lunes, 11 de abril de 2016

Viajes culturales

Algunos viajes he realizado en las campañas del Imserso después de haber accedido al estado jubiloso. Todos ellos con la plataforma Mundo Senior. Que hasta ahora había monopolizado este importante sector de ocio para los de cierta edad. Pero el pastel era demasiado goloso y le salió un competidor, como ya hemos manifestado en anteriores ocasiones: Mundiplan. Y del litigio entablado entre ambos, esta temporada ha sido algo caótica. Aparte de tardía. Sobre todo en el lote adjudicado al último citado y más concretamente en el destino Islas Canarias. Se han sucedido los conflictos y las quejas de muchos viajeros ha sido portada en no pocos informativos. Parece ser, según me cuentan fuentes dignas de crédito, que Mundo Senior montó un programa paralelo para fastidiarle las plazas a su competidor. Los hoteles han disfrutado de buena ocupación, pero muchos grupos han sufrido desvíos y cambios que han provocado una mala imagen que ojalá no repercuta en ejercicios venideros.
En este año me correspondió un viaje cultural a Reus (Tarragona). Del 3 al 8 de abril. Días en que te dejé programadas mis apariciones en Pepillo y Juanillo. Para que no me echaras de menos. Como somos cinco en el clan familiar, bastante suerte tuvimos. Es el tercero que disfruto en esta modalidad. Los dos anteriores, a Peñafiel (Valladolid) y Toledo.
Soy consciente de que mi comentario de hoy en este blog puede no ser del agrado de alguno que pueda sentirse aludido. Pero creo ser portavoz del sentir de bastantes pensionistas con los que he tenido la oportunidad de intercambiar pareceres. Y, ya se sabe, las opiniones son libres.
Regresé desilusionado. Ha sido una experiencia triste. Porque para este tipo de actividades no todo el mundo está preparado. Y, cuidado, no me refiero a que yo exija un determinado nivel cultural para acceder a los mismos. Porque la inquietud para asimilar las explicaciones de los guías que nos acompañan en las visitas no viene prefijada por estudios ni universidades. Pero sí por un querer aprender, por ser capaces de captar bellezas y sumergirse en historias y facetas de un pasado cargado de aconteceres que bien merecen un respeto.
Y no resultó. Me tocó compartir vivencias con quienes solo piensan en comer, bailar y contar chistes cuanto más guarros mejor. Que protestan por los asuntos más nimios (se acabó el queso en el desayuno) y añoran bingos, piscinas, sol y playa. Que hacen caso omiso a las indicaciones en los lugares visitados y que arman tremendas escandaleras (nada te cuento de los manejos con los móviles) cuando en el Monasterio de Poblet, verbigracia y por razones obvias, la prudencia, el silencio y los buenos modales deben ser carta de presentación.
Que sí. Ni uno, ni dos, ni tres. De los cincuenta, unos bastantes. Lamentable. No puedo escribir lo contrario. La mentira no va conmigo. Y como Juan Manuel, quien fuera cura de Realejo Bajo y compañero del gremio docente en el IES Mencey Bencomo, también fue uno de los excursionistas, sabe que mis opiniones intentan ser lo más objetivas posible. Y más de una charla tuvimos en los días que transitamos tierras tarraconenses. Hasta de los fuegos hablamos.
Cuando quise hacer la IPS (Instrucción Premilitar Superior), para que el cuartel normal no me impidiera los estudios, debí someterme a unas pruebas físicas amén de unos exámenes teóricos a base de test que medían tus aptitudes para la  vida militar. Sería, entiendo, buena medida el que se llevaran a cabo pruebas semejantes para que el aspirante a viajero demostrara que se halla en condiciones de ‘soportar’ una experiencia diferente al destino denominado Costas e Islas. Y si no, al menos, una declaración jurada de que va a portarse bien. Y de no ser así, no vayas, carajo, y tira para otro sitio que tienes donde elegir y deja este puesto a quien sí es capaz de ‘sacrificarse’ por acumular experiencias y conocimientos; en suma, saber.
A estas alturas del artículo es probable que ya me hayan tildado de elitista, clasista y mil lindezas más. Pero el que no quiera entender que una semana de vacaciones en cualquier hotel tipo todo incluido, donde el llenar la tripa y pasarlo bien es el objetivo a satisfacer, nada tiene que ver con esta programación con la que el Imserso pretende que conozcamos culturas, que ampliemos horizontes, que abramos nuestros sentidos a otras realidades históricas, al arte. Y si por un casual te encuentras decaído en cualquier instante, disimula, échate a un lado, sal fuera, pero no armes otra charla paralela con la vecina de turno al máximo nivel de volumen.
Son aquellos que rematan la jugada con apostillas ridículas como las de creerse en posesión de toda la verdad y achacan a quien nos debe aguantar desde la llegada al aeropuerto hasta que vuelve a despegar el avión, las veinticuatro horas de cada día, con un ilustrativo “le falta rodaje”. A tu lado, por supuesto. Y no solo por razones de edad, que también. Mucho más por cuestiones de lengua. Que se afila con los años.
Por la presente temporada, uno. Y ya ven cómo me fue. Me entretendré por las islas maravillosas que tenemos en el archipiélago. ¿En la próxima? Ya se verá. No quisiera recurrir al argumento contundente de una de las protestonas por todo (oh, fíjate tú que se molestó porque no encontró un plátano de postre; no me digas tú que es para darle dos buenas nalgadas) cuando espetó un atractivo que se lo metan por…
¿Y qué quieres? Si no me fue bien, lo escribo y me desahogo un fisco. Una foto es del aludido Monasterio de Poblet. La otra, un cartel que me tropecé en Montblanc (preciosa población) y que se la dedico a los amantes de los fuegos de artificio de nuestro pueblo. ¿De dónde los veré este año?
Hasta mañana, mis estimados.