miércoles, 11 de mayo de 2016

No coja nervios

O me tomo los asuntos con más calma, menos a pecho, o voy a acabar mal. Lo de vivir la política –desde fuera– con mucho más ardor que aquellos miembros activos de la misma –o a lo peor son más pasivos que este jubilado– me conduce últimamente a situaciones no queridas. Y como no deseo condenar al ostracismo –todavía– a estos dos chiquillos que me acompañan en la aventura desde hace muchos años, tendré que procurar diversificar contenidos para que no sea la gestión pública –causa de penas y desdichas– la que marque la pauta en las entradas diarias en el blog. Algo, por cierto, que podrá alegrar a más de un lector que me ha indicado que escriba de otras temáticas. Pero uno, claro, se deja llevar por la rabiosa actualidad… Y así le va.
Ayer fui al médico. A la doctora de siempre en Tucán. Centro médico portuense al que uno acude cuando se atraviesa cualquier jaqueca. Que nos queda a mano, el aparcamiento no es demasiado complicado y las diversas consultas de los especialistas nos permiten evitar otros traslados a clínicas de mayor porte. A la capital, por ejemplo.
El aparato que observas en la ilustración tuvo la culpa. El que los Reyes Magos hayan regalado uno a mi mujer, supuso que un servidor se convirtiese en el usuario principal del tensiómetro. Y menos mal que lo probé, pienso, que si no lo mismo doy el tortazo como cuando antiguamente se moría la gente de repente o de algo que le venía reinando. Porque, a decir verdad, no sentía síntoma alguno. Debe ser que los cabreos internos no desembocaban en cefaleas ni mareos.
Me han incrementado la dosis de comprimidos porque siguen existiendo picos incontrolados. Vamos, que el marcador digital se disparata en determinados momentos de la jornada laboral (tal vez esté ahí el fallo del sistema). Y me pregunto reiteradamente qué necesidad tengo yo de berenjenales tales. Pero no puedo. La vagancia no fue capítulo que haya estudiado en los años de existencia. Y con la vejez no me ha llegado el gandulismo. Al contrario, me encanta la novelería. Soy un activista raro.
Aparte de hipertenso es usted muy nervioso, me indica con toda amabilidad la facultativa. Hablamos largo y tendido pero no encontramos antídoto para semejante enfermedad. Vacaciones tengo. Tiempo me sobra. Entretenimientos también. Aunque puede que me decante por aquellos aspectos que se me parezcan a los que uno mantenía en activo. Y deba cambiar de chip. Lo que supondría eliminar la lectura de la prensa. Darle cuatro martillazos a los televisores que tenemos en casa y viajar más aún. Adaptación que requiere una inyección monetaria que por ahora la Primitiva se niega a complacer. Y el ingreso mensual en la libreta de ahorros alcanza para el sistema que llevo en estos instantes. De lo que, por otra parte, no me quejo.
No coja nervios. Como si fuera tan fácil. Uno estuvo metido entre cuatro paredes y lidiando chicos durante unas abundantes temporadas. Y es probable que la tensión acumulada saliera disparada con cuatro chillidos a modo de desahogo. Ahora, con una casa grande y solos mi mujer y yo en ella, es probable que si doy un grito acudan los vecinos para comprobar si ocurre algo. Pues la zona es mucho más tranquila que el bullicio soportado en la zona comercial de Toscal-Longuera, lugar donde antes asentaba mis dominios.
Deberé salir más por la noche y podré cantar una dulce canción a la luz de la luna –tate quieto Raphael–; y al despertar ya mi vida sabrá algo que no conoce… Como mi pueblo presume de ser uno de los que más fiestas disfruta a lo largo del año, me compraré ropa de abrigo y haré lo que la juventud, es decir, cuando el resto de la humanidad se vaya a dormir con los angelitos, yo sacaré la moto –qué menos– y lo que te rondaré, morena.
Fíjate por el párrafo que voy ya y me acabo de enterar de que a Javier Abreu lo han dejado sin responsabilidad alguna en el ayuntamiento lagunero. Como si no fuera ello lo que estaba buscando y tener otra excusa para seguir armando los follones a los que está tan acostumbrado…
¿Otra vez? Pierdes el control y dentro de un rato estás abriendo un pozo en Las Gavias. Para que tus acciones de agua pierdan valor. Modérate. Eres hipertenso. De pastillas. Uno más del Imserso que bajará al comedor con la cajita de varios compartimentos para los diferentes colores.
Y eso que no veo televisado un partido de fútbol desde que el Madrid quedaba campeón. Chacho, cojo unos nervios. ¡Ah!, acabo de recibir una invitación de mi alcalde para que acuda a un acto con motivo de la celebración del 25º aniversario de Radio Realejos el próximo día 19, a las 19. Creo que no voy a ir. Falso no soy, ni tomo cápsulas para combatir tal enfermedad.
Acabo de leer un anuncio de cómo eliminar la calvicie en 17 minutos. ¿No me va a subir la tensión? ¿Lo otro? Espera sentado. O sentada, según.
Bueno, y mañana es jueves. Haré otro esfuercito. ¿Alcanzaremos las 2000?