martes, 17 de mayo de 2016

Un paseo costero

Este pasado sábado me fui a dar un paseo por el sendero de la costa. Por la zona de las Románticas. Llevé lápiz y papel. Y mientras sorteaba las heces que, por culpa de ciertos animales bípedos, nos han ido dejado otros de cuatro patas, tuve tiempo de ir dándole al coco. La brisa del mar y el calorcito de la mañana pusieron el resto.
Como por el lugar no hay alumbrado led, sugiero al ayuntamiento que se den un garbeo de vez en cuando. Una rehabilitación es urgente. No sé si procedería la ubicación de recipientes para excrementos o cualquier otra medida, pero guarro sí que está.
Junto a este motivo, me vinieron a la mente las pomposas declaraciones del alcalde realejero acerca del cumplimiento de las medidas para evitar la contaminación lumínica (mi calle es digno ejemplo de no enturbiar la tranquilidad de las estrellas), el levantamiento del sumario en la Trama Púnica y, cómo no, el feliz enlace matrimonial de Alberto y Pablo, unión que ha engendrado un precioso vástago de nombre Unidos podemos.
Ahí van:
El secreto del sumario
nos ha sido levantado;
¡uy!, qué nervios me han entrado,
se avecina buen calvario.
Seguro que el adversario,
dijo Rajoy con asombro,
me pedirá el desescombro
de semejante inmundicia
que tenemos por franquicia,
y todo manga por hombro.
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Unidos podemos, tío,
díjole Alberto en sus brazos,
seguiré siempre tus pasos
aunque me meta en un lío.
Esto será como un río
de agua muy turbulenta,
que de no salir la cuenta
ya habré cavado mi fosa,
y signarán en mi losa
mil desaires por la venta.
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Mi calle cumple con creces
los criterios de Manolo
de alumbrar con led tan solo,
aparte de otras memeces.
Son demasiadas las veces
de total oscuridad,
y lo digo sin maldad:
No vendas anticipado
lo que no ha finiquitado
salvo en tu mente, ¿verdad?
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Este sábado salió
a caminar por la costa,
y aunque no lo hizo aposta
una décima surgió.
La madre que lo parió
al que vino con su perro
y dejó, el muy gamberro,
la cagada en el camino;
ojalá que al muy gorrino
le hagan pagar su yerro.
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Estoy harto de excrementos
de tanto dueño perruno,
pues no creen oportuno
recoger sus alimentos.
Montoncitos ves a cientos
por veredas y rincones
y en más de las ocasiones,
cuando pisas tal regalo,
sobre todo si está ralo,
brotan raudo maldiciones.

Y esto es todo, amigos. Mañana nos volvemos a encontrar. Si ustedes a bien lo tienen. Y sáquenle chispa a la vida.