jueves, 14 de enero de 2016

Alegrías injustificadas

No acabo de entender la alegría del ayuntamiento portuense ante los datos del número de parados en la ciudad al finalizar el año 2015. Lanza el consistorio las campanas al vuelo por haber bajado de la barrera de los 3700. Tampoco comprendo el porqué se había establecido esa cantidad para calificarla de tal manera. Lo mismo hubiese sido más llamativo, y rentable, situarla en los 2500, por ejemplo. Sea como fuere, el que diciembre haya concluido con 3697 parados (206 menos que en diciembre de 2014) no debería significar más que la constatación de una realidad triste y alarmante. A tal ritmo, y con las lógicas incorporaciones al mercado laboral, ¿hasta cuándo?
Todos los indicadores nos trasladan que la afluencia turística sigue en auge. Y los conflictos y percances en otros destinos vienen jugando –tristemente, eso sí– a favor de estas islas atlánticas. Y Puerto de la Cruz ocupa lugar preferente. Existe un alto porcentaje de visitantes fieles, amén del sector de la tercera edad que, a través de las temporadas del Imserso, también dejan sus euros y mueven la economías de las diferentes actividades relacionadas con el mundo de los viajes.
Se me indicará que esta última parte citada del paquete global acude a los hoteles con unos precios, a pensión completa, que apenas producen rentabilidad. Pero como usuario de tal modalidad, estoy en condiciones de afirmar que en muchas ocasiones nos quejamos de vicio. Porque en torno a dichos paquetes vacacionales existe un entramado de excursiones, coches de alquiler, consumiciones diversas y una variopinta oferta que ya bien quisieran los empresarios que durara unos meses más. Y la prueba está en las reiteradas protestas habidas cuando se produjo el retraso en las adjudicaciones.
No comparto, sin embargo, las satisfacciones por las desgracias de los vecinos. Ayer mismo escuchaba a (in)cierto individuo declaraciones tan fuera de tono como que siguieran los atentados en Turquía y, a ser posible, en todo el Norte de África. Se necesita ser imbécil para alcanzar ese grado de paroxismo. Toquemos madera para que en estas peñas siga la vida placentera, aplatanada. Que ningún pasado de rosca tenga la infeliz ocurrencia de emular exhibiciones pirotécnicas en otras esferas. Y dado que habitamos un territorio volcánico, sin que hayamos sido capaces de ‘explotar’ sus atractivos y recursos (salvo las visitas al Teide porque llegamos en coche o subimos en el teleférico), que no escupa la tierra material incandescente (el triste ejemplo de El Hierro ‘removió’ todo el entramado de aquella isla), porque, salvo el turismo científico, aquí no viene ni Mariano Rajoy por si la fogalera alcanzara Mogán.
El descenso anual de doscientos parados es un pobre balance. Que ni siquiera significa que existan doscientos ocupados más. Y de haberlos habido a lo largo de los doce meses, tampoco es motivo para lanzar las campanas al vuelo. El contrato precario sigue siendo estrella en esta película de final incierto. Y gente portuense, sobradamente preparada, ha tenido que buscarse la vida en otros foros, en otros lugares, en otros escenarios. Que no son los políticos, por los que se cuelan… Vaya que se cuelan.
Con tal de buscar consuelos, hemos alcanzado elevadas cotas de cinismo hasta el punto de publicar con enormes caracteres y mayores cánticos de excelencia la apertura de un nuevo hotel por determinada cadena, cuando en realidad se trata de un simple cambio de propietario en un establecimiento que lleva funcionando la tira de años. Podrá servir de excusa a quienes se sientan obligados de presentar ante la sociedad logros y avances, pero tales artimañas no se traducen en números constantes y sonantes. Que es lo que a la sociedad le importa e interesa.
Mejor debería ocuparse el grupo de gobierno de El Penitente, en esmerarse para aprobar el documento económico que rige los destinos municipales en vez de escudarse en solemnes tonterías como puede ser la supuesta escasez de personal. Pues que se dediquen a hacer números los liberados y enchufados y a lo mejor demuestran que saben hacer algo más que engañar a los vecinos de la calle Tegueste con las obras del muro.
Y ya que me trasladé por un instante a Punta Brava, ¿cuánto aporta Loro Parque por la reserva de aparcamiento? Que interesa mimar la instalación como foco de atracción, fuera de duda. Pero nos pasamos en los privilegios. Yo estudiaría la posibilidad de venderle (a pagar en cómodos plazos) todo el barrio, Playa Jardín, la depuradora y el ancla del Titlis. Esta última para que se agarre mejor.
Es lo que hay. Hasta mañana, que es viernes y otra semana de la cuesta que superamos. Cuídense.