martes, 22 de marzo de 2016

No por mucho madrugar...

Leí hace unos días unas reseñas de una información de la década de los cincuenta del pasado siglo en la que el ayuntamiento de aquel entonces (ya se había llevado a cabo la fusión de Realejo Bajo y Realejo Alto) mostraba su alegría por la pronta recuperación de la casa natal de Viera y Clavijo, merced a unas gestiones del alcalde en la capital de España. Los resultados, sesenta años después, saltan a la vista.
Ello me condujo a los ejemplares que tengo guardados del Boletín Informativo Municipal de Los Realejos. De su número 5, noviembre de 1990, las cuatro notas que inserto escaneadas en este post de hoy. Frecuente es que los consistorios vendan las pieles antes de que el desgraciado animal ponga las patas donde no debe. Se trasladan a los ciudadanos proyectos que suelen quedarse en eso: proyectos. Los avatares políticos juegan mucho a favor de los contratiempos a la hora de recibir subvenciones. Restauramos, regeneramos, construimos zonas industriales…
Lo mismo cuando un servidor haya pasado al otro barrio y este blog ya no forme parte de la memoria de los incondicionales, dentro de otras seis décadas, por ejemplo, si alguno echa otra visual a estos cuatro recortes lo mismo exclama que todo sigue igual. Y es que no por mucho madrugar amanece más temprano, a pesar de que al que madruga, eso dicen, alguien le ayuda. Yo me levanté una vez de madrugada y lo encontré todo cerrado. Me volví a la cama.
Bueno, sigan ustedes leyendo. ¡Ah!, y hasta mañana.