martes, 8 de marzo de 2016

Por las alturas

Me levanté temprano. Para un estado jubiloso como el mío, las siete y media constituye un esforzado madrugón. Me fui hasta La Orotava porque me esperaba mi particular vampiresa. Trinqué una buena cola saliendo del pueblo. Ay, Los Barros y Los Cuartos. Y en ayunas me extrajo un fisco apenas de ese líquido pastoso y de color rojo que te sale cuando una herida se cruza en tu camino. El cardiólogo, al que fui desviado cuando el médico me bautizó como hipertenso, creyó oportuno que debía pasar tres controles: la analítica reseñada (para ver los niveles de sodio y potasio; y me acordé de la tabla periódica de los elementos: hidrógeno, litio, sodio, potasio, rubidio, cesio y francio), un Dopper renal y un Holter de presión arterial. Acabo de ir a la chuleta para copiarme tales nomenclaturas. En ello estoy.
Se ha unido a la fiesta unas citas odontológicas, con lo que tengo dos semanas por delante bastante entretenido. Tanto que después del atracón mañanero de prensa digital, desistí del pensamiento inicial que se iba a titular ¿Podemos o no?, y que ya tú podrás deducir de qué iba el asunto.
Como el coche lleva unos días soltando aceite (puedes pensar lo que quieras), pero no la del motor sino la de la servodirección, por la tarde me fui al taller. Que no me queda muy lejos. Para orientarte, por la carretera de Icod el Alto, en la misma estación de combustibles de La Azadilla. Tuve que dejarlo. La manguera defectuosa forma parte de un todo (en la actualidad se venden las piezas al completo) que debía desmontarse. Menos mal que existen vías alternativas y la remiendan en La Victoria. Porque la susodicha no se hallaba en stock, que se dice ahora con la modernidad, y había que mandarla a pedir allende los mares. No, a Las Palmas, no, más lejos. Y tardaba casi un mes. Claro, en mi casa solo hay un coche. Y si voy al ayuntamiento a pedir uno prestado por unos días, entiendo que Manolo no esté por la labor. Ni siquiera por los servicios prestados. Mundo cruel. Allí lo dejé y debo pasar el miércoles a recogerlo.
Ya que me encontraba en aquellas alturas, después de encargarle al mecánico que se portara bien y no me lo tratara con brusquedades, me eché a caminar hacia El Lance. Si te digo la verdad, me cansé. Llevo unas jornadas constipado y la respiración no funciona igual. Menos mal que cuando se acaba el pegue en La Madrejuana, ya enfilas el peatonal que acondicionaron y se relaja el pateo. Pero solo hasta la entrada, o bajada, hacia Los Pinitos, porque desde ahí hasta las patas del guanche, agüita.
No he escuchado ni leído que el alcalde haya protestado mucho para que suelden muchos hierros que están desprendidos en el trayecto. Con lo bien que le quedaría un retrato debajo de aquello del Mencey. Son los dos más ‘inmortalizados’ de los contornos. La diferencia es que la escultura no besa, lo besan, y lo manosean. Sí, ayer hubo un resquicio en la agenda insular y tocó sesión fotográfica. Intensiva. Fuimos a visitar a un señor de noventa y tantos. Y el buen hombre se acuerda de todo. Eso deduje de la nota de prensa. Luego otra para celebrar la colocación de un punto de luz y los soportes para una baranda. Con su corte, no te creas que iba solo. Para dar a conocer la campaña de empichado, una más. Más tarde, ya en las Casas Consistoriales, para que todos puedan disfrutar de la celebridad, dos papeles, una mesa, la concejala y disparos que te pego.
Como te iba contando, después de saludar a Bentor con el poco resuello que me quedaba, estuve unos minutos contemplando el panorama del Valle. Me dio tiempo de contarle un fragmento de aquel poema, Bentor y los Reyes Magos, que escribí años atrás y que se publicó en el libro Entropía. Qué etapas aquellas en que los ayuntamientos tenían dinero para editar. Ahora se les va en las instantáneas de la caza del voto. Pero corría fresco y el cuerpo no me pedía excesos. Por lo tanto, al recorrido inverso. Que es más llevadero, por supuesto. Para abajo las piedras ruedan, se argumenta.
Vuelta a saludar a los que te tropezaste en la ida. Cuando veo a bastantes con perros, peligro. He escuchado que si pisas eso (no hace falta ponerlo con todas las letras), tendrás suerte en cualquier sorteo de las loterías. Así vende tanto una administración del pueblo. A más mierda (ya me salió) hollada, más décimos adquiridos.
Sin contratiempos mayores, heme aquí en casa, tecleando estas boberías y a la espera de que traigan los nietos guancheros, pues los padres, docentes ambos, tienen curro en la tarde. Menos mal que estamos los abuelos.
Como un lumbrera está por ahí buscando un independiente de reconocido prestigio para presidir el gobierno, háganme el favor de indicarle, si lo tropiezan, que estoy libre. Vaya manera de tomarnos el pelo, que no la coleta. Quieto, parado, que te conozco, Deja eso para otro momento.
Mañana corresponde el post número 1800. Gracias a que ustedes están ahí, al otro lado y siempre al pie del cañón.