miércoles, 9 de marzo de 2016

1800

Para ilustrar este post, el número 1800 de Pepillo y Juanillo, dudé entre colgar esta foto que ahora observas o una botella del tequila que lleva idéntica denominación. Pero como soy poco dado a las bebidas, opté por este flamante vehículo, todo un lujo para aquella época. De todas maneras, quedan invitados mis estimados lectores a un cortadito, “más que sea”, en el lugar que ustedes crean conveniente. Puede ser en casa, no hay problema. Tengo una cafetera de un montón de tazas.
Convendrán conmigo que ya sumamos unos cuantos artículos de opinión. La mayoría de ellos se enfoca hacia el lado de la política. Que a mi amiga, e incondicional seguidora, amén de excelente compañera del gremio docente cuando éramos unos años, no muchos, más jóvenes, Esther Casañas, no le convencen demasiado. Pero que hoy se alegrará porque cambio de tercio.
Leí ayer que ha habido una avalancha en la lectura de tesis doctorales en todas las universidades españolas, por adecuación a los nuevas fórmulas impuestas por el denominado Plan Bolonia, que ha hecho mermar la calidad de las mismas por falta de tiempo para su pleno desarrollo. La información recalca que los autores acaban siendo profesores en las múltiples facultades. Cuando no en política, añado yo. Porque la etiqueta viste mucho. Como si fuese aval de garantía para desarrollar adecuadamente el trabajo de todo cargo público.
Parece ser que las calificaciones, en lógica consecuencia con las prisas y los incrementos de investigaciones presentadas, han descendido, mereciendo alguna de ellas, en boca de miembros de los tribunales, el suspenso. En este caso, entiendo, habría que coger al director de la misma y mandarlo a sachar papas.
Como un servidor es un rara avis en esto de la ortodoxia, cuéntoles que también tuve la oportunidad de pasar por esos berenjenales. Más por placer y diversión que en aras de alcanzar cotas de saber que me elevaran a plataformas de prestigio académico. Uno, maestro de escuela durante toda su trayectoria laboral. Pues como te iba diciendo, el 3 de septiembre de 2004 (viernes), día lluvioso, me fui hasta La Laguna, a la Pirámide, y allí tuve ocasión de defender un tocho titulado ‘Prensa y educación en el Norte de Tenerife entre la I y la II Repúblicas’. La posterior calificación de sobresaliente cum laude me concedió el título de doctor en Ciencias de la Información. En un viejo mueble (casi tanto como yo) del escritorio se halla guardado el diploma que lo acredita. Bien enrollado y haciendo compañía a otros que jamás han ocupado espacio en pared alguna. Eso sí, y creo que ya lo escribí en otra oportunidad, me ofrecieron la posibilidad de irme a cualquier país de la América de habla hispana. Quita, respondí, me quedo en el instituto.
Y como de recordatorios va hoy la cuestión, echo mano de mi libreta de anillas y tapas azules para contarte unos pasajes de marzo de 2002, cuando aún vivía en La Longuera y formaba parte del claustro del colegio público del barrio. Estaba inmerso en aquel entonces en la confección del periódico escolar ‘El Monturrio’, del que se editaron una docena de números que se imprimieron en Tipografía García (La Perdoma, La Orotava). Y que junto al posterior del IES Mencey Bencomo, ‘La Pizarra’, que también tuve el placer de coordinar, fueron objeto de análisis en otra tesis doctoral de amigo, y maestro, José Luis Hernández.
Era componente en ese entonces de la Agrupación Folclórica de Higa y nos hallábamos inmersos en un proyecto de Festival Internacional (Arautápala) y se llevaban a cabo reuniones con diferentes ayuntamientos del Valle para ponerlo en marcha durante el verano. Tal día como hoy, compruebo en mis apuntes, que nos reunimos en el Balcón de Higa con Vicente Quintero y Ángeles Marrero, concejales de cultura en ese año de 2002 en los consistorios realejero y portuense, respectivamente.
Colaboraba, igualmente, con un comentario semanal en la emisora municipal Radio Realejos. Estuve tres temporadas en ello y acabé por dejarlo cuando observé que la deriva de un medio de comunicación público, sostenido con dineros de nuestros impuestos, se escoraba por otros derroteros. Así está en la actualidad al más puro estilo Tele 5.
Se concluía, con gran esfuerzo y no menos dedicación, la construcción de la casa que sería mi actual residencia a partir de noviembre del año citado. La mudanza se produjo el 23 de noviembre, el famoso sábado de la multitudinaria manifestación en contra de las torres de Unelco en Vilaflor.
Mi hija vivía en Arona porque trabajaba en la redacción de cierto periódico, con lo que casi todas las semanas teníamos la visita de rigor por aquellos Sures.
La expresión “escanear hasta las tantas” aparece en varias ocasiones, lo que supone que el cuerpo todavía guardaba energías suficientes para tantos calderos. Y es que el periódico que se dejó reseñado se trasladaba a la imprenta debidamente maquetado. Hombre, a decir, verdad, el amigo Toño ya se encargaba de dar los últimos y sabios retoques para que cuando viera la luz guardase la dignidad suficiente.
El día 3 (recuerda, marzo de 2002) me saqué una de tres en la Primitiva, nada menos que 7,20 euros. El 12 llueve con cierta intensidad. El 13 estoy malo de la garganta con una fuerte afonía. Y es el entierro de un joven del barrio, Víctor Mario, que había sido alumno del colegio y era componente de uno de los equipos de fútbol de Toscal-Longuera.
El 14 participo telefónicamente en el programa ‘El Patio Canario, que en Radio 21 conducía el amigo Cándido López.
Y dos últimas notas:
“Subir al estudio del arquitecto, debo unas 600.000 mil pesetas”. (Martes, 26-03-02). Madre mía, exclamo hoy, y el ayuntamiento sin pagarme la liquidación.
No sé si del temor ante la deuda, al día siguiente tremendos palos de agua, con truenos y rayos, preludio, quizás, de la horrible tormenta que azotó la capital tinerfeña el día que el mes finalizaba. Tragedia de la que todavía se habla y que de bien poco nos ha servido para respetar lo que la madre naturaleza dicta.
¡Ah!, y aún tenía algún resquicio para colaborar en La Opinión, bajo el lema ‘De reojo’. Contabilizo 14 artículos en ese mes del que ahora mismo hace 14 años.
Con estas remembranzas, ahora entiendo que la jubilación (1 de septiembre de 2009) solo ha supuesto el no tener que acudir a las aulas. En otros menesteres, intento no perder el ritmo. Cuando lo haga tendré que reconocer que la cosa está jodida.
Permiso concedido para felicitarme. Por los 1800. El resto es pura anécdota.