa. Quisiste batallar con armas de destrucción masiva. Quisiste, en suma, sumergirte en el lodazal. Y saliste pringado porque te trincaron con las manos en la masa. ¡Ah!, la justicia es imparcial y ahora se juzgaba una acción concreta. Por supuesto que tan deleznable como las que tú pretendías enmendar. Pero a un político se le presupone, como mínimo, dos dedos de frente. Espero que lo hayas entendido. Y mi objetividad no supone dar carta de naturaleza a otros excesos verbales. Ni justificarlos, porque flaco favor está haciendo a la democracia este ¿periodismo? de lenguas retorcidas y viperinas y ejercido por sujetos sin entrañas y de más que dudosa calaña.
Ni el PSOE ni tú me prestaron el más mínimo caso. ¿A cuenta de qué? Mira el imbécil este que escribe tonterías. Qué sabrá el idiota pueblerino del intríngulis partidario. Como si los votos depositados en la urna cada cita electoral procedieran del más allá. No, lumbreras, todos provienen del más acá. Y con una carga de conocimiento detrás que cada vez se distancia más de aquel borreguismo que ustedes no vivieron. A gente sobradamente preparada le demando más amplias miras.
Y el 19 de febrero de 2011, nueva entrega con ‘De juzgados’:
Te lo repito, Jonay, caíste en la trampa que te tendieron, quisiste emular lo que nunca debiste, quisiste pagar con idéntica moneda y te cogieron. La pringaste y de camino enfangaste a tu partido y a tus compañeros. A qué esperas para arriar velas, para recoger tus bártulos y a practicar tus arrebatos juveniles sin cargo alguno al que denigres. Te has puesto a la altura del betún y has mancillado el honorable puesto de concejal de la manera más ignominiosa. No, te insisto en mi planteamiento de aquel entonces: no justifico con esto otros procederes de quienes se dicen periodistas. Y no porque no lo son ni lo que practican puede considerarse, en manera alguna, periodismo. En su libertad (por supuesto, mal entendida, y pienso que sujeta a las acciones de oficio por parte de la fiscalía, cuya función es la defensa de la legalidad, de los derechos de los ciudadanos y del interés público tutelado por la ley) ‘juegan’, micro en mano, a lo mismo que tú con navaja o punzón. ¿O no, Jonay?
Ahora, si te parece bien, vuelve a pedir asilo político en cuantas emisoras te acojan y ponnos de vuelta y media a los que pretendemos dignificar eso que tú has vilipendiado y que debería enmarcarse con ribetes de oro: la política. De la que tú te has aprovechado miserablemente y a la que con tus actuaciones has hundido en la ciénaga putrefacta en la que sujetos como tú la han convertido. ¿Pena, vergüenza, lástima? No, asco.
Pasan los años pero no los procederes. Qué casualidad. No me valen las justificaciones por mor de presuntas consecuencias de ciertos efluvios. Sí, ya sé que tú no fuiste, pero dos instancias judiciales no creyeron la versión. Cambia, pues, de letrado, Quizás te valga quien lleva las causas (son muchas) de los vituperadores, a pesar de su dedicación exclusiva por El Penitente. Yo pasé hace unos días por La Ranilla y vi lo que vi en horas de trabajo delante de un despacho. O bufete.
Sigue disparando a siniestro y a siniestro. En el Puerto se sabe bastante de creación de agrupaciones electorales. Y la memoria nos trae el cúmulo de éxitos obtenidos. Anímate. Pero espabílate por si se alcanza un pacto diferente en el Consistorio. Tus ‘compañeros’ te lo agradecerán eternamente. En eso consiste la política para unos cuantos en los que debo integrarte.
Reitero, sí, ya sé que tú no fuiste, tú pasabas por allí. Claro, el problema consiste en que ya no cabe la presunción de inocencia. Y lo de que el político no solo debe ser honrado, sino, además, parecerlo, qué quieras que te diga. Echo la vista atrás, a los momentos de Lola como alcaldesa y me quedo patidifuso, anonadado, estupefacto. Es la edad, soy consciente. Aun así, qué pena.
Hasta luego, mis adeptos. Mañana puede que comentemos algo de los consejos de barrio.