viernes, 15 de enero de 2016

Venta de conejos

Doctores tiene la iglesia (perdón por la minúscula, padre). Y en las redes sociales, la tira. Como la vida de jubilado te permite muchísimas licencias, ahora tengo tiempo hasta para leer boberías. Como los repasos que debo hacer a mis propios comentarios, sin ir más lejos, para no meter demasiado cualquiera de las dos extremidades inferiores.
Carrusel, circo, sobreactuación, caricatura, histrionismo, campaña-espectáculo, fiesta de los trogloditas, populismo chavista, show, plató de televisión… En fin, de todo. Y más. Es lo que dio de sí (¿o era de no?) la solemne sesión de constitución de Las Cortes. Mejor, del Congreso. En el Senado, salvo el victimismo interesadísimo de Podemos en la composición de la Mesa, ocuparon sus asientos sin mayores aspavientos. Incluso lo que están en contra de dicha cámara. Bueno, alegarán que hay que estar allí para cambiar la situación. Mientras tanto, cobramos. ¡Oh!, ni que fuéramos bobos.
Yo estoy preocupado, qué quieres que te diga. Porque legislar es un asunto de enjundia. Y si desde ha bastante vengo sosteniendo que no todos podemos ser concejales, imagínate qué normas pueden salir de tan exóticos escaños. Que no, no tiene que ver mi planteamiento con la vestimenta y aspecto físico. Como si quieren ir desnudos. Pero es el vacío neuronal, del que adolece mucho cargo electo, el que me inquieta.
Notoria publicidad política han conseguido algunos. Aunque olvidan que ya forman parte del grupo de privilegiados (en todos los sentidos). Y si a un servidor lo pueden tachar de demagogo por disquisiciones del tres al cuarto, utilizar un menor como lanzadera de una problemática social evidente, va a ser que no. Porque la responsabilidad de que la situación actual cambie se halla en sus muy ilustres posaderas, no en las mías. Tampoco comparto el que los medios de comunicación deban ‘pixelar’ (aún no está en el diccionario) el rostro del infante cuando es su propia madre la que utiliza su imagen de manera tan burda.
Pero como deberemos recurrir a las hemerotecas dentro de poco (no se destacan por la elocuencia de sus silencios), solo aludamos, siquiera de soslayo, al diputado ‘comisionista’, por la provincia de Segovia, don Pedro Gómez de la Serna, investigado por corrupción y blanqueo, quien se dio de baja del PP, pero antes agarró el acta entre los dientes, mientras gritaba desaforadamente: Que me juzgue el Supremo. Y para sí pensaba que allí podía tener más contactos. Por supuesto, nadie votó al angelito cuando ya se sabía el camino que llevaba.
Los gallegos de En Marea sostienen que ellos no son Podemos. La alcaldesa madrileña alegó hace unos meses que ella tampoco. La señora Colau parece no estar mucho por la labor. ¿En qué quedamos entonces? ¡Ah!, los cuatro grupos. No para chupar más tiempos, sino más dinero y mejores medios materiales y humanos. ¿Trío del Búnker? Mejor cuarteto, ¿no?, puesto que casta, aunque se intente disimular con otros ropajes, va a ser que sí.
Insisto, lo dejo para mejor ocasión. Sigue la campaña y la fijación obsesiva por el enemigo socialista. Muerte o destrucción. ¿Final a la catalana? Todo se andará. Y el niño (¿cuál de los dos?) para ministro de la Infancia, Juventud y todo eso.
Antes leía con bastante interés la sección Top Secret del digital Canariasahora, adherido (apéndice no me gusta) al Diario.es. Pero desde que Victoria Rosell dio el salto, es tanto lo que se escora por su línea editorial, que ya no me ofrece credibilidad alguna. No es que se le vea el plumero, no, ya saltan los penachos por toda Las Palmas. Chacho, amor no quita conocimiento. Y por el interés te quiero…
Me entretengo de tal manera que casi me olvido de lo que iba a escribir hoy. Vaya manera de terminar la semana con este desorden. Me parezco con el Palacio de San Jerónimo. ¿Viste los leones llorando? ¿Y la banda de música?
La Audiencia de Cuentas, al revisar los gastos electorales de las formaciones políticas, se ha percatado de que el PP oculta quién le donó 186.453 euros en los comicios del pasado mayo (elecciones autonómicas y locales). No se especifica detalle alguno de tal ingreso. Y me parece bien que tal formación haya intentado pasar por alto esta nimiedad bajo la posibilidad de que las protectoras de animales se metan con el cazador Manolo, defensor acérrimo de cuanto conejo suelto brinque por breñas, peñascos y riscos varios.
Tal cantidad de dinero, insignificante a todas luces (podría ser, perfectamente, el sueldo de dos cualificados operarios, Marrón y Domínguez), no justifica esta cacería hacia el partido de la oposición. Ni que la Audiencia estuviera al servicio de CC y PSOE. Esta actitud de poner en un brete, o dejar en un feo, al partido que ha gobernado el país en estos cuatro años anteriores con total determinación hacia la salida de la crisis, no es de recibo. Porque Mariano ha sido el adalid en la lucha contra este tipo de corruptelas y vicios ocultos. Y aquí en la islas, tanto el presidente regional como los insulares, se han batido con honor en la arena del terrero pegando cangos a diestro y diestro…
No se compliquen. La solución es bastante simple. Observen bien la foto. En un mitin celebrado en Las Llanadas se subastaron los bichos al módico precio de 60 euros. Como eran para un buen fin (perpetuar a los de siempre), 3107 militantes apoquinaron diez mil pesetas (a lo antiguo) por cabeza (la suya y la del mamífero lagomorfo). Los 33 euros restantes para completar el donativo no justificado por temor al qué dirán, los puso el primer teniente de alcalde de su propio bolsillo como reconocimiento a los decretos de sustitución con que ha sido galardonado en estos últimos meses. Porque, ya se sabe, que un pueblo sin alcalde… marcha por inercia.
Feliz fin de semana. Y si piensan hacer una buena comida de carne conejo, dirigirse a la Avenida de Canarias, aunque puede que no esté el que más sabe de tales guisos porque tiene muchos calderos al fuego.