viernes, 15 de julio de 2016

El gordo

No es serpiente de verano. No se recurre a hinchar el perro como cuando, tiempo atrás, había que ‘inflar’ los escuetos comunicados de agencia en las redacciones durante los estíos tan secos en noticias. No, es la triste realidad. Ya están aquí los décimos salvadores. Los que nos sacarán de esta incertidumbre económica. ¿Y quién lo desprecia? ¿Y si cae?
Ya que la lotería de Navidad se reparte por los 10.800 establecimientos habilitados al efecto (más los vendedores ambulantes, más las asociaciones de vecinos, más los grupos folclóricos, más las comisiones de fiestas, más los equipos de fútbol o cualquier otro deporte, más los claustros y asociaciones de madres y padres de todos los centros docentes públicos, privados y concertados de España y otras partes del universo –incluido Júpiter, ya que Juno llevó unas cuantas hojas–, más las hermandades y cofradías, más los viejos del Imserso, más, más y muchos más) para general regocijo de Hacienda, brindemos efusivamente por la suerte –esta vez sí– y aprovechemos la ocasión para enviar nuestras más sinceras felicitaciones a los seguidores de este blog, al tiempo que desearles un venturoso 2017. Porque tengo la corazonada de que este 22 de diciembre, ahí a la vuelta de la esquina, el gordo caerá en Los Realejos. Google aún no me ha fijado el lugar exacto, pero estoy en ello. No se preocupen, no soy ambicioso. Compartiré la información.
Este año repartiremos 2.240 millones de euros en premios. Eso en la teoría, que siempre se devuelven muchos de los salen luego en el bombo de la fortuna, el chiquito. Con lo que las arcas públicas sufrirán una importante inyección. Y como para este final de año ya la hucha de las pensiones se hallará con la luz de reserva encendida, espero que Montoro –que seguirá al frente de los cochinitos de oro– habrá previsto los trasvases justos y necesarios. Porque él sabe, y Mariano también, que los viejitos votamos todos por el PP, nos da terrible miedo los cambios y odiamos a los jóvenes, máxime si tienen coleta.
El año pasado, eso dicen las estadísticas, hubo un gasto medio per cápita de 55,42 euros. Destacando sobremanera el desembolso de los sorianos que se dispararon hasta los 207,12. Son los de Soria de allá. Que el de aquí sigue a la falta de acomodo. Le ofrecieron algo en Estados Unidos, pero él prefiere algún país nórdico. No va a desperdiciar la caña.
Y aquí comienza este iletrado a hacer cuentas. Porque entiendo que los menores (pongamos catorce o quince) no jugarán. Yo tampoco. Y si preguntamos por ahí nos llevamos tantas sorpresas como cuando intentas averiguar quiénes votaron al Partido Popular. Por lo que esos valores medios aludidos son más falsos que el otro cálculo de los pollos que nos comemos. Dos por cabeza, por ejemplo, si en realidad alguien se mandó cuatro y otro no vio ni un hueso del muslo.
Ya te he contado que cuando fui componente de la Agrupación Folclórica de Higa había que vender décimos a mansalva. Y ello entraña el peligro evidente de que más tarde o más temprano vas a tropezar con otros ‘vendedores’. Y, como mínimo, te propone el consabido intercambio. Echas cuentas y te percatas de que en una mano tienes el dinero que debes entregar y en la otra notas un importante agujero en forma de deudas por los que te han endilgado en los trueques pertinentes. La alegría que sentí en las navidades posteriores a mi marcha del grupo, ni te la imaginas.
A partir de ahí me corresponde comprar un décimo. Mis amigos y compañeros maestros Pancho, Ángel y Lali hacen lo mismo. Con lo que cada 22 de diciembre comprobamos si salió al menos el reintegro para raudos y prestos ir a echarnos el vaso de vino con el correspondiente condumio. Eso de dejarlo para que se lo zampe el Niño, pues no. Las tentaciones son malas consejeras.
Aprovechen, pues, y no lo dejen todo para última hora. Que en septiembre tenemos los gastos de comienzo del curso. Y luego debemos ir perfilando los regalos de Reyes. Advertidos quedan. Porque ¿y si el gordo cae en tu lugar de vacaciones?
Disfruten este fin de semana. Fiestas tenemos en este Valle a porrillo. Sean felices.