miércoles, 13 de abril de 2016

Las tres pes

Tentado estuve de volver al asunto del Imserso. Pues Mundiplan, como adjudicataria del lote Islas, se está luciendo en esta primera temporada. Las protestas continúan y al destino Puerto de la Cruz se le acumulan las anomalías. Tanto que en la noche de este pasado lunes tuvo que salir a dar la cara en una tele local (El Día Televisión) el alcalde Lope Afonso ante un nuevo plante de un grupo de extremeños. Y en el Cabildo estiman que la marca Tenerife puede verse dañada. Aprovecho: Bien, Moisés, por esa labor periodística.
Desistí cuando leí que “Agulo apertura el plazo para participar en el Plan de Empleo Social”. Y me fui en busca del supuesto verbo aperturar y no tropecé con el susodicho. Cosas de Casimiro, pensé. Y me decanté por lo que te voy a relatar.
Es posible que algo relacionado con el presente titular hayamos escrito en pretéritas ocasiones. Pero como no tenía tiempo para indagar en los numerosos comentarios –qué importante soy– publicados en el blog, la lectura de cierta información me condujo a estas sugerentes tres pes.
Que no hace referencia a las que guardan relación con las consignas: paciencia, prudencia y perseverancia. Tampoco con las que se indican en la enfermedad de la diabetes: poliuria, polidipsia y polifagia. Ni con las características de todo conflicto: persona, proceso, problema. En secreto entre nosotros dos: todito copiado de Internet.
Cuando transitaba por aulas universitarias trabé conocimiento de tres profesiones no sujetas a horario fijo y que, asimismo, podrían englobarse en el presente capítulo: policías, periodistas y prostitutas.
Pero no van los tiros por tales derroteros. Intentaremos explicarlo. Para ello es conveniente consignar que hago alusión a PETA, pene y pollo.
PETA (People for the Ethical Treatment of Animals) es una organización (sin “ámbito” de lucro, que me espetó una vez cierto asesor) que vela por los derechos de los animales en el mundo. Se opone al consumo de productos de origen animal y propugna, por consiguiente, que seamos todos vegetarianos, con lo aburrido que debe ser eso.
A estos homeópatas (¿podemos denominarlos así?) no se les ha ocurrido mejor estribillo que sostener que el consumo de carne de pollo por parte de las embarazadas provoca que su futuro hijo tenga el pene mucho más pequeño. Un servidor desconoce la regla y métodos aplicados, a cuántos infantes se les ha realizado la medición y si existe tabla comparativa (tamaño del miembro, claro) con los nacidos de las que comen solamente lechugas, por ejemplo.
Puede que los sesudos analistas de la oenegé hayan copiado los pensamientos del gran tratadista boliviano Evo Morales. Aquellos encaminados a que el exceso de pollos, o pollas (después te lo explico), provocaba la terrible lacra de la homosexualidad. El macho es muy macho y no admite desviaciones. Iba a escribir otra cosa, te lo juro.
Como uno pertenece a otra generación, y los temores de carencias a cierta edad ya no tienen razón de ser, le he dicho a mi mujer que me ponga pollo todos los días. Y ella me contestó, con indisimulada sorna, que no eran conveniente las discriminaciones. Por lo que incluyó la polla. Que según el DRAE también es artículo comestible. A saber:
Polla, de pollo:
1. f. Gallina nueva, medianamente crecida, que no pone huevos o que hace poco tiempo que ha empezado a ponerlos.
Con sus variedades, verbigracia, polla de agua:
1. f. Ave gruiforme de plumaje negruzco en la parte superior, patas largas y verdes, y pico rojo y amarillo.
2. f. Ave gruiforme pequeña semejante a la focha o al rascón.
3. f. Ave gruiforme, de unos 25 cm de longitud desde la punta del pico hasta la extremidad de la cola y unos 50 de envergadura, con plumaje rojizo, verdoso en las partes superiores y ceniciento azulado en las inferiores.
Y en ello estoy, sin obsesionarme por las dimensiones y sin temor a travestismos tardíos. Comiendo lo que me venga en gana y sin distinciones por razones de sexo. En suma, que me peto (coloquialmente: agradar, complacer) cuando me siento a la mesa. Sobre todo cuando estoy de viaje con los viejitos.  El self-service es mi perdición. Se te van los ojos. ¿Y quién no prueba de todo un fisco?
Remitan a la PETA, como hice yo, para cierto sitio y mándense buenas jartadas, que estamos aquí cuatro días de prestado. Y si acatamos cuantas instrucciones nos señalan los entendidos de turno, a lo peor nos morimos de hambre. Así que mejor congraciarse con el estómago y si damos el traspiés, caigamos al menos con dignidad e iniciemos el viaje al otro barrio con la satisfacción del deber cumplido, con gozo y sin retortiños (versión canaria de mariposas en la tripa) de barriga. Llegado ese momento, tal vez, demos pena, pero pene va a ser que no. Total, para ese recorrido se te habrán cortocircuitado hasta los malos pensamientos.
Hasta mañana. Y aliméntense.