miércoles, 30 de marzo de 2016

A ver si me enfado

Pues sí. ¿Acaso tiene la doña alemana más presencia que un servidor? Si me pongo de perfil, lo mismo le saco unos centímetros… de barriga. Y eso que no bebo cerveza. ¿Que ella va al Tecina? Toma, y yo cuando puedo permitírmelo. Lo que pasa es que la diferencia de sueldo es demasiado abismal entre Angelita y este miembro activo de las clases pasivas españolas. ¿Que ella está yendo desde hace bastantes años? Le gano por goleada. ¿Que ella fue de moza, con su padre? Toma, casi nada cuando pisé yo tierras colombinas por vez primera. Hacía muy poco que había fallecido el viejo Amalahuige.
No hay derecho. Y lo mismo me enfado y dejo de ir unas temporadas. Porque Casimiro, que me margina con el olvido a mi libro ‘Versos silbados’, va y le regala varias publicaciones de fotografías y otros tantos de senderos. Creo que no aceptó los estatutos fundacionales de la ASG ni tampoco la presidencia de honor del Junonia, a pesar de la promesa de pasar al menos tres meses de cada año cuando se retire de la política activa, siempre y cuando ya funcione para esas fechas la línea marítima interior. Me silban que le agobia la presencia de tanta fuerza de seguridad por los alrededores. Menos mal que los guardias civiles se camuflan bien cuando se va a patear por El Cedro. Camaleones en verde que te quiero verde.
Voy a intentar a través de unos amigos que tengo en Alemania adecuar mi agenda con la siguiente estancia de la canciller. Para acompañarla desde que aterrice en el aeropuerto del Sur (me temo que el de La Gomera seguirá sin estar operativo para esa clase de vuelos) hasta el día que se vaya. Incluyo, por supuesto, el pescadito en Los Abrigos (que no en Playa San Juan como escuché en un medio de comunicación). Pero con la condición de que se nos una igualmente algún miembro de la corporación granadillera.
Ahora bien, en cuanto nos hallemos en las tierras de Hautacuperche, fuera todo tipo de parafernalias en comitivas, cortejos y séquitos. Allí todos iguales, que los gomeros son noble gente y no se comen a nadie. El que quiera dejar un presente que lo haga en la recepción del hotel. ¿Lo entendiste, Curbelo? Así que esos días, puedes simular que tienes trabajo en Teobaldo Power y te quedas en Tenerife. Te haces el cargo de que rememoras tus andanzas de senador en Madrid y santas pascuas.
Cuando nos apetezca ir a pescar, ya tendremos apalabrada una lanchita. Que no es necesario ese boato de patrulleras y otras vigilancias. Porque nos pueden asustar las viejas. Quédense en La Villa que en caso de apuro ya avisaremos nosotros. Además, hay buenos patrones en Santiago y no nos hacen falta refuerzos. Sin lugar a dudas que este tipo de estancia sería mucho más familiar que estas montadas que se organizan en la actualidad. Lo que implica un despilfarro que ofende a los apuntados en la lista del paro. Y remueve en sus tumbas los espíritus de aquellos aventureros que venían a la zafra del tomate.
No puede faltar un garbeo por el Jardín de las Creces y la Cañada de Jorge para rematar la jornada en Casa Efigenia. A la que tan bien retrata Isidoro Sánchez en sus excelentes relatos de los foresta de aquella isla. Sin prisas. A fuego lento. Y allá a las tantas, cuando el solo vaya dejando en tinieblas la Fortaleza de Chipude, en el trayecto de regreso pararemos unos minutos para que Sonia nos prepare un cortado. Y si hay niebla, lo aderezaremos con unas gotitas de… lo que nos dé la realísima, confianzudo.
No hay derecho a que me traten de tal guisa. Condenado al más puro y duro ostracismo. Me vengaré. Y si yo no voy, no va mi mujer. Y si no vamos los dos, el coche se queda aquí también. Esto es una cadena. Advertidos quedan.
Hace años hubo un realejero que estuvo empeñado en que le hicieran un homenaje. Que lo nombraran algo. Que le concedieran una distinción. No lo consiguió. A lo peor consideraron que no había contraído méritos suficientes. Es el peligro evidente de metopas, diplomas, placas y otras. Transitó largo tiempo por Alajeró. Una vez me insinuó que escribiera algo al respecto. Le dije que no. Cuando me entra la vena, me vuelvo más cabezón que los teutones.
¿Y a qué viene el párrafo anterior? Simple. Si te creíste todo lo escrito hasta ese entonces, lo mismo es que no me conoces. Si todos fueran tan amigos como el propietario de Pepillo y Juanillo de signar nombres de calles, plazas y monumentos a personas, personajes, personajillos y personajuchos no existirían quejas humanas en todo el planeta. De animales y plantas no respondo.
Disfrute usted, señora Merkel. Y no haga demasiado caso a las escasas voces discordantes por su presencia en La Gomera. Como suele ocurrir casi siempre proceden de los que viven en Tenerife. Como yo.

Y un apéndice: Cuando ya tenía redactado y programado este post, me entero de que Merkel se había decantado por un vino blanco de las Bodegas Tajinaste. Pues tendremos que llevar a Agustín a los pateos. Mis más cordiales felicitaciones. Extensivas a los progenitores (Chila y Agustín senior). Por El Ratiño, La Perdoma y esos sitios, buena gente.