lunes, 7 de marzo de 2016

Y siguen cobrando

No me preocupa tanto el que sigamos sin tener gobierno –unos meses sin recortes nos sirven como desahogo tras unos años de reiterados sablazos– cuanto que diputados y senadores (a lo que debemos añadir una notable plantilla de funcionarios y personal de libre designación) sigan percibiendo sus honorarios cada fin de mes.
Se disolvieron las Cortes y se convocaron elecciones generales el 26 de octubre de 2015. Se toma como algo natural el que pueda haber otra cita el 26 de junio. Lo que se traduce en un gasto añadido de bastantes millones. Para volver a empezar con el guineo correspondiente porque no se vislumbra por horizonte alguno que con dos formaciones políticas se pueda alcanzar la tan ansiada mayoría absoluta en el Palacio de San Jerónimo (176). Con lo que, fácilmente, nos encontraríamos en el próximo otoño dándole vueltas a la rueda de la fortuna por si cae la breva. Mientras, vayan sumando miles de euros que entran en las cuentas corrientes de sus señorías por no dar un palo al agua.
¿Has oído que cualquiera de los elegidos, incluye a los impolutos de Podemos (los anticasta, no perdamos el norte), haya alzado la voz para intentar poner una solución a este despilfarro manifiesto, a este robo a mano armada? Nadie. Para este tema no se abre la boca. Qué bien les viene a los acomodados este medio año sabático. Mientras, los pensionistas debemos cerrar el pico y no protestar demasiado, no sea que el 0,25% peligre. Los que tienen la tremenda suerte de ir al curro cada día, dar gracias a estos legisladores por su preocupación en el estado del bienestar. El suyo, claro. Y a los que siguen sin alcanzar un empleo, bendecir la posibilidad de mirar cada noche el cielo estrellado. No te alimenta el cuerpo, pero te recubre de un halo de paz y unos chutes de esperanza.
Al tiempo, pura charlatanería. Enroques léxicos en un juego que insulta. No posee este comentarista de pueblo de los mecanismos suficientes para medir el descontento social. Ese que elevó a Podemos al lugar que ahora mismo ostenta. Aunque fraccionado en diferentes plataformas (mareas), concedámosle el beneficio de la duda y agrupémonos todos en el baile de disfraces. Pero me da la impresión de que todos lo movimientos previos se derrumban con esta pretensión de imponer sus tesis por arriba de cualquier otra consideración.
La correlación de fuerzas existente es la que es y no la que piensa que es. Porque si bajaran un instante de sus tarimas universitarias (algunos no van y cobran) y pusieran los pies en el mismo suelo que pisan los que dicen representar (para sacarlos de la miseria, la desidia y todo eso), quizás se percataran de que la suma, algo tan elemental que debieron aprender en primaria (incluso en colegios privados), conlleva todo el rigor matemático que los números cantan. No vaya a resultar que toda la parafernalia, traducida en bravuconerías y arrogancias, les vaya a jugar una mala pasada. Al elector le urge la precariedad y no quiere participar en ceremonias de confusión y en tácticas partidarias al más puro estilo de todo lo que han venido criticando y poniendo en solfa desde las sentadas madrileñas. Escuchamos, sí, otro discurso (a veces tan vacuo como el de los demás), pero eso no se trueca en mejoras ni prosperidad. Es más, nada resta de aquellas participaciones colectivas, de las asambleas con poder decisorio. Decide el capitán, asiente la escogida tripulación y calla y otorga la masa. ¿Dónde está, pues, el cambio prometido? Obvio es reconocer que a peor.
Ni Podemos ni nadie se halla en situación de imponer nada. Procede negociar hasta la saciedad para alcanzar un pacto que abra una puerta, que deje un resquicio a este taponamiento. Si se debe acudir nuevamente a las urnas, habrán fracasado estrepitosamente todos. Pero mucho más aquellos que se vistieron con ropajes diferentes para dar una vuelta de tuerka a la manera de hacer política. Salvo el atuendo físico, parole, parole, parole.
Me tildarán de sesgado (la línea editorial de este medio me condiciona sobremanera y no estoy para perder clientes ni capital) si manifiesto que Pedro Sánchez ha abierto una vía. Por la que deben comenzar a circular. El asfalto presentará rugosidades y los vehículos sufrirán paradas intermitentes. Algunos aún no han arrancado. Mas nadie tiene la llave para el desatasco inmediato y que deje la vía expedita. Esta locomotora que tire del carro deberá ser el fruto de sumas y cesiones. Te lo plasmo en una décima:
Es menester dialogar
pues nadie puede imponer,
todos tendrán que ceder,
amén de saber sumar.
No nos podemos gastar
un pastón en elecciones
por mor de las ambiciones
de un ombliguismo cerril,
si no rabieta infantil
de malcriados cabezones.
De vernos abocados a las urnas en las postrimerías de junio, cuando ya el verano habrá hecho acto de presencia, unos serán mucho más culpables que otros. Los pecados por omisión son tan dolosos como los cometidos por los que emitimos opiniones por fuera de los bares. ¡Ah!, olvídense de la muletilla ‘mi programa’. A pensar en ‘nuestro programa’. No hay más, no queda otra. Ños, si yo no me hubiese bajado del barco en 1987, a lo mejor estaría hoy… Cállate, bobo.
Vaya arranque de la XI Legislatura. Tiene el motor tan gripado como la factoría Honda.