lunes, 9 de noviembre de 2015

Pensión y ahorro

O a la viceversa, que tanto monta. ¿Ya acabó la serie televisiva de Isabel y Fernando o Fernando e Isabel? Yo me quedo con la Bodega de Julián. Oh, me llamaron unos cuantos para decirme que me habían visto. Y hace ocho años que abandoné mis labores folclóricas. Lo que dice mucho a favor de las programaciones de la tele canaria. Ya está.
Inventaron un simulador de pensiones y se colapsó a las primeras de cambio. El índice de curiosidad alcanza cotas de morbo. Cuando no estamos seguros de si mañana podemos seguir disfrutando del trabajo, en caso de tenerlo, ¿para qué demonios nos interesa el cálculo de lo que percibirás cuando te jubiles? Estas hipótesis solo conducen a la frustración más dolorosa. ¿Se jubilarán los que anden por los treinta o cuarenta o morirán en el empeño, es decir, antes de llegar a la edad de ochenta y tantos? Que deberá ser la reglamentaria dentro de varias décadas para hallarte en condiciones de percibir la paga. Con el dinero que se han gastado en elaborar la aplicación informática, lo mismo hubiésemos tapado algún que otro agujero de los que abundan en la economía doméstica. Porque la macro, eso dicen, ya crece hasta límites razonables para bancos y empresarios, también turísticos. Basta echar una visual a los balances de resultados de las entidades que custodian los dineros. Entre las que debemos incluir las rescatadas por los que sufrimos la crisis.
Pero estos planteamientos simplistas son pura demagogia. Al decir de quienes sostienen, asimismo, que rebajar los sueldos de todo lo que se mueve en torno a la política supone un porcentaje tan bajo de los presupuestos que no merita la pena menear el particular. Claro que no, para los beneficiarios. Pero el que las pasa canutas sostendrá que grano a grano…
Es curioso cómo aumentan las ofertas para que todo te salga más barato. Las compañías de telefonía, electricidad, seguros y, en fin, tantas y tantas, te inundan con llamadas, avisos y campañas de publicidad para… engañarte de nuevo.
Hace unos días, mientras desayunaba, escuchaba al típico asesor fiscal (¿ustedes se han dado cuenta de que cuanto menos euros tenemos más nos agobian?) que intentaba explicar la nueva factura eléctrica a raíz de la implantación de los denominados contadores inteligentes. Casi me atraganto. Y llegué a la conclusión de que muy pronto tendremos un nuevo máster universitario para descifrar embrollos. Le quise entender (no me hagas mucho caso, por si acaso) que el tramo más caro se corresponderá con el de mayor demanda. Ahora se halla entre las ocho y las once de la noche. Más o menos. Pero que si todos nos ponemos de acuerdo y en ese intervalo no conectamos la lavadora, desenchufamos todos los artilugios de la cocina y, por ejemplo, nos echamos un sueño, poco le importará a la suministradora tal hecho porque en cualquier otro momento se elevará el consumo y por ende las tarifas.
Mientras, el viento sigue soplando, las olas de la mar se mueven y el sol nos envía calor de manera generosa. Pero como Soria no está muy por la labor de que seas tú el que robe (esas energías limpias), no se te ocurra poner unos paneles o un aerogenerador porque te envía a los comisarios de turno para calcular lo que pierde Endesa, u otra, por no facturarte. Y viva el vino. Y Esperanza Aguirre, quien disfrutó en su domicilio particular de alumbrado gratuito y… ni se les cae la cara de vergüenza ni un voltio les produce escozores.
Antiguamente se usaba la bosta de vaca (calefacción natural) para el piso de las cabañas de nuestros antepasados campesinos. Ni lo pienses, porque el ministro (de nuevo número 1 en la candidatura popular en la provincia de enfrente) le manda un impuesto al animal que se lo tendrá que pensar a la hora de lanzar los excrementos. ¿Y por qué no escribes cagar y ya está?
Como estamos casi en vísperas de un nuevo encuentro con las urnas, me gustaría reflexionar en voz alta. Y trasladar a la opinión pública (¿qué será eso?) que es necesario un cambio de verdad en los procederes políticos. Que los cargos públicos tomen conciencia de que deben predicar con todo lo que sostienen en programas y discursos teóricos. Que los importantes somos nosotros y no ellos. Que está en juego nuestro futuro y no su presente. En suma, que no nos engañen, coño, que ya está bien.
Como en el pueblo no me he destacado por dorarle la píldora a los que gobiernan, corresponsables de recortes y sablazos, y aún dispongo de algún canal de información clandestino, parece que se estudia la posibilidad de un añadido a los apartados existentes en el Reglamento de Honores y Distinciones (BOP nº 131, de 2 de noviembre de 1998). Sería el I (i mayúscula, que no 1 en números romanos): Nombramiento de Hijo de P… Para que un servidor tuviera el honor de ser el primero que se colgara tal medalla. No te extrañe. Conversaciones en tal sentido las ha habido. Lo malo es que a uno de los asistentes se le suele ir la lengua en lugares inadecuados. Y se retratan. Que para fotos son especialistas. Y para tomar el pelo. A lo peor a ese uno mentado.
Aprovecho. No puedo dejar pasar la oportunidad. Es tal el control que si eres funcionario o empleado municipal debes rendir pleitesía y no osar inmiscuirte en berenjenales asamblearios. O llevas la papeleta del PP en la boca o eres proscrito. Manu militari. Ellos pueden. Nosotros no Podemos. ¿Quiénes son esos que se atreven a reunirse en lugares públicos con la cara descubierta sin presentar el plan de seguridad a mi protegido? A vigilarlos por si procede aplicarle la ley de vagos, maleantes, homosexuales, rufianes y proxenetas. ¿Derogada? Usted no sabe con quién está hablando. No te lo vengo anunciando que debajo de la piel de corderitos había mucho más. Cambio de puesto de trabajo. A donde sea menos peligroso. Y a la próxima, expediente disciplinario por falta de genuflexión a la autoridad.
Hasta mañana. Si tú eres capaz de seguirme leyendo, yo, en contrapartida, pienso seguir escribiendo.