miércoles, 17 de febrero de 2016

Blanqueo

Lo mío es de juzgado de guardia. Tengo unas ocurrencias. En el día que la justicia arremete contra Vitaldent, se me ocurrió ir al dentista. Pero a otra clínica diferente. Menos mal, que si no me hubiese quedado blanco a sabiendas de que mi dinero se podía ir al extranjero. En negro. Y ya saben que mis cuatro euros, más el incremento de la pensión, lo más lejos ha sido a Cataluña.
Podría ir este comentario por la polvacera de la semana pasada en las calles de la capital palmera. Aunque ya no estoy para semejantes trotes. Me asfixio con tanto polvo. Y como mi presencia en el centro odontológico se debe a un problema de encías, vaya la posible relación. Van disminuyendo, me dijo en términos sencillos el galeno. Para que se le entendiera. Y yo le contesté que si fuera lo único. Creo que esbozó una ligera sonrisa. Oye que cuando uno llega a cierta edad, los retrocesos son más que evidentes. Así que para no dar en el blanco (por lo de los polvos), mejor me quedo en casa. Ya estuve un año allá y no salí de Puerto Naos. Quita.
Uno debe mostrar ciertos reparos por la situación que se puede plantear en los múltiples franquiciados de la empresa indagada. Porque la investigación ha puesto de manifiesto que se han visto obligados a pagar parte del dinero que deben abonar por el canon pertinente en negro. Que luego era desviado a otros países e ‘invertido’ en la adquisición de coches de alta gama, fincas y hasta un avión valorado en apenas un millón de euros.
El protésico uruguayo Ernesto Colman (Montevideo, 1961) llegó a España en 1989. Salió de Argentina, asolada en aquel entonces por una terrible inflación, y al poco tiempo ya tenía montando en Chamberí su primer centro. Luego creó franquicias y comenzó su expansión mundial.
Sabido es que la avaricia rompe el saco y todos queremos más. Además, son tantos los adelantos habidos que en esta aldea global estamos interconectados para todo: lo bueno y lo no tan aparente. Diría que más para esta última faceta. Y así le va, verbigracia, al PP. Por mucho que aleguen que no hay situaciones equiparables y que las decisiones de las unas nos son extrapolables a los otros. O a las otras, que hay fallas para rato.
Por lo que ha visto la luz, a Vitaldent se le atribuye delitos contra la Hacienda Pública (fraude), estafa a los franquiciados y blanqueo. De cómo actuaba el entramado tienen ustedes cumplida información en los medios de comunicación. Lo que a un servidor extraña y llama poderosamente la atención es que se haya dejado transcurrir tanto tiempo para percatarse de que existía evidente y notorio blanqueo en sus actuaciones. Basta un repaso a la abundante publicidad, con tintes de engañosa en muchos casos, para percatarnos de que esa acción saltaba a la vista con una simple revisión a los dientes. Como debieron haber hecho con los ejemplares de caballos purasangres que formaban parte del paquete empresarial y que se repartían entre las diversas fincas rústicas.
A la hora de las cuantificaciones, las estimaciones ascienden a decenas de millones de euros. Hecho que te deja con la boca abierta. Como cuando acudiste a la consulta y te dieron ellos la chascada a ti. Sacaste de donde no había por intentar seguir masticando con fundamento. No es que te fuera a quedar la dentadura tipo actriz de cine, pero al menos sostener el tipo.
Y mantuviste a los tipejos. En este país no se van a terminar las sorpresas. Cuando no es Juana, es la hermana. Te roban a manos llenas. Y tú no puedes incluir esas facturas para que te desgraven algo y pagues menos cuando toque retratarse. Te cuesta la broma un testículo completo y la yema del otro. Sin embargo, estos bergantes se lo llevan limpito. Directo a cualquier paraíso fiscal. Después, mucho después, cuando el ministro del ramo se dé cuanta de que no hay dinero para pagarse sus sueldos, entre otras menudencias varias, se inventa un nuevo sablazo. Que te cuesta, ahora, un canino. Cuando no la muela del juicio.
Para mayor desgracia, si decidimos no acudir a estos establecimientos estaremos hundiendo en la miseria a miles de profesionales que han actuado de buena fe. Vamos, los dejaremos sin blanca. Los responsables no pisarán la cárcel porque podrán pagar cualquier fianza que se les imponga y de haber juicio, hablando se entiende la gente.
Mientras tanto seguimos pensando en la eventualidad de otras elecciones. En dar la posibilidad de que Mariano vuelva por sus fueros. Con las consecuencias monetarias que ello supone. Y a estas alturas, ya sin dientes, ni blancos ni negros, que nos den. Sí, nosotros hemos permitido que la justicia trabaje con independencia. Que si hubiésemos querido… Postizas intercambiables. Dos gotas de zotal o lejía en un vaso de agua y una por matrimonio jubilado. Y hagan el favor de no morder con tanta fuerza.
Con el miedo que da escuchar el ruido del taladro (qué exagerado) cuando estás en la sala de espera, añade la cagalera de pensar que has contribuido, asimismo, a que te cortaran el pelo. De raíz. Sí, tómalo a broma. La brecha entre pudientes y rebenques se acrecienta. Dentro de poco, la falla de San Andrés. Voy a lavarme los dientes. A ver si escapo. País.