lunes, 21 de diciembre de 2015

Profesionalizar

En algo tenía que entretenerme durante la tarde de ayer mientras uno permanecía a la espera de resultados. Pensé, incluso, redactar cualquier comentario al respecto. Pero son tantos los especialistas que pululan por los medios de comunicación al uso, por redes sociales y por todos los resquicios que Internet te permite, que decidí dejarlo. Qué va a hacer uno ante tanto lumbrera.
Tan inteligentes son, tan preparados están y como saben de todo, escuché a uno este pasado viernes en una emisora de radio señalar que si ponías una sola cruz (señalabas a un único candidato) en la papeleta al Senado por Tenerife, tu voto era nulo. Todo ello a raíz de aquellas que circularon en Santa Úrsula para promocionar a Milagros en detrimento de Alarcó. Cuando uno observa el lucimiento de ejemplares tales, tertulianos para lo que haga falta, considera que lo mejor es recular y dedicarse a cultivar orejas de burro. Todo sea dicho (escrito) sin dobles ni triples, aunque ganitas sí me dieron.
Me fui al sitio oficial del ayuntamiento de mi pueblo y me distraje un fisco. Compruebo, en primer lugar, que el denominado registro de intereses no quiere mostrarnos absolutamente nada. Porque lo del pulse aquí constituye una auténtica tomadura de pelo. Puede que al señor alcalde no le convenga publicar si forma parte de algún entramado empresarial y que pueda suponer incompatibilidad con su dedicación exclusiva al cargo. ¿Se puede saber por qué esbozaste una sonrisa cuando escribí lo de dedicación exclusiva? Pillín, que eres un pillín.
Después me alongué al apartado que contempla el currículum de los miembros de la corporación. Y en la relación de ocupaciones de los componentes del equipo de gobierno priman cargos ostentados durante sus etapas políticas. Bueno, cada uno lo llena con lo que buenamente pueda y ya sabemos que la profesionalización en el sector público alcanza cotas escandalosas.
Me llamó la atención uno que ponía “Licenciado en Dirección y Administración de empresas en la especialidad de Marketing por la Escuela Superior de Management y Máster (la tilde la añadí yo) MBA por la Universidad de Wyoming”. Chacho, cómo viste eso. Tanto como aquellos que se iban a cursar una carrera en Irlanda hace unas décadas. Para lo que era cuestión fundamental tener dinero. Lo demás venía por añadidura. Ya saben que el cariño verdadero ni se compra ni se vende, pero al resto basta ponerle un precio.
De otro entresaco lo siguiente: “Realizó sus estudios básicos pasando con posterioridad a la Universidad de La Laguna donde se profesionalizó”. Ños, este sí que me dejó patinando y no por las cuatro gotas que estaban cayendo y las gomas lisas. En una universidad, como notorio es, se obtiene un título. Bueno, si terminas los estudios. Y con él bajo el sobaco sales de las aulas con una mano delante y la otra detrás. Antes, en mi época, era más fácil valerte del diploma para alcanzar el codiciado puesto de trabajo (la profesionalización) que te asegurara los garbanzos, labrarte un porvenir, casarte y demás efectos colaterales. Pero argumentar que uno se profesionaliza en el centro docente, que alguien me lo explique.
Según el DRAE, profesionalizar significa dar carácter de profesión a una actividad. O, y este no es el caso, convertir a un aficionado en profesional. Así que el edil que se profesionalizó en la Universidad de La Laguna debería explicarse un fisquito más. O un mucho mejor. No me gustaría pensar que a lo peor se ha venido presumiendo de una titulación académica sin haberla conseguido. No lo creo, pero como se han visto cosas peores en el devenir de la democracia con arribistas que lo único que sabían era trepar, uno se queda al menos pensativo. Si yo sostengo, y mil excusas por ponerme de ejemplo, que fui técnico (las nuevas tecnologías me han desfasado los méritos) en transistores, radio y televisión, tendré que sacar, como mínimo, las acreditaciones de CCC (Centro de Estudios a Distancia, que no Compañía Cervecera de Canarias). Hice otros cursos veraniegos bajando aceite para los motores de Gordejuela, pero no me dieron diploma. Pero me hicieron rico con 50 pesetas semanales (las otras 100 eran para mi madre). Al cambio, 30 céntimos. Los tiempos han cambiado. ¿Crisis en aquella época? Nos quedábamos, si persistimos en las comparaciones, en miseria.
Me temo que mañana martes sea tarde para las valoraciones. Y como estaremos pendientes del sorteo de lotería que menos dinero da en todo el año pero que los bombos nos vuelven locos, nos conformaremos con las opiniones interesadas. De las que se deduce que nadie perdió. Nada nuevo bajo el sol.
Hasta la próxima.