miércoles, 9 de diciembre de 2015

Lid

Que no. Me lo puedes pedir de rodillas, pero no pienso dedicar una sola línea al debate. Opiniones tengo para todos los gustos. Me bastó un somero repaso a las redes sociales. Pero yo no lo vi. Si no dedico un minuto a perder el tiempo delante de la caja tonta para comprobar cómo los aficionados de dos equipos de fútbol –pongamos Barça y Madrid– se tiran los trastos sin bajarse del burro en sus planteamientos, ¿crees, acaso, que soy tan masoquista como para flagelarme con cuatro tíos (lo siento, Soraya, tú no tenías que estar ahí y, por mera cortesía, no me parece conveniente llamarte tía), con orejeras, no se salen del guion ni aunque se vengan abajo todos los focos? ¿Quiénes van a los mítines? Pues esto es lo mismo. Ganaron todos. Incluso Mariano, que se puso flamenco en Doñana. Y Garzón. Y Herzog. Y la madre de todas las batallas.
Yo quería hoy dedicar un espacio al presidente tinerfeño del Partido Popular. Quien defiende al todavía alcalde portuense, Lope Afonso, porque como apenas lleva cinco meses no se le pueden achacar todos los males de la ciudad. Y al tiempo, como el que no quiere la cosa, apuesta por que gobierne la lista más votada. Chiquita falta de ignorancia decir tal cuestión en los alrededores de El Penitente. En el mandato anterior (2011-2015), Lope, tercer teniente de alcalde, debió ejercer de chico de los recados, al parecer, del mandatario insular. Como él mismo, sin ir más allá, que cuando fue nombrado alcalde en 2011, apenas podía salir a la calle de lo mal que había dejado Oswaldo, y antecesores, la muy noble Villa de Viera. El cargo de concejal en los periodos 2003-2007 y 2007-2011, alguno de cierta relevancia, no cuenta, por lo que atisbo en Facebook. Ahora que le ven las orejas al lobo, pues nadie quiere pactar con ellos, abogan por esta salida. Y me planteo que habrá que declarar ilegal la moción de censura para que nadie desbanque a ese más votado. Figura que sí les fue rentable en Puerto de la Cruz para desalojar a Salvador y a Lola. No me tomen el pelo, que yo tengo mi tino (Calero dixit). Toneladas de fósforo ferrero requieren algunos.
Pues sí, no vi el debate, qué pasa. Ni pienso alongarme al próximo de dos, al que sí acudirá Rajoy pues ya tiene pactadas las contestas. Pregunte usted lo que quiera. Como la campaña comenzó hace un año, más o menos, vengo observando el caminar de las perritas (lo siento, Soraya, tú no tenías que estar ahí).
Leí una vez que los emergentes habían puesto el filtro para controlar los fichajes. Me temo que tiene demasiados agujeros. Porque en los pueblos nos conocemos. Y como cojeamos, nos trincan enseguida. Se están llenando de gentes resentidas, huidas de otros partidos más viejos, y que entran con el puñal afilado. Cuando pongan en práctica lo que ahora se limitan a escribir, Maduro, y hasta el mismísimo Franco son angelitos del Portal. A uno se lo espeté en la cara ya. Pero si alguno estuvo en candidatura de 2011, el otro día. Pinito del Oro se les queda corta.
¿Te acuerdas de la tristemente famosa pinza? Que el señor Anguita, que imparte en la actualidad lecciones de ética, justificó hasta la saciedad porque los socialistas no eran de fiar para general regocijo de los manostijeras. De ahí hemos alcanzado el tendedero completo. Sobran trabas. O sujetadores. Podemos, cuyo líder debería cuidar su aspecto (yo no deseo un presidente de tal guisa; cada vez se me parece más a muchos de los que se están colando), entiende que su ascenso pasa por atacar a Sánchez. Los populares ríen cual perros pulgosos. Los guaperas (casi tan figurines, o más, que los modernos vicesecretarios del PP, amén de ediles un fisquito más de treintañeros, con casi dos décadas de ordeñador automático) están a punto de morir del mal de las encuestas. Con adquisiciones variopintas y con idéntica obsesión: rascar a los desencantados socialistas. Son la UCD moderna. Historia al canto.
En suma, todos contra Sánchez porque encarna otro PSOE. Que asume los grandes éxitos de la gestión habida en años en que todos nos sentimos “ciudadanos” y que rompe lastres con aquellas aspectos en lo que se metió la pata hasta el mismo fondo, o más. Lo que haría cualquiera de verse en tal tesitura. Y como se atisba que ello puede darle sus frutos al atraer a los que dieron la espalda no ha tanto, leña al mono. Al final, mucho gallo para el mismo comedero. Y me alegra que el enemigo, el peligro, sea el líder socialista. Me preocuparía muy mucho que fuera Santamaría. A la que han colgado por todo Madrid en otra cirugía estética, operación de imprevisibles consecuencias.
Acabo de escuchar al señor presidente, en Sevilla, alabar el papel desempeñado por la vice. A la que yo hubiese utilizado para otro debate más a su altura. Con Ana Oramas, por ejemplo. Y en la foto la ponen en una esquina. Aunque sea a la derecha, su lugar natural, eso no está bien. Eso no se hace, que decían nuestros mayores. ¡Ah!, todo ayer, el día siguiente.
Pues sí, mis estimados, lid, combate, pelea, disputa, contienda de razones y argumentos. Con bastantes cuentos. Y así hasta la lotería. Que no nos tocará, pero estaremos contentos porque ganaron los nuestros. Los de todos. Como siempre, para no variar. Y a pactar. Como se necesiten tres, no va a haber silla para tanto asesor. Yo no pienso ceder la mía. Porque tengo ofertas a puntapalo. Esa palabreja la usábamos antes. Ya no la escucho. Será la modernidad.
Me dijeron que los responsables del BOP señalaron a cierto alcalde si no podía delegar por todo el tiempo de la campaña. Para ahorrar costes. Y tiempos. Bien pensado, porque tanto anuncio ya cansaba. Fuerte relajo, tú. Estoy pensando denunciarlo por apropiación indebida (de mi dinero). Y como la hucha (que no cochinito de oro) se está quedando en las borras, con mi pensión no se juega. Muchos años me costó el conseguirla para que me la columpien.
Este chiquito herreño, consejero de Agricultura y portavoz gubernamental, debería cuidar su dicción. Que no todo es el tonito ese que los de aquella isla dan a la ese final, sino que a ese cometido se le debe entender. Ños, cómo jugué con ese. Y vocaliza que es un disgusto. No me entero de nada. Y a lo mejor hago bien.
Bueno, mañana seguiremos en campaña. ¿Sabes algo del puerto del Puerto? ¡Ah!, estamos en ello.