martes, 5 de abril de 2016

Culpables

Antes del meollo, una cuestión previa. Me imagino, o sospecho, que tanto tú como yo no somos de los que perdemos nuestro apreciado tiempo para soportar un debate de la nacionalidad. Vaya gilipollez con la denominación modernista del archipiélago o región. Pero las informaciones posteriores tampoco ayudan a que te enteres de qué fue la cosa. En la última sesión (sí, están tres días para justificar los muchos que no van; o de hacer acto de presencia, rascarse el ombligo o inundar las redes sociales con mensajes de buenas intenciones) se votan las proposiciones (honestas, por supuesto) que los diferentes grupos plantean. Aunque sean copiadas de la vez anterior. Todo consiste en abultar el número. Pues bien, en un digital leo: “De las 76 propuestas de resolución presentadas por NC, la Mesa del Parlamento retiró tres (la 10, la 38 y la 75). En torno a 51 iniciativas fueron rechazadas con el curso de los votos mayoritarios de CC y el PSOE (entre las principales la 1,2, 4, 5, 12, 14, 15, 18, 19, 21, 22, 23, 24, 25, 27, 28, 30, 32, 33, 35, 36, 37, 40, 41, 44, 45, 46, 47, 48, 49, 50, 51, 52, 53, 54, 55, 56, 58, 59, 61, 62, 63, 64, 65, 68, 69, 70, 73, 76). Las restantes fueron aprobadas”. Qué, cómo se te quedó el cuerpo. Verdad que te enteraste de todo. A que tú y yo sabemos –para eso somos muy listos– los contenidos de las mismas. Sobre todo la 69. Debe ser este enfoque peculiar algo así como periodismo de diseño. A corregirme e ilustrarme los doctores del santo oficio.
Sí, somos los pensionistas los principales culpables del déficit público. No se ha recatado Montoro a la hora de lanzar esta afirmación. Pero como reunidos suponemos más de siete millones de potenciales votos, y no es asunto baladí ni es menester jugar con ese fuego, órdago seguido a las comunidades autónomas e incluso a los pobres enfermos de hepatitis C por gastarse tanto en medicinas, con lo fácil que es mudarse a vivir (o a la viceversa) al otro barrio.
Ya lo escribí tiempo atrás. No hay derecho a mantener por la jeta a tanto gandul. Inclúyanme. Hay que currar hasta los noventa y nueve. Porque el empleo que estamos creando (no lo reconocen pero salta a la vista) es de tal calibre que las cotizaciones a la caja de la seguridad social se miden en las antiguas pipas que caían en los bidones ubicados en las azoteas de las casas (¿te acuerdas de aquel chijito?), mientras que el tolete de agua que sale debe calibrarse en metros (o kilómetros, vete tú a saber) cúbicos. En suma, que lo que se había ahorrado con las aportaciones de los que ahora disfrutamos de los viajes del Imserso (lo mismo llega un lumbrera un día de estos y se los carga), nos lo hemos despalillado en un santiamén.
De semejante guisa, derrochando más de lo que se recauda (intenta tú en casa gastar más de lo que cobras) vamos directos a que se produzcan más recortes en prestaciones básicas. Porque la nimiedad del capítulo de cargos públicos no merita la pena tocarlo. Mientras a las diecisiete autonomías de le fijó un tope del 0,7% de su PIB, el estado se reservó la posibilidad de alcanzar hasta un 2,9%. Y como la hacienda estatal, lo deduzco, no tiene medios para controlar ni sus propios desbarajustes, venga a incrementar esa losa económica que deberán pagar nuestros hijos, nuestros nietos y, si me apuran, estaremos hasta el año 3000, con lo que, toca madera, habremos hipotecado el futuro de unas quince o veinte generaciones.
En Canarias nos seguimos quejando ante Madrid (qué poco ha cambiado la historia) por apenas unos 700 millones en cada ejercicio. Aun así, somos una de las tres comunidades que cumplimos con el objetivo. Nos hemos quedado en el 0,54%, casi dos décimas por debajo del límite establecido. Y me pregunto: ¿Cómo vivimos? ¿Cómo somos capaces de salir adelante y hacer un viajito de vez en cuando?
En fin, lo arreglará el próximo gobierno. Si es que logran ponerse de acuerdo. Porque con dos no da, no salen las cuentas. Me temo, además, que si se repiten las elecciones, aparte de que el electorado puede pasar factura al estrepitoso fracaso de los partidos, lo que podría traducirse en más abstención debido al hastío, como los resultados no brinden la posibilidad de que se vertebre una mayoría sin tener que recurrir a tres o cuatro (no se ponen de acuerdo una pareja, imagínate que quiera participar la suegra), aviados vamos. Y los gastos extras de la convocatoria pasarán a incrementar el porcentaje de déficit. Nos comemos la cola y el cuerpo entero.
Hasta mañana.