viernes, 1 de abril de 2016

Islicidad

Anteayer me quedé patinando una vez más. Es raro que cada día no deba acudir al diccionario en varias ocasiones. O yo estoy más torpe al paso de los minutos –entiendo que es la posibilidad más factible– o nos estamos inventando un nuevo léxico con el afán de llamar la atención sin más. Que no siempre va descarriado, pues ejemplos de que los académicos hayan incluido términos en las revisiones hallamos a porrillo.
Soy consciente de lo complicado que es esto de escribir cuando te sujetas al dictamen de ojos escrutadores. Y en mi caso se agrava hasta el extremo de que me están acechando para cuando meta la pata, zas, duro y al cogote. Pero qué le voy a hacer. Toda una vida dedicada al noble intento de que los chicos escribieran bien, no se puede borrar de un simple plumazo. Así que ustedes lean y sean críticos. Y no permitan que se escape desliz alguno. Y de pescarme en cualquier renuncio, al día siguiente, de castigo, me analizan por duplicado.
Por medio de varios conductos me llegó la invitación que acompaña este comentario. Acto al que no pude acudir por meras razones económicas. No, de tiempo sí dispongo. Falta el añadido. Ya saben que este gobierno en funciones ha cerrado tanto el grifo que para qué contarte. Además, como no están obligados, eso sostienen, a dar cuenta a nadie y Pablo y Pedro, o Pedro y Pablo, aún no se han puesto de acuerdo, seguiremos pobres una temporada más. Y así llevamos desde que se disolvieron las Cortes allá por el mes de octubre de 2015. Aparte de que en el debate sobre el estado de la nacionalidad, el presidente Clavijo no aportó un euro para que nos desplazáramos entre las islas de manera más fluida. Y económica. El único que parece sacar tajada es Casimiro.
Lo juro, no sé lo que es islicidad. Debe ser un nuevo concepto de la creación artística. Ignoro, por razones obvias de mi no presencia, si el significado del vocablo fue detallado antes de entrar en otros considerandos. Como, eso leo, ha participado un amplio número de artistas y escritores y se abordó variopinta temática del ámbito cultural, me imagino que ese colectivo ya tenga superada mi duda existencial. Y dado que el grupo se denomina ‘Puntos de Partida. Literatura y Arte en Canarias’, si se coligió que se trata de una excentricidad, me valdría. Si se entendió como un reclamo publicitario (sospecho que no fui el único que acudió al DRAE), también me daría por satisfecho. Si NACE (Nueva Asociación Canaria para la Edición) se percató de que era menester parir otros procederes, me quedo tranquilo.
De la reseña informativa transcribo: “La iniciativa parte de la necesidad de redefinir diversos aspectos culturales del ámbito canario en estos momentos no sólo de crisis socioeconómica sino sobre todo en la transición de modelos creativos entre lo local y lo universal, la tradición de géneros y las nuevas tecnologías, la creación individual y la proyección a través de las redes sociales. […] Aun a sabiendas de que las múltiples temáticas han sido abordadas en algún momento de la tradición artística canaria, en el momento actual se pretende alinearlos con el fin de valorar la situación en la que nos encontramos en relación con otros ámbitos culturales”.
No lo acabo de agarrar del todo. Lamento mi cortedad. Me recuerda los títulos rimbombantes de las tesis doctorales. Tradición, transición, modernidad. Esa parece ser la secuencia. Vale. Todo en la vida está sujeto al progreso, al cambio. Y hay que adaptarse, actualizarse, echar mano de los recursos que las nuevas tecnologías ponen a nuestro alcance, no dejar pasar el tren de la renovación. Hay que abrirse, capto, a las ventajas de un mundo cada vez más globalizado y en el que las fronteras van desapareciendo con el avance incontenible de los sistemas de comunicación.
Pero sigo sin saber lo que es islicidad. Y cuando ya voy más con la proa hacia los setenta que hacia los sesenta, a pesar de mis loables intentos para no apearme del carro, presento terribles lagunas. Lagos, casi. Me conformaría con que alguien, a ser posible en lenguaje llano y sencillo, me sacara de la duda. Gracias. Y a perdonar la poquedad.