jueves, 26 de mayo de 2016

Tufillo electoral

Así ha calificado Fernando Clavijo, en el transcurso de la última sesión plenaria del Parlamento, el anuncio de la ministra de Fomento, Ana María Pastor Julián, de implantar una tarifa plana aérea en Baleares. Y lo manifiesta unos días después de haberse entrevistado con ella en Madrid. De haber sido yo diputado, a buen seguro que le habría preguntado a qué demonios se trasladó a la Villa y Corte. Porque si no acudió, como presidente de esta Comunidad, a demandar para estas islas idéntico trato, tendríamos que dar por ciertos los comentarios de que pasean demasiado y hacen o gestionan más bien poco.
Como después de tanta palabrería se han percatado de que la adopción de tal medida debe pasar por los dictados de Bruselas (allá en la Europa), y tras las reiteradas intervenciones, con elevadas dosis de dudas, desde diferentes sectores sociales de estas islas, se nos ha encendido la bombilla (tipo led, por lo del ahorro) y hemos comenzado a oler en modo preelectoral. Vaya descubrimiento.
El señor Clavijo, que también ocupa alto cargo en el organigrama de Coalición Canaria, bien haría en echar una visual a lo que tiene a su alrededor antes de lanzar misiles de tal calibre. Pero como disfruta de la laxitud (en autóctono, flojera) de su socio gubernamental (PSOE) y del principal grupo opositor (PP), más pendiente del manual de instrucciones madrileño que de solventar asuntos más cercanos, se permite el lujo de entonar una isa parrandera aderezada con tintes melodramáticos (malagueña) como si estuviese dando un golpe sobre la mesa (folía, zurra, tunda, paliza).
Abundo, permítanme el inciso, en el dilema popular con la foto publicada hace unos días con la plana mayor de las Nuevas Generaciones del sector occidental, símil de la bonanza partidaria, cuando en el ámbito oriental se intenta pasar página al desplante de los jóvenes retratados en la playa de Las Canteras, quienes exigen que los de siempre no taponen las puertas de entrada. Y Alarcó, de campaña pancreática. Chiquita jeta neurocirujana.
Cuando Fernando alude al aroma de la carne de cochino asada en los paseos romeros de cientos de fiestas que presumen de tipismo y tradiciones, perdón, mil excusas, en qué estaría yo pensando, en el tufo a promesas para incumplir, debería llamar a don Santiago Negrín (tenía este periodista de título ciertas dosis de ilusión en que echara a caminar con fundamento ese ente denominado Radiotelevisión Canaria) para felicitarlo por conceder notable protagonismo a doña Ana Oramas en la última entrega del programa Noveleros. No se notó nada la humacera, o jumacera (en fino, humareda). ¿A qué espera el PSOE que no exige idéntico trato para con alguno de sus candidatos? Aunque no guarde relación con la temática de hoy, cuánto me gustaría tener una charla con el señor director del consejo rector de RTVC. Para hablar, por ejemplo, de despilfarros noveleros (también de personal), indigestiones informativas, exaltación de lo nuestro con muestras ridículas, soeces y chabacanas de la lengua canaria… Y solicita otros seis millones de euros. ¿Para qué?
Como el 26 de junio está a la vuelta de la esquina y nos tememos que lo de la tarifa plana no cuadre porque antes de las concesiones se deban pagar las deudas (eso nos espetarán los superiores jerárquicos europeos), vamos en busca del atajo: incrementar el porcentaje de bonificación en el transporte de los residentes canarios. Del 50% actual al 75%. Aunque Casimiro, en un cuádruple salto mortal atrás desde el alto del Roque de Agando, reclama el 100%. Y yo me iré a vivir a Los Chejelipes para vivir subvencionado. O subsidiado. ¿A qué estarán esperando los habitantes de La Graciosa para pedir una vía rápida entre Caleta de Sebo y Pedro Barba, un tren de alta velocidad para ir a  la playa de Las Conchas y un teleférico para subir a echarse el cortado en el Mirador del Río? Como si el dinero, cual maná bíblico, cayera de la higuera en la que hicieron el nido estos políticos eternos que nos toman por imbéciles redomados. Que acudiremos a votar en este nuevo gasto (que deberemos pagar tú y yo) y seremos tan guanajos que permitiremos que los mismos nos sigan tomando el pelo al derecho y al revés, al tiempo que nos sisan la cartera… y viva la unión de las izquierdas. Y los adelantamientos.
Ayer estuve leyendo un artículo acerca del síndrome de hubris, un trastorno paranoide por el que los nobles propósitos se cambian por un ego desproporcionado y una arrogancia intolerable. Y de cómo el poder absoluto conduce a una corrupción desmedida. Al tiempo, debe ser lo que llaman asociación de ideas, me venían a la mente ciertas conductas políticas. Como algunas relacionados con quienes ocupan cargo público desde hace muchísimo. Y me acordé del caso de El Trompo, en el Polígono de San Jerónimo. En el que los posibles acuerdos entre el fiscal y los abogados defensores van a posibilitar las privación de cárcel por parte de los acusados y como le sigamos buscando recovecos vamos a terminar por echarle la culpa a los denunciantes.
En fin, un tufillo electoral apenas.